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Golpes en la boca: qué hacer si tu hijo sufre este aparatoso accidente tan habitual en la infancia

Golpes en la boca: qué hacer si tu hijo sufre este aparatoso accidente tan habitual en la infancia
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Los golpes en la boca son uno de los percances más habituales en la infancia, especialmente entre los niños que están empezando a caminar. Este tipo de accidentes resultan especialmente aparatosos, pues los labios, las encías o la lengua sangran de manera abundante y se inflaman con facilidad, por lo que conviene saber cómo actuar para cortar la hemorragia.

Si tu hijo se cae o se golpea en la boca, te contamos qué debes tener en cuenta a la hora de atenderle y cuándo es necesario consultar con un pediatra.

En primer lugar, mantén la calma

herida

Sabemos que es fácil decirlo, pero tremendamente difícil ponerlo en práctica cuando oímos llorar a nuestro hijo y la escena se acompaña, además, de abundante sangre. Como decíamos al inicio, la zona de la boca es especialmente sensible y vascularizada, y tiende a sangrar con gran facilidad de manera aparatosa.

Puesto que el niño estará especialmente asustado al ver sangre, nosotros tendremos que procurar mantener la calma, ya que si nos dirigimos a él con nervios, angustia y miedo solo estaremos empeorando la situación.

Por tanto, ante esta escena respira hondo, arrodíllate a su altura y trata de averiguar mediante un examen visual qué zona de la boca es la que se ha visto afectada. Lo más frecuente es que las lesiones se produzcan por golpes o mordiscos accidentales, y afecten a los dientes (especialmente a los incisivos superiores), los labios, el frenillo labial superior, la lengua o los carrillos.

Cómo actuar ante un golpe en la boca

  • Si en el momento de la caída o golpe el niño estuviera comiendo algún caramelo o chicle, debe tirarlo de inmediato.

  • Antes de atenderle, lávate bien las manos con agua y jabón o utiliza guantes higiénicos, pues la herida podría infectarse si la tocamos o metemos los dedos sucios en su boca.

  • Pide al niño que se enjuague la boca con agua para tener una idea más clara del alcance de la herida. Si hubiera restos de tierra o polvo por haber caído contra el suelo, procura que el chorro de agua arrastre la suciedad.

  • El niño debe estar en posición erguida mientras le atendemos, para evitar que se atragante con la sangre.

  • Presiona la herida con una gasa o un paño limpio durante al menos 15-20 minutos. Evita la tentación de levantar la gasa para ver si la hemorragia ha cesado, y no dejes de ejercer presión sobre ella. Si la gasa se empapa, cámbiala por otra nueva sin dejar de presionar. Transcurrido este tiempo, levanta la gasa y comprueba si la herida sigue sangrando.

  • Tras una presión constante durante 15 minutos, la hemorragia debería ser ya menos aparatosa, aunque es probable que la herida todavía siga sangrando. En ese caso, cambia la gasa y repite el mismo procedimiento por otros 15-20 minutos más, hasta un total de tres o cuatro veces. Salvo que la herida sea profunda y requiera de atención médica, lo normal es que vaya dejando de sangrar de forma paulatina.

  • Cuando la herida haya dejado de sangrar no manipules la zona, y pide al niño que esté tranquilo durante un buen rato, evitando hablar, bostezar, comer o hacer ejercicio físico hasta asegurarse de que la hemorragia ha cesado por completo.

  • Si no se ha producido sangre, o la herida ya ha dejado de sangrar, es recomendable aplicar hielo envuelto en un paño fino para evitar hinchazón -especialmente si el golpe ha sido en el labio- y aliviar el dolor.

Cuándo acudir a urgencias o consultar con el médico

  • Si una vez que el niño se haya enjuagado la boca comprobamos que la herida es profunda, el corte tiene bordes irregulares, se ha golpeado contra un objeto punzante, oxidado o sucio, o tiene restos incrustados que no se van con agua, debemos llevarle de inmediato a un hospital.

  • También debe ser valorado en urgencias si tras la aplicación de los primeros auxilios la herida continua sangrando de forma abundante.

  • Si transcurridos unos días el niño comienza con fiebre o la herida muestra signos de infección, debemos llevarle al pediatra para que lo valore.

  • En caso de que el golpe o la caída haya provocado la rotura total o parcial de un diente, los expertos aconsejan coger la pieza rota por la corona (nunca por la raíz), guardarla en un recipiente con saliva, suero fisiológico o leche y acudir a un servicio de urgencia odontológico. El especialista valorará si merece la pena implantar el diente o no, en función de cómo se haya roto y si se trata de un diente de leche o permanente.

En ocasiones, la caída no provoca la rotura del diente pero sí la muerte del nervio (necrosis popular). La necrosis pulpar no se aprecia en el momento del golpe, sino que puede tardar meses en dar la cara, ya que el diente no experimenta cambios visibles de forma rápida.

Sin embargo, con el paso del tiempo irá adquiriendo otra coloración que puede ser desde amarillo, hasta gris o violeta. Si la muerte del nervio se ha producido en un diente de leche, simplemente tendremos que esperar a que se caiga. Pero si tiene lugar en un diente permanente debemos consultarlo con un odontopediatra, pues en este caso el problema deja de ser exclusivamente estético y puede acarrear otras consecuencias.

Vía | Healthy Children

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