El juego de imitación en la infancia: cómo "jugar a ser otro" estimula la imaginación y desarrollo del niño

El juego de imitación en la infancia: cómo "jugar a ser otro" estimula la imaginación y desarrollo del niño
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El juego simbólico o juego de imitación es uno de los tipos de juego desarrollado en la infancia más importante y con el que más aprenden los niños. Se basa en la puesta en práctica de lo que observan a su alrededor, incluida la interacción entre las personas.

A través de este tipo de juego los niños van adquiriendo las normas sociales del mundo en el que viven, al tiempo que interpretan otros roles, favorecen la consolidación de sus representaciones mentales y desarrollan sus propias capacidades.

Te explicamos a partir de qué edad se desarrolla el juego de imitación y por qué es fundamental en la infancia.

¿Cómo y cuándo se desarrolla el juego de imitación o simbólico?

juego de imitación

El juego de imitación, también llamado juego simbólico, de ficción o imaginativo, es el segundo tipo de juego que aparece en el desarrollo del niño, por detrás del juego funcional.

Mientras que este último aparece en los primeros meses de vida del bebé, el juego de imitación suele aparecer durante el segundo año.


El juego de imitación se caracteriza por utilizar un abundante simbolismo. Así, el niño produce escenas de la vida real y las modifica según sus necesidades o intereses.

En este tipo de juego, los símbolos adquieren su significado en la propia actividad; por ejemplo, los trozos de papel pueden convertirse en billetes, un plátano puede convertirse en un teléfono, una caja de cartón en una casa, etc.

Cuando el niño practica el juego simbólico, convierte a muchos de sus juguetes en un apoyo para la realización del propio juego.

En el juego simbólico el niño ejercita los papeles sociales de las actividades que le rodean; por ejemplo, juega a ser médico, profesor, cocinero, dependiente... Lo que está haciendo en realidad, a través del juego, es someter la realidad a sus deseos y necesidades.


Beneficios del juego de imitación en los niños

Los beneficios del juego simbólico se observan en todos los planos del desarrollo infantil, ya que estimula el desarrollo físico, psíquico, afectivo y social de los niños.

Lo analizamos en detalle:

Desarrollo físico

juego de imitación

A través del juego y la manipulación de juguetes, los niños desarrollan sus capacidades motoras, tanto la motricidad gruesa como la fina.

La primera hace referencia al uso hábil del cuerpo en su conjunto así como a la coordinación, mientras que la motricidad fina permite realizar movimientos mucho más precisos de las manos, los dedos o las muñecas, gracias a la coordinación de huesos, músculos, nervios y tendones. Igualmente, la motricidad fina también permite el trabajo de la lengua, los labios, los dedos de los pies y los pies.

Desarrollo psíquico

juego de imitación

El juego de imitación libre y no dirigido (como debería ser siempre el juego en la infancia) potencia en los niños la confianza en sí mismos, su autoestima y autonomía, pues pueden convertirse en quienes ellos desean, sin imposiciones, etiquetas ni roles de género.

Además, mientras juegan a ser otros, aprenden a estructurar su pensamiento y a comprender y asimilar el entorno que les rodea.

Desarrollo afectivo

El juego simbólico permite a los niños la expresión de sus propios sentimientos, miedos y emociones. Además, al tiempo que imitan a otras personas, también son capaces de fingir diferentes estados anímicos, dando cada vez un sentido distinto al juego (ahora estoy triste, ahora estoy cansada, ahora estoy enfadada, ahora me asusto, ahora tengo dolor y quiero que el doctor me dé jarabe…)

Desarrollo social

juego de imitación

Los beneficios del juego de imitación en el desarrollo social del niño son especialmente notorios, pues ensayar diferentes roles y representar escenas que observan en su vida cotidiana favorece múltiples aspectos:

- Adquieren conocimientos útiles para su vida diaria.

- Les ayuda a comprender el entorno que les rodea y el funcionamiento de las cosas.

- Aprenden y mejoran las conductas sociales, poniendo en práctica las actitudes que observan de los adultos en su día a día.

- Al interpretar diferentes roles, los niños practican habilidades sociales básicas, tanto si juegan con otros niños como si lo hacen en solitario. Algunas de estas habilidades son la empatía, la asertividad, la comunicación, la escucha activa, el trabajo en equipo o la resolución de conflictos.

- Mención especial merece el tema del lenguaje, pues tanto si juegan solos como en compañía, los niños no dejan de verbalizar continuamente lo que hacen, favoreciendo su desarrollo lingüístico y la adquisición de nuevo vocabulario.

En definitiva, el juego simbólico o de imitación aporta innumerables beneficios al desarrollo integral del niño, al tiempo que potencia su creatividad, curiosidad e imaginación, requisitos imprescindibles para el buen aprendizaje.

Cómo potenciar el juego de imitación

juego de imitación

Como mencionábamos en el primer punto, los símbolos son muy importante en el desarrollo de este tipo de juego, aunque no es necesario disponer de sofisticados juguetes para meterse en el papel de otro.

Objetos cotidianos como unos zapatos de papá, una prenda de ropa de mamá, un disfraz hecho con un trozo de tela o unos cuantos accesorios de cocina, son suficientes para favorecer la imaginación sin límites de los niños.

Por supuesto, los juguetes físicos seguirán estando entre sus entretenimientos favoritos. Así, las muñecas, casitas, cocinitas, supermercados, maletines de herramientas... se convierten en juguetes maravillosos para potenciar este tipo de juego.

No obstante, a partir de los dos años muchos niños empiezan a ser capaces de imaginar que comen de un plato de comida imaginario, que acunan a un bebé imaginario, que entran a una casita imaginaria, que vuelan en su nave espacial... ¡Su imaginación simbólica resulta asombrosa!

Dadas las características que presenta el desarrollo social del niño en esta edad, es probable que al principio el juego simbólico se practique en solitario o en paralelo con otros niños. Pero aproximadamente a partir de los tres años los peques comenzarán a disfrutar jugando con otros, repartiéndose los papeles o roles y enriqueciéndose de los beneficios del juego en compañía.

Recordamos también que los padres somos siempre el mejor juguete para nuestros hijos, y jugar con ellos a "ser otros" es una bonita manera de disfrutar juntos y animarles a que se conviertan en quienes quieran ser.

Fotos | Portada, 1, 2 y 3 (iStock), Foto 4 (Pexels - Mikhail Nilov); Foto 5 (Tatiana Syrikova en Pexels)

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