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¿Cómo resuelves los conflictos entre hermanos? La pregunta de la semana

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¿Cómo resuelves los conflictos entre hermanos? La pregunta de la semana

Como ya sabéis, cada semana os hacemos una pregunta para que la respondáis en nuestra sección Respuestas y votéis las respuestas de los demás usuarios. También damos a conocer la respuesta más votada de la semana anterior.

Los conflictos entre hermanos es una cuestión que preocupa mucho a los padres, y no es para menos, ya que queremos fomentar una buena relación entre nuestros hijos. Por eso, esta semana queremos preguntar:

¿Cómo resuelves los conflictos entre hermanos?

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Por qué no hay que dejarles llorar: el cerebro de los niños no es un músculo, sino más bien una flor

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Por qué no hay que dejarles llorar: el cerebro de los niños no es un músculo, sino más bien una flor

Durante mucho tiempo los padres y educadores han pensado que el cerebro de los bebés es como un músculo, una estructura endeble al principio que va fortaleciéndose y curtiéndose gracias a los malos momentos, a las situaciones duras de la vida, a sufrir soledad y separaciones y a todas aquellas acciones que ayuden a un niño a ser capaz de vivir solo sin depender emocionalmente de nadie.

Bien, es cierto que haciendo todo eso se puede conseguir la meta, que un niño sepa estar solo. El problema es que se corre el riesgo de que además de saber estar solo, el niño llegue a preferir estar solo, o que no sepa cómo estar en grupo, ni expresar las emociones, o incluso que no sepa demasiado bien cómo sentirlas, como no ahogarlas para volver a confiar en los demás. Y es que como padres debemos tener mucho cuidado con el estrés de nuestros hijos pequeños, porque el cerebro de los niños no es un músculo, sino más bien una flor.

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Resolviendo conflictos: el boniato viajero

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Resolviendo conflictos: el boniato viajero

El 30 de Octubre es la víspera del día de Todos los Santos, ahora también llamada noche de Halloween, y en Cataluña, para celebrar esa fiesta, además de cocer castañas y comer panellets, los niños hacen una manualidad disfrazando a un boniato.

El pasado año disfrazamos dos boniatos en casa, uno vestido de aventurero, que es el que veis en la foto de arriba, alias “Boniato Jones”, que fue el que Jon (7 a.) llevó al cole y otro vestido de Batman, alias “Batboniato”, que fue el que llevó Aran (4 a.).

Una vez la festividad pasa, los boniatos vuelven a casa. Estuvieron con nosotros unos días, y cuando ya empezaron a secarse Miriam me dijo: “Armando, anda, tira ya el boniato este que en unos días empezará a andar solo” (digo el Boniato Jones, porque Batboniato llegó más tarde y no le hacían mucho caso). Ni ella ni yo lo esperábamos, pero Jon y Aran, ambos presentes, empezaron a gritar “¡Nooooooo!”, sufriendo por su boniato, y saltaron a por nosotros en clara muestra de que en ese momento éramos los seres más crueles del mundo. ¿Queréis saber cómo resolvimos este conflicto? Pues seguid leyendo. Con todos vosotros: El boniato viajero.

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Resolviendo conflictos: mientras dormías…

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Resolviendo conflictos: mientras dormías…

Es raro el niño que diga que sí a todo y que acepte todo lo que le tenemos que hacer. Cuando son bebé no hay mucho problema, porque (pobrecitos) se dejan hacer prácticamente de todo, pero poco a poco van creciendo y madurando y empiezan a escoger entre lo que les gusta y lo que no les gusta.

Llega una edad, más o menos cuando ya se saben girar y mantener de pie, en que no quieren que les cambies de ropa y el pañal se convierte casi en una odisea. Luego empiezan a rechazar los jarabes (con lo buenos que están ahora), no quieren que les pongas crema, quieren ir desnudos o descalzos, no quieren comerse “A” o “B” (o “A” ni “B”), no se dejan cortar las uñas y seguro que muchas otras cosas más que me dejo en el tintero (en el teclado).

Todo ello pone a prueba nuestra paciencia, haciéndonos ceder en algunas ocasiones, o haciéndoles ceder a ellos en otras, básicamente porque hay cosas que no se pueden postergar. Sin embargo hay ocasiones en las que les hacemos creer que cedemos porque tenemos un as en la manga: mientras dormías.

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Cómo funciona la psicología inversa: no leas esta entrada (II)

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Cómo funciona la psicología inversa: no leas esta entrada (II)

Ayer os ofrecimos una entrada en la que explicamos qué es la psicología inversa y os mostramos algunos ejemplos de cómo funciona tanto con los adultos como con los niños. Hoy seguimos con dicha entrada mostrando algunos ejemplos más y explicando por qué es una técnica que debe utilizarse con cuidado.

Un ejemplo de cómo funciona la psicología inversa a la hora de vender algo

Cuando una empresa pone un artículo a la venta trata de tener stock para todos aquellos compradores que lo desean. Sin embargo, hay ocasiones en que mucha disponibilidad supone menos exclusividad. A las personas nos gusta que nos hagan sentir especiales o diferentes en algunos ámbitos y, a la hora de comprar algo, hay mucha gente que valora mucho tener cosas que los demás no tienen.

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Cómo funciona la psicología inversa: no leas esta entrada (I)

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Cómo funciona la psicología inversa: no leas esta entrada (I)

Ayer os mostramos un vídeo de un padre haciendo psicología inversa a un niño, intercambiando noes y síes hasta el momento en que el padre consigue cambiar el sí del niño por un no. Como dije ayer, se trata de un ejemplo muy básico de psicología inversa que no sirve para definirla, sino más bien para mostrar que existe.

Como me parece un tema interesante, hoy hablaremos un poco más de la psicología inversa, técnica que se utiliza tanto con niños como con adultos. Para ejemplificarla he añadido al título de la entrada un "no leas esta entrada", porque la consecuencia más lógica es que la leáis.

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Resolviendo conflictos: las zapatillas con las suelas empedradas‏

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Resolviendo conflictos: las zapatillas con las suelas empedradas‏

Ser padre es relativamente fácil. En el momento en que tu hijo nace ya lo eres. Ahora bien, ser un padre comprometido capaz de sacar adelante las situaciones más conflictivas es difícil. Cuando digo situaciones conflictivas me refiero a esos momentos en que un hijo no atiende a razones, no acepta una decisión nuestra o quiere hacer las cosas de otra manera (sin poder ser de esa otra manera).

En esos momentos suele aparecer el llanto y la necesidad imperiosa de que cedas a sus necesidades. En ocasiones cederemos, y está bien, porque de esa manera les enseñamos que a veces las personas deciden ceder a los deseos de los demás y por lo tanto que en algunas ocasiones ellos tendrán que ceder ellos, y en otras no podremos hacerlo. Para estas segundas ocasiones puede haber algunos truquillos útiles, o quizás no tanto, porque no todo sirve con todos los niños, que la experiencia y el “prueba/error” te hacen aprender.

Hoy os explicaré cómo resolví un conflicto hace apenas una semana con mi hijo Jon de 5 años, cuando se negó a ponerse unas zapatillas porque tenían las suelas llenas de piedrecitas hasta el punto de echarse a llorar tirado en el suelo a grito de “esas noooo, ¡¡¡quítale las piedras!!!”. Y a punto de irnos, tenía que ponerse esas, sí o sí.

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