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"No tengo suficiente leche": la gran preocupación de las madres lactantes, y cómo solucionarlo
Lactancia

"No tengo suficiente leche": la gran preocupación de las madres lactantes, y cómo solucionarlo

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Aunque es habitual escuchar a madres que manifiestan "no tener leche suficiente para amamantar a su bebé", lo cierto es que en muy pocos casos es un hecho real (hipogalactia), siempre que la lactancia materna se lleve a cabo a demanda y no haya problemas médicos que lo justifiquen.

Sin embargo, sí puede haber otros factores que afecten a la producción de leche materna y a la correcta alimentación del bebé. Te explicamos en qué casos puede suceder esto y qué medidas tomar para solucionarlo.

¿Cómo saber si mi bebé está recibiendo suficiente leche?

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Para determinar si el bebé está recibiendo leche suficiente debemos prestar atención a dos signos especialmente importantes:

  • La ganancia de peso

Un bebé recién nacido tiene que ganar entre 120 y 150 gramos a la semana, y a las dos semanas haber recuperado su peso de nacimiento. Si esto no está suciendo así es importante consultarlo con el pediatra para una valoración.

No obstante, en las revisiones rutinarias el pediatra irá controlando el peso del bebé y su evolución, por lo que tampoco es recomendable obsesionarse diariamente con el tema, ni mucho menos realizar una doble pesada (antes y después de la toma) para comprobar si ha comido.

  • Los pañales que moja

La cantidad de orina y sus características es otro de los singnos que nos ayudarán a saber si nuestro bebé está recibiendo suficiente leche. De este modo, si en circunstancias normales moja pañales menos de seis veces al día y la orina es amarilla y de olor fuerte, deberíamos consultarlo con el pediatra.

Otros factores como el número de tomas que realiza, el tipo y cantidad de deposiciones que hace, su aspecto físico o su interacción con nosotros también puede darnos pistas en caso de existir problemas con su alimentación.

Causas por las que el bebé reciba poca leche

lactancia materna

Una vez valoradas las señales de alerta por parte del pediatra, y en caso de que se llegue a la conclusión de que efectivamente, el bebé está recibiendo poca leche, han de buscarse las causas para poner remedio. En la mayoría de los casos esta situación se debe a:

Un mal agarre o una mala posición

A la hora de poner a tu bebé al pecho debes fijarte en su boca. Esta debe estar bien abierta, y abarcar todo el pezón y parte de la areola. El pezón debe quedar situado en el paladar de su boquita, por eso, para lograr un buen agarre se recomienda situar el pezón a la altura de la nariz del bebé para que él oriente su boca hacia arriba.

Si coge solo el pezón o lo abarca con el centro de su boca, es más fácil que haya dolor por una mala posición y la producción de leche también se vea afectada.

Un mal uso de las pezoneras

Si existe algún motivo por el cual estamos utilizando pezoneras para amamantar a nuestro bebé, debemos ser muy conscientes de la importancia de colocarlas bien y usar un tamaño adecuado a nuestro pecho. De lo contrario, no solo podrían producirnos molestias, sino afectar a la producción de leche.

Por ello es recomendable consultar siempre con una asesora de lactancia que nos guíe sobre la necesidad o no de su uso, y la forma de hacerlo correctamente.

No se respeta la lactancia a demanda

La lactancia debe ser siempre a demanda, tanto de día como de noche. Es decir, sin horarios, relojes y cuando el bebé quiera. Si colocas al bebé al pecho cada vez que lo pida, se estimulará la producción de leche de forma natural. Tómate tu tiempo y respeta su ritmo. La lactancia debe ser una experiencia tranquila y relajada.

El tiempo que se necesita para completar una toma es diferente para cada bebé y cada madre, y también varía según la edad del bebé y de una toma a otra. No obstante, en los primeros días de vida es recomendable que realicen al menos 8-12 tomas al día.

Frenillo lingual corto

Entre un 1,7 y un 4,8% de los recién nacidos cada año en España presentan anquiloglosia o frenillo lingual corto. Se trata de un trastorno que restringe la amplitud de movimientos de la lengua y, por tanto, puede afectar a la producción de leche materna.

