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Lo que me ha enseñado a valorar la paternidad

Lo que me ha enseñado a valorar la paternidad
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Tras estos casi cuatro años y medio de paternidad, más de cinco si contamos con los meses de embarazo que he podido vivir en mis propias carnes me he ido haciendo una pequeña idea, y digo pequeña porque sé que sólo he iniciado el camino, de lo que es esto de la paternidad.

Son muchas las cosas que he ido aprendiendo, pero sobre todo lo que me ha enseñado es a valorar y estas son algunas de las cosas que me ha enseñado la paternidad.

Antes de ser padre y ahora que me voy moviendo con cierta soltura por el mundo entorno a la maternidad, blogs, libros, autores, marketing, etc. Me he ido haciendo una ligera idea de que es el prototipo de paternidad que se pretende vender por, vamos a llamarle, el mundo exterior y lo he examinado y comparado con lo que me ha enseñado el ser padre.

Así se supone que una nueva maternidad comienza con un parto sin drogas para así poder sentir la unión a tu bebé, que tras unas primeras semanas tu hijo dormirá séis o siete horas seguidas por la noche que tu hijo se comerá sus seis raciones de fruta y verdura diarias, así como un litro de agua, las chuches será algo anecdótico en su dieta, tu pareja y tú os repartiréis el trabajo diario y en unos cinco o seis años tendrás un niño bilingüe en casa. Y por supuesto, no te preocupes, porque podrás con todo.

Pues este humilde padre, tras unos años ejerciendo ha llegado a la conclusión que ahora valora mucho más que antes ciertas cosas como:

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Las siestas: reconozco que aquí hemos tenido (mi mujer y yo) una suerte tremenda, pues no henos tenido problemas en exceso a la hora de ponernos todos a dormir y es raro que un sábado hagamos algún plan antes de las siete de la tarde. Es el momento siesta de todos y a pesar de que el mayor empieza a poner sus peros termina por sucumbir a los encantos de Morfeo.

El silencio: no sabes lo mucho que se puede llegar a agradecer el silencio hasta que eres padre. Esa sensación de que todo está en calma que llega normalmente a última hora del día, casi ya con los últimos rayos de sol, cuando tus hijos por fin están en la cama y tras una larga tarde de juegos, gritos, llantos y canciones lo único que se oyen son tus pasos por el pasillo camino de la cama o el sofá para un pequeño momento de paz.

abuelos

Tus padres, cuanto más tiempo paso de padre, más entiendo a los míos. No ha sido hasta que he llevado un tiempo en esta nueva vida hasta que he podido por fin encontrarle sentido a eso que decían mis padres de "lo entenderán cuando seas padre" Y vaya si lo entendí, demasiado bien. Si algún día creyera en eso que llaman karma diría que tener hijos es el medio que tiene el universo para equilibrar las trastadas que liamos de pequeños.

Los abuelos y tíos, pilar básico en nuestro entorno y supongo que en el de muchos, pero en mi caso, los abuelos forman ese complemento perfecto en la educación y desarrollo de mis hijos, dándoles ese punto de "libertad" y especial cariño que nuestro día a día hace que perdamos.

Tomarse una caña tranquilo: Tener hijos no implica necesariamente tener que tirar a la basura tu carnet de socio del bar de la esquina, reconozco que las cosas no van a ser como antes, aunque depende claro de cómo fueran antes, pero tampoco tienen por que reducirse o limitarse a tener la misma vida social que una ameba. Eres padre, eso lo tenemos claro, pero también un ser social que necesita de vez en cuando relacionarse con los demás o simplemente romper el círculo de casa, colegio, trabajo, colegio, parque, casa. El problema es que tomarse una caña con tus vástagos puede resultar mucho más complicado que hacerlo cuando tenías 15 años.

Ojo, que no digo yo que eso de visitar terrazas con la descendencia sea un martirio, nada más lejos de mi intención, es más, es algo que solemos practicar en casa siempre que nos es posible. Pero el día que puedes encontrar un hueco, en que no tengas que estar cual perro pastor vigilando cualquier movimiento a tu alrededor, para tomarte una caña, vino, café o agua del grifo, surge en ti una sensación tal que ni en 300 horas de anuncios de refrescos podrían llegarte a vender. Si alguna empresa quiere vender sus refrescos, en vez de mostrar a mujeres sensuales y hombres de cuerpos perfectos, deberían sacar a un padre tomándose una caña sin niños por primera vez.

La risa: la risa de un niño es de lo más contagioso y efectivo que existe. Es algo limpio, sin límites o maquillaje, cuando un niño se ríe ¿alguien puede resistirse a hacer lo mismo?

Que alguien se preste a llevarse a tus hijos a dormir a su casa, lo que implica ni más ni menos que una noche libre de pasarla como bien os venga en gana y sobre todo, ¡una día que no va a empezar a las siete de la mañana! Cuando alguien me pregunta que qué quiero que me regalen, respondo lo mismo: una noche de niñera.

sencillo

Las cosas sencillas, esos momentos fugaces del día a día que hacen que todo tenga sentido y merezca la pena las carreras, los despertares, la falta de sueño. Un beso, unos pasos a la carrera buscándote, un papá o mamá, unos bracitos alrededor de tu cuello, una mirada. Son pequeños gestos que pueden dar un giro de 180 grados a un largo día.

En Bebés y Más | Lecciones de paternidad (y de vida) en las canciones de Bruce Springsteen, Los niños que crecen cerca de sus abuelos son más felices Foto | Thinkstock

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