Es una escena que se repite en muchas familias o grupos de amigos: llega el momento de hacer una foto y el hijo adolescente no quiere salir en ella. Lo dice abiertamente, o borra las fotos que se envían, tampoco quiere aparecer en redes sociales...
Y ojo, esto no tiene por qué ser malo de por sí; además, están en todo su derecho de no querer salir. A veces este comportamiento es simplemente timidez, pero también puede ocultar algo más profundo: inseguridades, complejos, baja autoestima o necesidad de salir siempre “perfectos”.
En este artículo, y cómo psicóloga, hacemos un recorrido por algunos estudios psicológicos que explican cómo este rechazo puede revelar, en algunas ocasiones, una lucha interna con la identidad, la aceptación y el miedo al juicio.
La insatisfacción corporal y el rechazo de las fotos
Durante la adolescencia, el cuerpo cambia constantemente, algo que no siempre es cómodo para quienes lo experimentan. Esa desalineación entre cómo se ve uno y cómo desea verse puede generar lo que se conoce como insatisfacción corporal.
Esta insatisfacción puede hacer que muchos jóvenes eviten mirarse en el espejo y promover comportamientos de evitación, como rehuir situaciones donde podrían ser “congelados” por una cámara.
Un estudio encontró que la insatisfacción corporal en adolescentes (tanto chicos como chicas) se asocia con una mayor ansiedad general, y especialmente con ansiedad social.
En otras palabras: los jóvenes que no se sienten cómodos con su imagen tienden, con el tiempo, a experimentar más síntomas de inseguridad social. Esa ansiedad puede transformarse en una resistencia concreta a ser fotografiados.
Ansiedad social: la “mirada evaluadora” detrás del objetivo
Para algunos adolescentes, no es solo que “no les guste su cuerpo”, sino que temen cómo serán percibidos por otros. La ansiedad social puede alimentar una imagen mental en la que se imaginen ellos mismos desde la perspectiva externa de los demás: torpes, inseguros, “malos posadores”.
Esta autoimagen negativa puede hacer que la cámara se sienta como un juez. Y esta evitación no es casual: en ciertos trastornos como el Trastorno Dismórfico Corporal (BDD), y según los estudios, los jóvenes desarrollan comportamientos de evitación, incluyendo esquivar eventos sociales o situaciones en las que serán observados — por ejemplo, posar para fotos.
Desde su perspectiva, una fotografía no es un mero recuerdo, sino una prueba visual de sus miedos.
Las redes sociales intensifican la presión
En la era digital, las fotos no solo se toman; se editan, filtran, y publican. El impacto de las redes en la imagen personal no es menor. Un estudio con más de 2.500 adolescentes checos (entre 11 y 16 años) identificó que la actividad relacionada con la apariencia en redes (mirar, publicar, retocar) se relaciona con una mayor insatisfacción corporal.
Además, estar continuamente expuesto a ideales de belleza impuesta por los medios sociales y compararse con otros puede generar una desconexión entre cómo se ve el joven y cómo cree que «debería» verse. Esa brecha puede alimentar el rechazo a aparecer en las fotos, porque lo que captura la cámara no encaja con su yo idealizado.
En otra investigación con adolescentes de entre 15 y 18 años, se exploró la relación entre la ansiedad social por la apariencia (“social appearance anxiety”) y la conciencia sobre su propia apariencia en redes sociales.
El estudio concluyó que a medida que aumentan los niveles de ansiedad por la apariencia, también crece la preocupación sobre cómo se les ve en redes, lo que podría traducirse en evitar que le hagan fotos o mostrarse menos en plataformas visuales.
Qué puede estar significando este rechazo a las fotos
- No siempre es capricho: muchas veces, ese rechazo refleja una autoimagen dolorosa, un miedo real a verse “mal” o “equivocado” en una imagen.
- Hay un componente social profundo: la cámara no solo captura una cara, captura cómo creen que los otros los verán, y eso puede ser aterrador.
- Las redes no ayudan: la presión digital alimenta la comparación, la insatisfacción y el autoexamen a todas horas.
Cómo acompañar a un adolescente que odia salir en fotos
- Validar sin juzgar: en vez de insistir en “ponte guapo para la foto”, no presionar (no pasa nada si no salen en las fotos) y reconocer lo que hay detrás: “entiendo que no te veas cómodo; me gustaría saber qué sientes cuando te quieren hacer una foto”.
- Crear momentos sin presión: proponer fotos espontáneas, sin más objetivo que guardar un recuerdo, no crear una “pose perfecta” para redes.
- Hablar de redes y autenticidad: conversar sobre cómo las redes distorsionan la realidad, los filtros, la comparación con otros... Esto no borra el malestar, pero le da una perspectiva crítica.
- Buscar ayuda si la ansiedad es grande: si la evitación de fotos va acompañada de ansiedad social intensa, una baja autoestima continua o retraimiento, puede ser útil acudir a un psicólogo para trabajar su relación con su imagen y sus miedos.
Que un adolescente odie salir en las fotos a veces no solo es una cuestión de vanidad o rebeldía, sino un síntoma profundo de cómo se siente consigo mismo y cómo teme que otros lo vean.
Es una llamada para mirar más allá de la superficie, para explorar sus emociones, y para acompañarlo con empatía. Comprender esta resistencia es una oportunidad para ayudarlo a construir una relación más amable y auténtica con su propia imagen, más allá del flash de una cámara.
Foto de portada | Imagen de Freepik
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