Si además de ganar poco peso, tu bebé pide pecho con frecuencia, emite chasquidos al mamar o el pezón se le escapa de la boca varias veces mientras mama, deberías consultarlo con una asesora de lactancia. En cualquier caso, debes saber que frenillo lingual corto y lactancia no son incompatibles.

Falta de confianza

La falta de confianza de las madres en su capacidad para amamantar a su bebé también puede acabar afectando a la producción. Y es que si la madre cree que "no tiene suficiente leche", acabará ofreciendo un biberón a su bebé, y al no haber estimulación del pecho la producción acabará bajando.

Esta falta de confianza puede estar provacada por varios factores, como las experiencias de otras madres del entorno. Por ejemplo, algunas mujeres tienen la creencia de que no podrán amamantar a sus bebés porque sus madres, abuelas u otras mujeres de la familia tampoco lo consiguieron. Pero el éxito o fracaso de la lactancia no tiene herencia genética.

Igualmente, si nuestro bebé llora con frecuencia y la lactancia es a demanda, tampoco debemos pensar que lo hace porque "no tenemos suficiente leche y se queda con hambre". Es decir, pueden ser muchos los factores que estén detrás del llanto del bebé.

El sacaleches también puede afectar negativamente a la confianza de las madres. Y es que son muchas las mujeres que deciden comprobar si tienen leche extrayéndosela con un sacaleches, pero el hecho de que salga poco no tiene nada que ver con la cantidad de leche que la madre produce.

Tampoco tener el pecho pequeño, notar los pechos blandos o no sentir siempre la subida de la leche, significa que "no tengamos leche". Son falsos mitos que debemos desterrar.

Hipogalactia: un problema real que afecta a la producción

Pero a pesar de que son muchas las mujeres que afirman "no tener suficiente leche", lo cierto es que la inmensa mayoría de las madres son capaces de producir toda la leche que necesite su bebé (o sus bebés, en el caso de gemelos o lactancia en tándem).

Tan solo en una minoría de los casos se produce hipogalactia, o baja producción de leche materna, por motivos médicos justificados. Según la Asociación Alba Lactancia, las causas médicas que están detrás de una hipogalactia son:

  • Alteraciones de la tiroides no diagnosticadas, como hipotiroidismo, hipertiroidismo o tiroditis postparto. Con medicación compatible con la lactancia, la producción de leche no debería verse afectada.

  • Trastornos alimentarios que produzcan amenorreas sostenidas.

  • Hipoplasia mamaria, una alteración en los pechos que afecta al tejido mamario y que nada tiene que ver con el hecho de tener poco pecho.

  • Cirugía de reducción mamaria.

  • Otras enfermedades como el Síndrome de Shehann, el Síndrome de Ovarios Poliquísticos, la diabetes o la obesidad mórbida.

  • Otros fenómenos como la retención de la placenta, la cesárea de urgencia o programada, o la toma de ciertos medicamentos podría afectar de manera temporal a la producción de leche materna.

¿Qué hacer si la madre cree que tiene poca leche?

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Las madres que están atravesando dificultades con su lactancia y piensan que no tienen leche suficiente, necesitan la ayuda y el apoyo de una persona experta. De este modo, será el personal sanitario especializado en lactancia, o bien una asesora, quienes podrán ayudar a la madre a encontrar las causas de esta posible o supuesta sensación de poca producción, y poner remedio.

También es importante que la madre conozca lo que son las "crisis de lactancia" o "brotes de crecimiento", pues en muchos casos, estos episodios normales en el desarrollo del bebé acaban poniendo fin a la lactancia al pensar que este se queda con hambre por falta de leche.

Y otro aspecto fundamental es el apoyo de la familia y el entorno más cercano a la madre, pues como ya hemos visto, esta supuesta "falta de leche" se debe en muchas ocasiones a un problema de confianza por culpa de frases y mitos que la reciente mamá no deja de escuchar.

"El bebé se ha quedado con hambre, eso es porque tienes poca leche", es una frase terrible, dicha a menudo por el entorno cercano, que puede dañar la confianza de una madre en este momento tan delicado, además de hacer fracasar la lactancia.

En cualquier caso, si realmente el pediatra constata que el bebé está recibiendo poca leche, hay que determinar las causas y ayudar a la madre a aumentar la producción (sin caer en falsos mitos) para que el bebé siga recibiendo el mejor alimento en estos primeros meses de vida.

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