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No dejes que pase un día sin decirles lo mucho que les quieres

No dejes que pase un día sin decirles lo mucho que les quieres
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En su libro "El hombre en busca de sentido" Viktor Frankl nos dice que ante una situación que produce dolor o sufrimiento, aun cuando parece que no hay salida posible, somos siempre libres de elegir cómo afrontar ese momento.

La vida es muy dura, el ser humano, a mi modo de ver, cada vez más individualista, interesado y cruel, y en este mundo en que vivimos y que hemos creado para nuestros hijos, ellos deben encontrar el camino y escoger cómo vivir.

Gran parte de sus decisiones vendrán dadas por las ganas que tengan de seguir adelante, por sus metas, sus ilusiones, sus sueños, sus logros y cuánto les apoyemos en todo ello. Por eso, no debemos dejar que pase un solo día sin decirles lo mucho que les queremos.

La importancia de la comunicación

Por eso y porque es verdad. Por eso y porque cuando las personas son capaces de hablar el camino se hace llano. Quiero que me entendáis. Hablar sabemos todos, comunicarnos, decir lo que pensamos y lo que sentimos, no. Muchos no somos capaces de decir lo que nos pasa porque no queremos incomodar a los demás. Muchos no nos abrimos a nuestros hijos, a nuestras parejas, a nuestro entorno, porque tampoco sabemos cómo expresarlo. Muchos padres no hablan con sus hijos de sentimientos y, en consecuencia, muchos niños no hablan de ello con sus padres.

Sin embargo, explicar las cosas es un ejercicio de valentía y honestidad que los padres deberíamos llevar a cabo con nuestros hijos: "me gusta cuando haces esto, pero no me gusta que hagas esto otro". Y de igual modo, podemos hablarles de nosotros, de cuando éramos pequeños, siendo francos: "si te entiendo, si yo también lo hacía, pero me di cuenta de que...", "a mí tampoco me gustaba...", "yo también cometí muchos errores, y los sigo cometiendo".

Son solo ejemplos de algunas frases, pero sirven para bajar del pedestal en que nuestros hijos nos tienen, para mostrarles que somos humanos, que también erramos, y que entendemos que ellos también se pueden equivocar. Lo importante es poder admitir los errores y asumir las consecuencias de nuestros actos, y repararlos si es posible. A esto se le llama tener integridad.

Empecemos por el amor

Dicen que un ejercicio muy saludable es, cada mañana, levantarnos dando las gracias. No a nadie en concreto, si no quieres, pero gracias por todas las cosas que consideramos cotidianas, pero que nos ayudan a tener la vida que tenemos. Cada mañana sale el sol que ilumina nuestras vidas, cada mañana tenemos a nuestro lado una pareja que nos quiere y por ahí, despeinados, destapados y en una postura inexplicable a nuestros hijos, durmiendo a pierna suelta sintiéndose seguros y confiados en nuestra presencia.

Saben que estamos ahí, saben que les protegemos, saben que con nosotros no corren peligro y saben que les queremos. Si lo saben, ¿hace falta decírselo? Pues sí, también los mayores sabemos que los demás nos quieren, pero bien que nos gusta que nos lo digan.

Pues con nuestros hijos igual. Cada día, sin falta, deberíamos poder tener un momento con ellos para decirles que les queremos, que son importantes para nosotros, que están en nuestros pensamientos, que nos gusta compartir espacio y tiempo con ellos, y demostrarlo, claro. No hace falta forzarlo, es simplemente hacer visible un sentimiento que ya existe.

Hay quien reniega de los besos y de los abrazos, de los "te quiero" y esas empalagosas muestras de cariño a los niños, porque dicen que hacemos de ellos unos niños mimados. No confundamos. El amor no se discute. Yo les quiero y les querré siempre, pero eso no quita que tenga que decirles lo que hacen mal (y lo que hacen bien), o que me enfade con ellos si hacen algo que no me gusta. De igual modo, entiendo cuando se enfadan conmigo aquellos días que estoy menos receptivo o con menos paciencia (los hombres tenemos nuestras particulares menstruaciones cerebrales, yo creo), y no por ello creo que me han dejado de querer.

El amor es incondicional, debe ser así y ellos deben saberlo. Y amarles mucho no hará que sean menos autónomos (que ese parece ser el significado de mimado). Simplemente, sabrán que estamos aquí, en las duras y en las maduras, porque la vida les va a poner muchas, muchas pruebas. Cada vez más duras.

Por lo general, no soy una persona que tenga mucha esperanza en el devenir de nuestra sociedad. La veo enferma, cada día más, languideciendo mientras acaba por contagiar a un mundo, a una naturaleza, cada vez más débil. Sin embargo, un buen día, decidí sonreír a la vida. No puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiar yo, y sí puedo contagiar con ello a los que me rodean, o al menos intentarlo. Así que en eso estamos, en intentar ser positivo, honrado, íntegro, comunicativo y en decirles, cada día, cuánto les quiero.

Foto | Thinkstock En Bebés y más | Para futuros papás: vuestro hijo os va a querer más que a nada en el mundo, Lo que me ha enseñado a valorar la paternidad, Los niños, el amor y el materialismo

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