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Cumpleaños infantiles, ¿nos hemos vuelto locos?
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Cumpleaños infantiles, ¿nos hemos vuelto locos?

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El primer acercamiento que tuve con los cumpleaños infantiles en mi vida adulta, fue el ver a mis compañeras de trabajo preparar las fiestas para celebrar un año más de sus hijos. Yo aún no era madre y al verlo solo desde fuera me parecía algo sencillo.

Ahora que soy mamá en realidad he tenido solamente dos experiencias planeando una fiesta de cumpleaños para mi hija (cuando cumplió dos años solo le hicimos un pequeño pastel en casa con los abuelos). Me he dado cuenta que las cosas no son tan simples como me parecían antes, pero me puse a pensar: ¿será que exageramos con tanta planeación y organización? ¿nos hemos vuelto locos?

¿Estás celebrando un cumpleaños o demostrando status?

Creo que lo principal para poder saber si estamos exagerando o volviéndonos locos, es pensar objetivamente por qué decidimos organizar una fiesta infantil. Lo cierto es que bien podríamos celebrarlo solamente con la familia nuclear y quizás los abuelos, pero creo que en nuestra naturaleza humana, la felicidad es algo que nos encanta compartir.

Cuando este es el motivo principal por el que organizamos una fiesta de cumpleaños creo que no importa mucho que tan grande o pequeña sea. Si lo que deseamos es compartir la alegría de un año más con nuestros amigos, el tamaño de la fiesta no es algo que deba importarnos.

Pero también existe algo llamado presión social, y aunque intentemos ignorarla, muchas veces no podemos evitarla. Podemos tener la idea de hacer algo pequeño, pero al escuchar preguntas y comentarios de otras personas durante la organización, nos preguntamos si lo que teníamos planeado será suficiente.

¿Cómo van a decorar? ¿Cuál es el tema de la fiesta? ¿Tendrán algún animador infantil? ¿Contratarás servicio de catering? ¿En dónde mandarás a hacer el pastel? ¿Quién ambientará la fiesta? ¿En qué lugar será?

Estas son algunas de las preguntas que podemos escuchar después de comentar que estamos organizando un cumpleaños infantil. Algunas pueden venir de alguien bien intencionado o podrían venir de alguien a quien solo le importan las apariencias o el status.

Por supuesto que es completamente válido tirar la casa por la ventana si así lo deseamos, pero hay que recordar la razón por la que estamos organizando la fiesta, evitar caer en comparaciones y no olvidar el verdadero propósito de ésta: que nuestros hijos pasen un buen rato celebrando su cumpleaños.

¿Es necesario tanto?

Personalmente creo que cada quien es libre de elegir si desea una fiesta pequeña o una fiesta tan costosa y pomposa que sea digna de una celebridad. En realidad lo único que necesitamos quizás para celebrar un cumpleaños es comida, bebidas, un pastel y buena compañía.

Pero si deseamos incluir otras cosas para que no falte nada o para que nuestros invitados se sientan cómodos y bienvenidos, no hay problema en hacerlo. Solo mantengamos siempre presente el objetivo del evento y no permitamos que algo tan superficial como el status o el qué dirán nos presione por tener una fiesta exagerada o más allá de nuestro presupuesto.

Mi experiencia

Como te comentaba al principio de este artículo, mi experiencia con cumpleaños infantiles es relativamente poca pues solo los he planificado en dos ocasiones: cuando Lucía cumplió un año y cuando cumplió tres, hace un mes.

La fiesta de su primer cumpleaños la hice porque deseaba celebrar el primer año de mi hija. Aunque sé que ella seguramente no lo recordará, considero que el cumplir un año es algo muy significativo, pues es un año en el que ocurren cientos de cambios de manera muy rápida. Su segundo cumpleaños opté por dejarlo pasar pues además de que no era un buen año económicamente hablando para nosotros, me parecía pequeña como para hacerle una gran fiesta en la que seguramente ella ni siquiera sabría que estaba pasando.

Para su tercer cumpleaños decidí hacer una fiesta un poco más grande que la del primer año, pues ella ya estaba consciente de que cumpliría años y me dijo que quería un pastel. Fueron semanas de planeación en las que ella estaba muy emocionada y le gustaba involucrarse en la organización de cada detalle.

Aunque contraté servicio de comida y mandé a hacer un pastel especial, intenté que tuviera solo lo básico. Debo aceptar que en el asunto de la decoración puse especial empeño, aunque eso se lo atribuyo a que como diseñadora tengo debilidad porque las cosas luzcan bonitas, además que me encanta decorar y hacer manualidades.

Cuando llegó el día de la fiesta Lucía se la pasó increíble. Como hacía calor pusimos unas piscinas pequeñas para que pudieran refrescarse los niños, que en su mayoría eran menores de cinco años. Al final del día terminé agotada pero me dio gusto ver que mi esfuerzo había dado frutos y mi hija disfrutó su día especial.

Y creo que justamente es eso lo que debemos tomar en cuenta: la alegría de la personita a la que estamos celebrando. No hace falta montar una fiesta espectacular para celebrar a nuestros pequeños, basta con que ellos se lo pasen genial.

Foto | iStock
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