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Mi hijo es tímido, ¿debo preocuparme?
Consejos

Mi hijo es tímido, ¿debo preocuparme?

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Solemos asociar timidez con problema o con carencia. Solemos pensar que los niños deben ser abiertos y participativos… todo el tiempo. Solemos pensar que si nuestro hijo no es “el alma de la fiesta” es que algo le sucede. Pero la timidez no siempre es algo de lo que preocuparse. Entonces, ¿cuándo deberíamos actuar? ¿Cuándo debemos preocuparnos por la timidez de nuestro hijo? ¿Es lo mismo timidez que introversión?

Timidez vs introversión

¿Qué es en realidad ser tímido? Se entiende por timidez un malestar generado por la interacción social ante el miedo a la evaluación o a un sentimiento de incompetencia social (no saber manejarse). En el caso de los niños sumamos el temor a lo desconocido junto con que las habilidades y herramientas sociales están aún en desarrollo.

La timidez se considera un rasgo de personalidad, y es independiente a la intensidad de la situación: es decir, alguien tímido lo es haya dos personas o doscientas. Lo que cambia es la manifestación de esa timidez. Por otra parte cada tímido lo es a su manera: hay para quien el terror es hablar en público y para quien lo peor es tener una conversación cara a cara en solitario con alguien.

Ser introvertido es algo diferente a esto. Una persona introvertida no tiene por qué mostrar especial ansiedad o preocupación ante las interacciones sociales. Una persona introvertida se caracteriza por preferir tener un espacio personal individual y en solitario más amplio, por no necesitar un número determinado de relaciones sociales. Así que no, no es lo mismo ser tímido que ser introvertido.

¿Cuándo no es un problema la timidez?

Estáis en casa y llega una visita, alguien de confianza para vosotros. Vuestro hijo, que hasta ese momento estaba jugando tan tranquilo, se esconde tras de ti ante la demanda de esa persona de que le bese (o se deje ser besado). Durante un buen rato el pequeño no parece sentirse cómodo con la presencia de esa persona y se muestra retraído.

Esto es absolutamente habitual y no, no le pasa nada malo al peque. Ante desconocidos es normal, y adaptativo, que se sientan un tanto inseguros y que prefieran estar en un segundo plano.

No tiene sentido forzar al niño a interactuar, mejor dejémosle tiempo para que poco a poco vaya tomando confianza, derribando sus temores, permitámosle que desarrolle su capacidad de valoración y sus herramientas de socialización.

También es habitual que los niños un poco más mayores a veces eviten participar en clase por vergüenza, es frecuente que les de temor involucrarse en nuevas actividades o que les de “cosita” presentarse a nuevos amigos.

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¿Cuándo sí debemos (pre)ocuparnos por la timidez de nuestro hijo?

Hay ocasiones en que la timidez es tal que impide un correcto desarrollo social del pequeño o le genera tal malestar y sufrimiento que sí que debemos actuar. Hablamos de una timidez más extrema que tiene unas consecuencias negativas para el peque, consecuencias que a su vez vienen a reforzar dicha timidez, entrando así en un bucle negativo.

  • Problemas de autoestima
  • Dificultad de adaptación (al colegio, entorno…)
  • Dificultad de regulación emocional
  • Niveles altos de ansiedad (ante determinadas situaciones o personas, ansiedad de evaluación, ansiedad de ejecución…)
  • Inhibición conductual (dejar de realizar determinadas actividades)
  • Evitación (lugares, actividades, personas…, como fiestas, actividades extraescolares, etc.)

Resumiendo, debemos preocuparnos (y ocuparnos) si la timidez del niño le hace sentirse mal, si ésta empieza a tener un impacto en sus relaciones sociales (amiguitos), en su rendimiento escolar o en su estado de ánimo. En ocasiones la timidez excesiva puede derivar en ansiedad.

En estos casos lo más aconsejable es, obviamente, acudir a un profesional que nos ayude y asesore para que nuestro hijo deje atrás el malestar.

Ser tímido no siempre es negativo

En una sociedad en la que medimos el éxito por la “pose” que adoptamos en redes sociales, por la imagen y la popularidad, la timidez parece ser un hándicap. De hecho, durante mucho tiempo, y aún hoy en numerosos países, la timidez es tratada como una patología médica. Pero, ¿de verdad es necesario “cambiar” a estos niños?

No, no lo es, sería como intentar que un niño al que le gustan los juegos más tranquilos y la lectura cambiara sus aficiones por juegos puramente físicos. ¿Qué sentido tendría esto? ¿Qué hay de malo en que prefiera leer en lugar de saltar?

La timidez es un rasgo, y siempre que no genere malestar significativo para el peque no pasa absolutamente nada malo con ello. Como padres lo que debemos es respetar el carácter de nuestros hijos y por supuesto, nunca forzarles a tener interacciones o muestras de afecto con otras personas en contra de su voluntad.

Algunos autores señalan que la timidez tiene incluso sus ventajas: se relaciona con una mayor capacidad de observación, con una menor impulsividad…

¿Qué podemos hacer desde casa?

En términos generales el consejo es intentar sacarles de su zona de confort, pero sin forzar, haciendo poco a poco que se enfrenten a esas situaciones en las que no se sienten cómodos. Afrontar en lugar de evitar es la clave para superar dificultades. También podemos:

  • No sobreprotegerles, han de enfrentarse ellos mismos a las cosas (dentro de lo razonable, tampoco se trata de dejarles solos ante el peligro): un estudio realizado por varias universidades estadounidenses y canadienses determinó que la sobreprotección tiene un papel determinante en el desarrollo y mantenimiento de la inhibición conductual y ansiedad en niños.
  • Sírvele de apoyo, no de escudo: permanece a su lado en situaciones sociales que le incomoden pero animándole a que vaya explorando por su cuenta. Poco a poco, según se vaya sintiendo cómodo ve retirándote de su lado.
  • No anticipes: en ocasiones los padres previendo situaciones complicadas ya empezamos a “prevenir” al niño y a lanzarle mensajes del tipo “no va a pasar nada” o “tú debes estar tranquilo”. Estos mensajes lo que en realidad le están diciendo al peque es que la situación es, efectivamente, peligrosa o negativa. Les alertamos y activamos sin darnos cuenta.
  • Refuerza sus intentos y avances, tanto verbalmente (siendo muy concreto: “qué bien que has jugado tú solito con el amiguito, te lo has pasado bien, ¿verdad?) como con muestras de afecto (los niños responden muy bien a los abrazos, porque les sirven tanto de refuerzo como de fuente de calma).
  • Sé un buen modelo a seguir: tu hijo está aprendiendo habilidades y herramientas sociales, y será de ti de quien extraiga gran parte de la información. Si quieres que sea seguro y que venza su timidez demuéstrate tú seguro en tus interacciones sociales.
  • No lo ridiculices, no hables de su timidez en tono de burla delante de otros.
  • Ayúdale a expresar sus emociones al respecto y corrige las ideas negativas que tenga sobre sí mismo o sobre la situación social en cuestión (“es que me da miedo”, “es que los demás no van a querer jugar conmigo”).

Hay muchos más tímidos de lo que pensamos. Hay muchos niños que muestran cierta timidez y no pasa nada, absolutamente nada: poco a poco irán desarrollando sus habilidades y conociendo el mundo y las reglas sociales y terminarán por adaptarse (y adaptarlas). Pero si esa timidez les lleva a sentirse verdaderamente mal, si les vemos sufrir, lo mejor es buscar ayuda.

Fotos: Pixabay.com

En Bebés y más: Nueve beneficios para los niños que aporta estudiar interpretación

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