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Adriana Abenia: "Varias veces se me ha indigestado la comida al ver a una mujer amamantar a su bebé"

Adriana Abenia: "Varias veces se me ha indigestado la comida al ver a una mujer amamantar a su bebé"
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De lactancia materna se habla mucho y se opina también mucho. A veces se habla con conocimiento de causa y se opina con sentido común, y a veces se habla sin saber, ofreciendo una opinión que acaba siendo hasta desagradable, como ha sucedido con Adriana Abenia, que ayer quiso hablar de la lactancia prolongada.

Son muchas las cosas que dijo en la red esta modelo y diplomada en Turismo (que se presenta al mundo como presentadora y actriz) con respecto a la lactancia materna, siendo para mí la más desacertada o desagradable la parte en que confiesa que en más de una ocasión se le ha indigestado la comida al ver a una mujer dando el pecho a su bebé.

La opinión de Abenia la podéis leer completa en La voz libre. No sé si realmente es esto lo que piensa o si simplemente usa la técnica de “es bueno que hablen de ti, aunque sea para mal”, porque está claro que esta chica es una auténtica desconocida para muchísima gente y, a partir de hoy, por ejemplo, miles de personas leerán sus palabras gracias a los diferentes blogs y redes sociales.

Como suelo hacer en otras ocasiones, iré citando los párrafos más destacados de su discurso y después iré contestando a sus palabras.

Nadie niega sus beneficios (de la lactancia materna), pero aún sigo consternada, con todos mis respetos, por la imagen que mis retinas registraron hace unos días en medio de una de esas cenas con amigos que se alargan y en las que tocas todos los palos. La de una madre amamantando a su hijo de unos 4 años. ¡La leche!

Bueno, “aún sigo consternada días después” y “con todos mis respetos” no parecen casar demasiado en la misma oración. Niños de 4 años tomando el pecho hace años que se ven y como todos los agentes de salud informados sabemos (yo soy enfermero), no es negativo ni contraproducente, más al contrario, puede ayudar a mantener un nivel de defensas adecuado en el niño.

Lo sabemos de sobra, nos lo han dicho hasta la saciedad, “la leche de la madre es un magnífico alimento para el churumbel”, le basta este alimento para crecer con mucha rapidez. Pero en un país desarrollado, más allá de los seis meses recomendados, ¿qué sentido tiene alternar el bocadillo de mortadela o los deberes de clase con unos sorbos de leche materna? Que alguien me lo explique, por favor. ¿Tanto ha subido el cartón de leche que sale a cuenta elegir esta opción?

No es una cuestión económica, o no suele serlo, aunque muy bien iría para la economía global que todos los niños fueran amamantados varios años. Pregúntaselo, Adriana, a los responsables de salud de tu comunidad autónoma, o a los del gobierno.

Pregúntales por qué insisten tanto en promover la lactancia como alimento principal hasta el año de vida y por qué insisten tanto en que se les dé al menos dos años, incluso cuando ya están comiendo bocadillos de mortadela.

Es posible que te respondan que lo hacen porque saben que así enferman menos, ingresan menos en los hospitales y, cuando enferman, se curan antes. Menos ingresos, menos enfermedades y enfermedades más cortas equivale a ahorros importantes en gastos de sanidad y en menos bajas de los padres, que faltan menos al trabajo.

Si preguntas sobre dar el pecho a los cuatro años, pues ya es una cuestión de cada madre e hijo. Sabemos que hasta los seis años el sistema inmunitario puede seguir siendo inmaduro, así que seguir recibiendo defensas de la madre no está del todo mal. Incluso cuando ya no necesita defensas y se trata de una cuestión más de costumbre, dar unos sorbos, como tú dices, “es casa”. ¿Recuerdas cuando jugabas al pilla-pilla, y sabiendo que te iban a coger te inventabas que tocar la pared más cercana era casa? ¿Recuerdas lo bien que te sentías sabiendo que allí no te podían pillar? Pues hay niños de cuatro años que de vez en cuando quieren eso.

Lo bueno (o lo malo, vete a saber), es que luego crecen y ya no lo necesitan, porque aprenden a crear su propia casa interior, o porque hablar con alguien de sus problemas o simplemente recibir un abrazo puede ser “casa” también.

Adriana Abenia y lactancia

Caso aparte requiere el amamantamiento en plena calle, siempre me ha parecido que el acto en sí requiere de cierta privacidad. Hoy en día no es difícil encontrar lugares habilitados donde poder disfrutar de la intimidad, luego están los probadores de numerosas tiendas. Y digo esto porque no será la primera vez(admito que soy bastante escrupulosa) que se me haya indigestado la comida al observar enfrente mía a una mujer sacándose ‘las ubres’ para alimentar con sus fluídos a su bebé.

