Cómo educar a los niños para promover la admiración en los demás y no la envidia

Cómo educar a los niños para promover la admiración en los demás y no la envidia
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Educar a los niños es una de las tareas más complejas que como padres o madres, o cuidadores, podemos llegar a tener. Y es que se trata de un asunto muy complejo que abarca muchísimas aristas a las cuales hay que prestarles su debida atención.

Pero, pese a ello, educar a los más pequeños es una labor sin duda alguna llena de momentos hermosos.

Y aunque en ocasiones nos pueda parecer un tanto difícil, hay algunos consejos que nos pueden ser de utilidad para criar a niños que se conviertan en adultos respetuosos, responsables y felices.

En este artículo abordaremos la cuestión de cómo educar a nuestros hijos para promover la admiración y no la envidia en los demás.

“La envidia sana no existe: lamentablemente, toda envidia causa un malestar y es un perjuicio para lograr nuestros propósitos”.
-Jonathan García-Allen-

La envidia, una emoción universal

La envidia es un sentimiento muy común en el ser humano y, por extensión, en los niños, más aún en sus primeros años de vida. Se presenta cuando los demás ‘tienen algo que yo no tengo’; puede ser a nivel material, como un juguete, o social, refiriéndonos a las relaciones interpersonales o a ciertas habilidades.

En los niños más pequeños esto se evidencia con berrinches o pataletas, y no se trata de que el niño sea un maleducado. Simplemente es que no cuenta aún con las estrategias de regulación de sus emociones.

Y esto no quiere decir que debamos dejarlo pasar como si nada, sino que debemos darle las herramientas necesarias para expresarse asertivamente.

La envidia es una admiración mal canalizada.
-Mónica González-

¿Qué podemos hacer?

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Educar a los niños para promover la admiración en los demás y no la envidia requiere prestar atención a sus conductas y demandas, a la par de tener coherencia entre lo que queremos, pensamos, decimos y hacemos.

A continuación te presentamos algunos consejos que te pueden ser de utilidad para criar a niños que admiren y no envidien.

Fortalecer su autoestima

Un niño que se siente seguro de sí mismo y que se sabe amado por sus padres y/o cuidadores, sabrá comprender que los demás pueden ser diferentes y que eso está bien.  Por esto es importante no solo la autoestima, sino también el autoconocimiento.

Saber que hay cosas en las que se es bueno (conocer sus fortalezas) y otras que le pueden costar un poco más, pero que no hay nada de malo con eso. Todos somos diferentes y especiales a nuestra propia manera.

No comparar

Uno de los errores más frecuentes que cometen muchas familias, e incluso algunos maestros, es el comparar de manera constante a los niños unos con otros. Esto no sirve para absolutamente nada bueno, incluso si nuestra intención es incentivar al niño a ser mejor.

Con esta conducta logramos el efecto contrario; al comparar a los niños, no les hacemos un bien, los hacemos sentir inseguros e incluso pueden dudar de si el cariño que reciben seguirá siendo igual si no pueden mejorar. Esto es un atentado directo a su autoestima.

Si haces esto, por favor corrígelo y evita volver a hacerlo. No tienes porque sentirte mal, todos los padres van aprendiendo junto con sus hijos. Es solo cuestión de saber que no es bueno y dejar de hacerlo para ayudar a que nuestros hijos crezcan sanos, seguros y felices.

Enseñar a través del ejemplo

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Nuestros niños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos. Si queremos que no actúen con envidia, es importante que nosotros mismos no seamos envidiosos.

La coherencia es pues, fundamental dentro de los procesos de crianza. Es importante que evites hacer comentarios de los demás que no sean agradables o positivos, y mucho más frente a los niños.

Es recomendable incluso dejar de hacerlos hasta en privado, pues no aportan nada bueno para tu vida. Y sobre todo, ¡actúa a través del refuerzo positivo! Esto les servirá de modelo de conducta a tus hijos y, además, reforzará su autoestima.

Prestar atención y observar

Parece algo obvio, pero es importantísimo prestar atención a lo que los niños dicen; y no nos referimos solamente a aquello que verbalizan.

Las conductas hablan del mundo emocional interno de los más pequeños, quienes, cuando no saben cómo poner en palabras lo que sienten, lo expresan con comportamientos muchas veces negativos.

Cuando un niño actúa con envidia, lejos de molestarnos, lo que debemos hacer es observar qué pasa con él.

Es la oportunidad perfecta para evaluar cómo está su autoestima y para ayudarlo a fortalecerla y a conocerse mejor. Además, a través de estas acciones, llegaremos a la causa de esas envidias; ¿la manifiesta porque se siente inseguro? ¿Negativo? ¿Triste?

“Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos”.
-François de La Rochefoucauld-

Enseñarles a transformar esa envidia... en inspiración

Como decíamos anteriormente, la envidia, aunque es una emoción universal y natural, y debemos validarla, también es importante que sepamos que se trata, en realidad, de una admiración "mal canalizada", que también puede servir como motor o fuente de inspiración.

Por ello debemos acompañar a nuestros hijos a que se hagan preguntas para que puedan reformular ese sentimiento.

Por ejemplo, si afirman que les gusta mucho algo de alguien, les podemos preguntar: ¿por qué te gusta tanto eso de esta persona? ¿Hay algo de eso que te gustaría para ti? ¿Por qué?

¿Qué te inspira ello? Lógicamente, adaptando nuestro lenguaje a su edad; el objetivo es que entiendan que eso que sienten puede ser utilizado como una energía para mejorar, motivarse y aprender.

No es tarea sencilla... pero confía en ti

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Educar a los niños no es un trabajo sencillo. Sabemos que estás haciendo tu mejor esfuerzo, y eso es algo que hay que reconocer.

Buscar estrategias para ser mejores padres, maestros, cuidadores, etc., es un indicativo de que vas por buen camino y de que cada día te conviertes en una mejor versión de ti mismo.

Confía en tus instintos y en tu criterio, no te recrimines tanto y sé coherente con tus emociones, pensamientos y conductas. Recuerda que eres el ejemplo a seguir de tus niños y que si te equivocas en el camino, no pasa nada.

Igual que la envidia es una emoción humana y universal, nuestras conductas también lo son, y por eso no somos, ni tenemos que ser, perfectos. Reconoce tus acciones, aprende de ellas y mejora. ¡Lo estás haciendo bien!

Fotos | Pexels

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