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¡Llegan las vacaciones!‏

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Parece que fue ayer cuando nuestros hijos entraban por la puerta del colegio para saludar a un nuevo curso y ayer mismo acabaron el colegio. No, no ha pasado un día, han pasado nueve meses y eso significa, para los niños, que llegan las vacaciones.

Vacaciones, esa palabra que muchos padres temen, como en la viñeta de Faro, precisamente, porque tienen que hacerse cargo de sus hijos. Bueno, hacerse cargo de un modo relativo, porque la mayoría pasarán más de la mitad de sus vacaciones con los abuelos o en casales o campamentos de verano.

Los niños, al igual que los adultos, tienen ilusión por la llegada de las vacaciones, no por huir del colegio, ya que a muchos les gusta (a otros probablemente no), como huimos nosotros de nuestro trabajo y del mundanal ruido, sino porque podrán realizar actividades diferentes y, sobretodo, porque podrán pasar más tiempo con nosotros, los padres.

Sin embargo muchos padres se sienten atemorizados, ya digo, como los de la viñeta, porque no están acostumbrados a vivir la rutina del día a día con sus hijos, porque se sienten distantes en muchos aspectos y porque no acaban de encontrar el punto de nexo y comunicación que hace que una relación fluya tanto por parte de unos como por parte de otros.

Con esto me refiero a aquellos padres y madres (conozco a algunos), que tienden a buscar “quehaceres” y responsabilidades, casi para no tener que afrontar que la paternidad se les escapa. Por poner algunos ejemplo, conozco a una doctora que se pasa la semana trabajando en dos hospitales y haciendo guardias y que adora a sus hijos, a pesar de que alguna vez ha confesado que no se ve capaz de pasar demasiado tiempo con ellos, o un amigo que pasa el día en el trabajo y que casi se va el último, como esperando que, al llegar a casa, su niña esté ya dormida.

Quizás estos casos son extremos, quizás no. En cualquier caso, es habitual oír (cada año lo escucho yo mismo) a madres expresar el “qué ganas tengo de que empiecen el colegio”. Frase poco afortunada que suele verbalizarse en presencia de los hijos. Incluso es habitual también ver a padres planear vacaciones sin sus hijos, como si además de huir de la responsabilidad del trabajo y de la casa tuvieran que huir de su responsabilidad como padres.

Yo he titulado esta entrada “¡Llegan las vacaciones!” porque me encanta poder estar con mis hijos y disfrutar con ellos de lo bueno, que hay mucho, y de lo menos bueno, que también hay mucho, pero que es lo que me toca por haber decidido ser padre. Bien visto es eso, precisamente, lo que motiva a ser mejor padre y mejor persona.

Esperemos (espero) que los niños este año puedan cumplir su sueño de pasar el verano con sus padres, que no tengan que escuchar frases de rechazo como la arriba comentada y que el roce con sus padres, ese que no han podido tener apenas durante el año, hagan el cariño, ese que ha tenido que suplirse por besos en la frente cuando el niño duerme y con regalos materiales.

Imagen | Faro
En Bebés y más | Vacaciones ¿con niños o sin ellos?, Vacaciones de verano infantiles, los campamentos son una buena opción, Educar con respeto (I)

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