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Resolviendo conflictos: mientras dormías…

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Es raro el niño que diga que sí a todo y que acepte todo lo que le tenemos que hacer. Cuando son bebé no hay mucho problema, porque (pobrecitos) se dejan hacer prácticamente de todo, pero poco a poco van creciendo y madurando y empiezan a escoger entre lo que les gusta y lo que no les gusta.

Llega una edad, más o menos cuando ya se saben girar y mantener de pie, en que no quieren que les cambies de ropa y el pañal se convierte casi en una odisea. Luego empiezan a rechazar los jarabes (con lo buenos que están ahora), no quieren que les pongas crema, quieren ir desnudos o descalzos, no quieren comerse “A” o “B” (o “A” ni “B”), no se dejan cortar las uñas y seguro que muchas otras cosas más que me dejo en el tintero (en el teclado).

Todo ello pone a prueba nuestra paciencia, haciéndonos ceder en algunas ocasiones, o haciéndoles ceder a ellos en otras, básicamente porque hay cosas que no se pueden postergar. Sin embargo hay ocasiones en las que les hacemos creer que cedemos porque tenemos un as en la manga: mientras dormías.

Lo siento hijo(s) mío(s)

Sé que creíste que había cedido, que no me importaba que tuvieras las uñas de un guitarrista de flamenco, pero sí, me importaba porque se te llenaban de mierda suciedad y porque tanto mi piel como la de tu madre sufrían las consecuencias. Por eso algunas noches, mientras dormías, acudía con unas pequeñas tijeras de punta roma (no fuera peligroso) y te cortaba tantas uñas como podía, parando cuando hacías algún movimiento. ¿Nunca te preguntaste cómo podía ser que de un día para otro tus uñas menguaran? Supongo que no, los niños tienen otras cosas más importante en qué pensar, sin duda.

Sé que creíste que había cedido, que no me importaba que tuvieras eccemas en la piel que te picaban tanto de día como de noche y que me parecía bien que no te quisieras poner la crema con cortisona porque creías que te iba a escocer (a veces seguro que sí), pero sí, me importaba, porque de la crema dependía el que tus eccemas mejoraran y se aliviara el picor y el riesgo de infección. Por eso, mientras dormías, te puse crema en los brazos, en las muñecas, en las piernas, en el cuello y hasta en los labios y la barbilla cuando en invierno se te irritó toda la boca por el frío. ¿Nunca te preguntaste cómo podía ser que tus brazos picaran menos al llegar la mañana?

Sé que creíste que había cedido, que no me importaba que tuvieras un uñero en el primer dedo del pie, tu pequeño y gran pulgar, que me parecía bien que la uña siguiera clavándose y que la pus hiciera acto de presencia provocándote más y más daño. Pero sí, me importaba, y por eso, mientras dormías, cogí una aguja y sosteniéndote el pie drené la pus, corté la uña, te puse pomada con antibiótico y te tapé el dedo.

Sé que creíste que había cedido, que no me importaba que llevaras un punto de sutura en la cabeza y que me parecía bien que lo llevaras para la eternidad. Pero sí, me importaba, y entendía que no quisieras que me acercara a tu cabeza del mismo modo que lo habían hecho los de blanco una semana antes. Por eso, mientras dormías, agarré el hilo del punto con una pinza y lo corté, eliminando el último rastro que quedaba de aquella caída, más allá de la más que segura cicatriz.

Siento haberos hecho creer tantas veces (éstas que cuento y otras que no cuento) que había cedido y que respetaba vuestras elecciones, para luego hacer lo que yo quería hacer desde el principio. Lo siento, pero no me arrepiento, porque hay cosas que simplemente se tienen que hacer, sí o sí, y que las hacemos porque somos vuestros padres.

Ceder es importante

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Además, ceder es importante, porque no hay mejor manera de enseñar que con el ejemplo. Cediendo os enseñamos a ceder. Siendo flexibles las situaciones son moldeables, así como el carácter de las personas. Es al contrario, cuando se muestra una dureza extrema o una notoria inflexibilidad cuando al tensarse las situaciones algo acaba rompiéndose.

Por eso nunca me ha importado postergar algunas cosas para la noche, por eso, y porque sé que cuando crecéis sois más conscientes de las cosas. De hecho, muchas de las cosas que sucedieron mientras dormíais ahora se dan mientras estáis despiertos.

Resolviendo conflictos

He puesto como título resolviendo conflictos y puede llevar a error, porque la resolución (hacer las cosas cuando no se enteran) es más una huida que una enfrentamiento del problema, sin embargo hay que tener en cuenta que “dos no se pelean si uno no quiere” y una manera de resolver una discusión es, directamente, no iniciarla.

El diálogo es muy importante y lo tenemos que utilizar siempre. En ocasiones lograremos convencer a nuestros hijos de lo que es bueno para ellos y en ocasiones no lo lograremos. Entonces deberemos valorar hasta qué punto es adecuado o no seguir insistiendo. Si hay que darle un jarabe, por ejemplo, está claro que deberemos hacerlo en ese momento, puesto que hacerlo mientras duermen es peligroso (riesgo de atragantamiento) y porque los jarabes suelen tener un horario. Otras cosas como las que he explicado sí pueden hacerse de noche, con paciencia y mucho tiento y, además de ser gracioso y de sentirte victorioso (ya sé qué sienten los espías cuando logran sus objetivos en la quietud de la noche), evitas una persecución y una más que posible discusión, que aunque parezca mentira se agradece, porque hay días que ya no sabes cómo evitar la espiral de negociaciones y discusiones.

¿Y vosotras?

¿Tenéis alguna experiencia con vuestros hijos que no pudisteis hacer de día pero hicisteis de noche, mientras dormían, para capear el temporal?

Fotos | Allen Elliotte, Tempophage en Flickr
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