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La lactancia materna en un país en crisis humanitaria

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Hace unos días recibí una llamada de Unicef. Están haciendo una campaña especial por la catástrofe de Filipinas tras el paso del Tifón Haiyan, una catástrofe humanitaria aún peor que la de Haití, que tanto vimos en en los medios hace unos años. La chica fue muy amable, explicándome con mucho detalle las penurias que allí están pasando y de qué manera se articula la ayuda que están recibiendo.

Como la conversación me resultaba interesante y mi interlocutora me preguntaba mi opinión, aproveché para explicarle la preocupación que me asalta cuando veo en las noticias que al hacer campañas de recogidas de alimento solicitan, entre otros alimentos básicos, leche de inicio. Casualidades o no, pocos días después se publica en prensa que la OMS y Unicef están pidiendo a los responsables de atender a los damnificados que hagan lo posible por proporcionar a los bebés lactancia materna, un seguro de vida para esos niños en una situación tan crítica.

Los riesgos de dar un biberón en un país en crisis humanitaria

Desde nuestra visión occidental y acomodada, dar un biberón es sencillo. Un acto mecánico que millones de personas repiten a diario. Ponemos el lavavajillas y lava tan caliente que podemos incluso prescindir de esterilizar los cacharos. Cogemos el agua embotellada, usamos el microondas y en apenas dos gestos tenemos un alimento que, discusiones a parte sobre su idoneidad o no para un bebé, proporciona la nutrición que éste necesita.

Sencillo, claro, siempre que todo vaya bien. Cuando mi hijo mayor tenía apenas 3-4 meses sufrimos una temporada de apagones eléctricos frecuentes en el barrio. En más de una ocasión estuvimos a prácticamente a oscuras (porque además era invierno) con él en brazos llorando porque en tales condiciones no podíamos preparle un biberón.

Si en una situación tan banal como aquella ya sufrimos frustración y preocupación, imaginemos preparar un biberón cuando no hay luz durante días, cuando no hay condiciones de higiene, cuando el agua potable es un auténtico lujo, cuando el acceso a la atención médica no es fácil... si consiguen prepararlo, ese biberón es una bomba de relojería. Preparar y administrar un biberón en esas condiciones supone un serio riesgo de que enfermen y mueran por una infección.

La leche de fórmula, el último recurso

En una situación tan dramática, los esfuerzos deberían centrarse en que las mamás pudieran dar el pecho en exclusiva, ayudándolas a retirar los biberones en aquellos casos en que la lactancia mixta. Fomentar la donación de leche, crear redes de madres que puedan dar el pecho a varios bebés, animar a las que han dejado de darlo a que relacten.

Donar leche de fórmula no debería ser lo prioritario. Puede que a nosotros, desde nuestra comodidad y lejanía con la situación, nos haga sentir que hemos ayudado a alimentar a un niño. Lo sé porque yo, hace años, también lo creía así. Pero lo cierto es que, de esta manera, posiblemente nos hayamos quedado con lo más sencillo para nosotros y no en lo mejor para ellos.

La lactancia materna, siempre disponible y gratuita

Aunque la razón fundamental por la que un biberón en un país en situación de crisis humanitaria es peligroso sea la elevada probabilidad de enfermar gravemente por una infección producida por la falta de higiene y medios, le sigue de cerca la dificultad de disponer de leche adaptada para satisfacer las necesidades del bebé durante todo el tiempo que tenga que tomarla. En un país que lo ha perdido todo, con gente arruinada, donde los comercios son saqueados por personas que están desesperadas, donde la suciedad y el hacinamiento provocan nuevas enfermedades, qué mejor que poder dar a los niños un alimento siempre disponible, nutricionalmente perfecto y totalmente gratuito.

Vía | El Mundo "La lactancia materna, un seguro de vida en Filipinas" Foto | Emilio Labrador en Flickr CC

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