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El Día del Sueño Infeliz

El Día del Sueño Infeliz
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Acabamos de celebrar el Día del Sueño Feliz y hemos hablado de las madres que no pueden más. Yo hoy lo que tengo que contaros sería más bien algo que no merece ninguna fiesta, excepto cuando alguien decida dejar de vivirlo, os cuento sobre el Día del Sueño Infeliz.

Y no, no me refiero a los niños que se terminan resignando a que no acudan sus padres cuando lloran por la noche porque los necesitan, sino de las madres (y quizá padres, aunque no he conocido ninguno personalmente seguro que existen también) que pasan noches horribles y se pueden hundir en la pena por ceder ante su pareja y no imponer lo que les dicta el instinto, que sus hijos las necesitan por la noche y ellas a los niños, que quieren dar el pecho durante años, que no quieren llevarlos a una guardería o a un colegio donde sus hijos no son felices.

Lo normal en el ser humano es el sueño feliz

Para ellas es este Día del Sueño Infeliz, para que, en cierto modo, si me leen, sepan que no están solas, que no están locas, que lo que quieren es normal y que tiene todo el derecho a dormir con quien quieran, amamantar el tiempo que deseen y educar con respeto, digan lo que digan madres, suegras, maridos y vecinas.

El colecho, la crianza respetuosa y la lactancia prolongada siguen viéndose como una excentricidad, algo malsano o peligroso o signo de ser una madre demasiado obsesiva en parte de la sociedad. La mamá que tiene la mala suerte de sentir otra cosa y vivir rodeada de personas que le niegan que su sentimiento sea sano y normal pueden sufrir mucho.

Los seres humanos en estado "natural" han dormido junto a sus hijos durante millones de años y los han amamantado durante largos años, es un comportamiento perfectamente normal y, es más, sano y adaptativo.

Hasta hace poco más de 10.000 años el niño que no dormía con sus padres moriría de frío o moriría devorado esa misma noche. Eso ya no sucede, por eso podemos sin peligro y si asi estamos felices todos los miembros de la familia, acortar la lactancia que antes podía durar hasta los siete años o dormir separados. Algo absolutamente respetable.

Puede que 10.000 años os parezcan mucho tiempo, pero en términos evolutivos no es nada más que un segundo. No hemos cambiado genéticamente en esos 10.000 años, somos iguales que los hombres nómadas y cazadores en nuestros instintos básicos de supervivencia, lo son los hombres y también lo son las mujeres. Y los niños. Comparados con los millones de años que llevan los homínidos sobre la Tierra, 10.000 años es nada.

Es decir, que un bebé o un niño (sea de uno, sea de diez años) quiera dormir acompañado es algo perfectamente normal y sano. Y que mame años también. Y que una madre sienta una enorme angustia y sea incapaz de desansar si no le permiten dormir con él o darle el pecho cuando lo desean. Por supuesto, eso no quiere decir que los niños que duermen solos o las madres que disfrutan del descanso con sus hijos seguros en la habitación de al lado tengan nada anormal. Ni que destetar por propia necesidad no sea absolutamente, igual, digno de respeto.

Todo es aceptable y no es asunto de nadie como duerme o con quien duerme una mujer o cuanto tiempo amamanta a sus hijos. Ni para criticarla, ni para juzgarla y mucho menos para obligarla a hacer algo que no desea hacer o castigarla por tratar de seguir su corazón. Ninguna madre debería tener un sueño infeliz.

¿Quién decide sobre nuestros cuerpos?

Simplemente ambas cosas son normales, sanas y posibles y ambas situaciones merecen el mismo, el mismo, repito, respeto de la pareja, la familia, los sanitarios y el entorno. ¿Es tan complicado de entender que nadie tiene derecho a decirle a una mujer con quién debe compartir su cama aunque sea su señor marido y padre de los niños? ¿Que la lactancia es algo que solo les compete a ella y a su hijo? ¿Quién decide sobre el cuerpo de las mujeres?

No digo que haya que divorciarse de primeras, pero si explicar, argumentar y, en ultimo caso, no ceder si se trata de una cuestión que realmente nos hace sufrir a nosotras o a nuestros hijos. Habrá casos en los que es un tema sin demasiada importancia en la dinámica familiar, pero si la madre lo necesita de verdad para descansar o ser feliz, nadie debería pedirle que renuncie a su bienestar.

Si el dilema es estivilizar, divorciarse o terminar convertida en una sombra, agotada y enferma, sin descansar bien nunca, con dolores de espalda terribles, sin un sueño adecuado y sin una cama cómoda...¿de verdad merece la pena arriesgarnos a sufrir las consecuencias de años sin descansar bien con lo duro que es ya criar a un hijo?

Y la verdad, sea el padre o sea el vecino, ni el egoísmo, ni la la conveniencia de otros, ni la costumbre social ni la ignorancia merecen que una madre ceda y negocie algo que siente fundamental para su bienestar y el de su hijo. Ningún hombre es nuestro dueño. No es cuestión de respetar o no el derecho del padre a opinar, es el no ceder el bienestar propio y el de los niños ante nadie, y menos si es ante la ignorancia o la falta de amor y respeto.

La opinión de la psicóloga Mónica Álvarez

Dejo lo que, sobre este tema, he consultado con la psicóloga Mónica Álvarez, que espero os deje un poco de luz sobre algo que puede ser inmesamente doloroso para una madre.

Estamos hablando de un problema de fondo mucho más serio que un simple "no estar de acuerdo con la forma de crianza". Podemos llegar a tener que hablar de relaciones tóxicas en las que sí, el maltratador evidente es él, pero ella también ejerce un tipo de violencia hacia sí misma. ¿Indefensión aprendida? Puede. Pero no son cosas que se solucionen tomando café con las amigas (en muchos casos). Muchas veces ni se solucionan, desgraciadamente. A veces la muerte es lo único que puede romper una relación así.

Visibilizar el Sueño Infeliz

Quisiera visibilizar que hablamos de un problema tremendo, el del Sueño Infeliz quizá que llega al extremo en algunos casos y que en otros, la mayoría, se pueda solucionar con diálogo y el amor y respeto que se supone en una pareja.

Un marido que no acepta algo que para su pareja es fundamental para sentirse feliz y segura, debería reflexionar y respetar que ella tiene derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida, confiar en ella, darle una oportunidad y nunca usar cualquier cesión como un arma. Ellos deberían darse una oportunidad, dejar de sentir como niños faltos de maternaje y crecer, acompañar y cuidar lo que aman.

Y si el no cede, os pregunto: ¿seria mejor estivilizar o divorciarse o dejarnos la salud y la autoestima? ¿debemos negociar con nuestro bienestar y el de nuestros hijos con una pareja que no tiene la misma concepción de la crianza que nosotras? ¿cuál es el precio del Sueño Infeliz que se puede estar dispuesta a pagar por ceder en cosas que nos destrozan el corazón y el cuerpo?

En Bebés y más | La felicidad, ¿dónde la perdieron los niños?, Las dificultades de la lactancia materna prolongada, Curso de maternidad y paternidad: vamos a expresar el amor

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