¿Caso aparte? Esto no es un caso aparte, esto es lo que se ha hecho toda la vida desde hace milenios: dar el pecho al bebé cuando lo requiere. El caso aparte son la personas que creen que las mujeres que amamantan tienen que esconderse de sus iguales, como si fuera pecado lo que hacen, como si fuera extraño, raro o ilógico. Luego vas tú y en un programa de televisión que se emite por la tarde vas y te sacas “las ubres” y oye, eso a los demás nos tiene que parecer bien o normal.

Vaticino, con bastante probabilidad, que yo seré de esas ‘malas madres’ que se apunten a la moda del biberón; y no por una cuestión de estética, porque en mi caso la gravedad no es un problema, sólo tenéis que observarme, sino de clara desnaturalización o sentido de civilización, según se mire.

No mujer, mala madre no. Si acaso, y si no te informas, serás una de esas madres que toma una decisión pensando que lo sabe todo sobre lactancia sin saber realmente casi nada de ella. Sí estoy de acuerdo en que la moda es el biberón. Como he dicho antes, lo de tooooooda la vida, lo de siempre, es la lactancia materna. Lo raro, lo extraño, la moda de ahora, es la leche artificial. Pero tampoco me gusta llamarlo moda, yo preferiría llamarlo recurso.

Y oye, dar el biberón no se hace para evitar el efecto de la gravedad, porque como bien es sabido dar el pecho no hace que se caiga el pecho, quizás sí estás demasiado desnaturalizada, aunque civilizada ya no me lo pareces tanto. Una civilización que avanza hacia un punto en el que se niega a los bebés el alimento más lógico para su salud y para su mejor desarrollo no me parece que vaya hacia adelante, precisamente.

Únicamente nosotros, los seres humanos, por llevar la contraria al mundo, bebemos leche de otra especie cuando cesa la lactancia. Igual no seamos todo lo naturales que pensamos entonces. Al parecer es dudosamente recomendable. Al final, he optado por apuntarme a la leche de arroz y la de almendras. La de soja, magníficamente publicitada, resulta que no es saludable para una mujer joven y sana por su contenido en estrógenos. Y muchos cánceres de mama son sensibles a los estrógenos.

Claro que somos los únicos que tomamos leche de otra especie, a ver dónde encuentras tú a un perro ordeñando a una vaca o a un gato guardando la leche en envases donde pueda conservarse.

Resulta que tomas leche de arroz y almendras, que eso no es leche, claro, porque no procede de ningún mamífero. Tú misma, yo para beber eso bebo agua, y si acaso como almendras y arroz, que seguro que sale más barato (pero tú, que seguro que tienes más dinero que yo, hazlo como prefieras).

Sobre los estrógenos y el cáncer de mama, si tan preocupada estás, sólo decirte que amamantar a un bebé reduce el riesgo de padecer cáncer de mama. De hecho, cuantos más años amamantes (imagínate que cuando tengas un hijo le dieras el pecho durante cuatro años) menor será el riesgo.

Recapitulando, ahora que registro en mi mente los amigos que se han criado a punta de tetina, la verdad es que están hechos un toro. Pero yo no quiero ser una vaca. Cada una que decida libremente.

De acuerdo, cada una que decida libremente, faltaría más, pero por favor, no llames “vaca” a las que deciden dar el pecho a sus hijos, porque indirectamente no las dejas elegir libremente. Si quieres alimentar a tus hijos, cuando los tengas, a punta de tetina, hazlo, aunque mucho me temo que tendrás que darles leche de vaca adaptada (esa que tú no quieres tomar) o leche de soja (esa que tampoco quieres tomar).

Podrás estar tranquila porque lo más probable es que tus hijos estén como unos toros, pero para que lo entiendas utilizaré una analogía que una amiga ya te ha explicado en su blog. Hay mucha gente, incluida tú, que no entiende por qué a partir de los seis meses se les sigue dando el pecho a los bebés, pudiéndoles dar leche artificial y luego leche de vaca. Supongo que esto que no entiendes es la misma sensación que tiene una madre sin demasiados recursos cuando le regala a su hijo una camiseta y éste se la devuelve porque no es de marca, o porque es de imitación.

Y supongo que es lo mismo que sientes tú cuando te regalan un bolso: ¿Prefieres uno de Prada o uno chino de imitación en el que pone “Prada”? A efectos prácticos sirven los dos porque ambos son bolsos, pero seguro que no querrías llevar un bolso de imitación. Pues bien, somos muchos los que preferimos para nuestros hijos la leche original. Si no se puede, por la razón que sea, pues ya usaremos la de imitación, que también hace su función, aunque no sea lo mismo.

Fotos | Adriana (y II)
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