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La historia tras la resonancia magnética que mostró a una madre durmiendo a su bebé

La historia tras la resonancia magnética que mostró a una madre durmiendo a su bebé
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Quizás ya hayáis visto esta imagen antes. Quizás la imagen no, pero sí el gesto. Una madre dando un beso a su pequeño mientras lo acompaña en ese mágico instante en el que se va dejando ir, preso del sueño y el descanso.

El bebé se duerme mientras ella posa sus labios sobre su frente porque siente la necesidad de darle un beso, de oler su cabecita y sentir su calorcito en su boca.

Y es probable que no lo hayáis visto nunca de esta manera, en una imagen instantánea que, escondiendo mucho, muestra tanto. No sabemos quiénes son al verlos, no podemos reconocer más que sus siluetas, pero sí vemos su interior, y sí vemos el amor, en una imagen que quizás os genere esta duda: ¿cuál es la historia detrás de esta resonancia magnética?

Varios minutos para conseguir este momento

Rebecca Saxe y Atsushi Takahashi son dos investigadores del Departamento del Cerebro y Ciencias Cognitivas del MIT. Según explica Rebecca en Smithsonian, son necesarios varios minutos para conseguir esta imagen, porque un leve movimiento puede hacer que se vean zonas borrosas y que entonces no se consiga ver lo que se busca.

¿Y cómo conseguir que un bebé esté tranquilo dentro de un aparato de resonancia? Porque se trata de un escáner que pita, que vibra, con poco espacio, y en el que los sujetos tienen que estar quietos; y los bebés odian estar inmovilizados.

La madre. La respuesta es la madre. Su presencia, su abrazo, fue lo que el bebé necesitó para dejar de llorar, calmarse, poder estar dentro del aparato y finalmente dejarse llevar, dormirse, y hacer que ese momento tan mágico y universal quedara para la posteridad como nunca había sucedido antes: el amor de una madre hacia su hijo, y viceversa, en una resonancia magnética.

Ella es Rebecca

El secreto es este: la madre es ella. Ella es Rebecca. Trabaja en el laboratorio del MIT y utiliza las resonancias magnéticas, junto a su equipo, para estudiar la función y el desarrollo del cerebro.

Allí, hacen resonancias a niños de diferentes edades mientras les leen historias con diferentes tramas, y así van descubriendo cómo se comporta el cerebro según sea el pasaje de la historia que están escuchando. Con estos experimentos están descubriendo cómo piensan los niños acerca de los pensamientos de otras personas, los personajes que protagonizan esas historias.

Un día pensó que nadie antes había hecho algo así. Nadie antes había salido con su bebé en brazos en una resonancia. Nadie había inmortalizado jamás el amor de ese modo, y decidió que lo haría con su pequeño.

Se adaptó la máquina para que pudieran entrar los dos, y permanecer juntos, y aunque en un primer momento el pequeño dijo que no quería estar ahí, el estar con mamá sirvió para que pronto se calmara y acabara por dormirse.

¿Qué veis en la imagen?

Y aquí está la gracia, que cada persona ve algo diferente al observarla. Unos verán la parte más científica, las diferencias entre los cerebros de una persona adulta y madura y de un bebé cuyo desarrollo está aún por llegar; otros se quedarán con el gesto universal de amor de una madre y su bebé, aparentemente anónimos.

Y luego está lo que sugiera Rebecca, la madre, que asegura ver una imagen antigua hecha nueva. Una madre y su niño en un poderoso símbolo de amor e inocencia, belleza y fertilidad, que se entremezcla con valores que también le son propios, por ser científica, pero que en la sociedad parecen estar contrapuestos: investigación e intelecto, progreso y poder.

Y a vosotros, ¿qué os sugiere?

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