
Ya temía yo hace unos días que al entrar en la iglesia (por un concierto navideño) mis hijas me preguntaran por la figura de Jesús en la cruz, aunque finalmente no llegó esa cuestión. Pero ante otro brete distinto sí me vi inmersa ayer. Cuando vas a ver un belén navideño con tus hijos, lo último que te esperas es acabar hablando de las historias más crueles de la Biblia.
Pero si un pequeño ve una figurita de un soldado atravesando a un bebé desnudo con una espada, probablemente nos preguntará qué está pasando ahí. En esa situación me vi ayer con mi hija de cuatro años, que ya había visto el belén en fechas anteriores, pero probablemente nunca con tanto detenimiento.
En general, ella sabe la historia del nacimiento de Jesús y los Reyes Magos, tanto porque la ha escuchado en el colegio (aunque no va a Religión) como por los villancicos, los regalos o ciertos dibujos que ha visto. Evidentemente, el episodio de Herodes y la matanza de los inocentes no es para ir contándoselo alegremente a los niños.





Ya hemos hablado en algunas ocasiones de situaciones en las que la salud de los bebés se ve comprometida por las creencias religiosas de los padres.