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Cuando por fin duerman los niños, apagad los móviles

Cuando por fin duerman los niños, apagad los móviles
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En Bebés y más hemos comentado más de una vez que el uso de los smartphones está perjudicando las relaciones entre padres e hijos, porque al estar pendientes de la pantalla dejamos de estar disponibles para nuestros hijos, a pesar de estar juntos.

Ahora le damos una vuelta de rosca más al tema, para hablar sobre el uso de los móviles por la noche, ya en la cama, cuando tenemos a nuestra pareja al lado haciendo exactamente lo mismo, en un acto que podría ser muy perjudicial para los dos: cuando por fin duerman los niños, apagad los móviles.

Destruyendo las parejas

Es probable que después de los baños, las cenas, recoger la cocina y preparar lo del día siguiente, y cuando los niños ya se han dormido, enciendas el móvil para ver los mensajes pendientes, los correos e incluso veas qué novedades se cuecen en las redes sociales: ¡Llevas un buen rato sin mirar el móvil!

Sin embargo, es probable también que después de todo ello también lleves un buen rato sin hablar con tu pareja de algo que no sea la organización de la casa, lo que hay que comprar, arreglar o hacer.

Y quizás por eso en la revista No Shit, Sherlock, según cuentan en Fatherly, publicaron un artículo advirtiendo de lo peligroso que podía ser el uso del móvil en esos momentos en que las parejas están juntas y a solas.

"Ya casi no hablamos"

Y es que momentos para ver el móvil, durante el día, hay muchos, incluso cuando están juntos los dos miembros de la pareja. El problema, cuando añades niños a la ecuación, es que todo no se puede, y alguien (o algo) se resiente: o los niños, o el móvil, o tu pareja.

Según el artículo mencionado, tras las encuestas realizadas por investigadores de la Universidad de Baylor a 453 adultos, concluyen que utilizar el móvil ignorando a la pareja puede llegar a arruinar una relación.

En el caso de parejas sin hijos, por la falta de atención, por aquello de "Con quién hablas", "Le haces más caso al móvil que a mí", "Tierra llamando a María, aterriza que estoy aquí", o incluso llegando al punto de acabar escribiendo un WhatsApp para que la otra persona por fin te "escuche".

Si hablamos de parejas con hijos, porque el rato de la noche, juntos en la cama, puede llegar a ser el único en el que están juntos, uno al lado del otro, sin estar haciendo otra cosa, y pudiendo hablar.

Lo de solos ya es otra cosa, porque es muy posible que haya algún niño compartiendo habitación o incluso cama, sobre todo si son pequeños. Pero esto no quita que pueda llegar a dormirse antes y que ellos puedan hablar, o incluso que se duerma mientras ellos comparten lo que han hecho ese día, lo que esperan hacer, alguna anécdota curiosa, etc.

Compartir un rato de "calidad"

La gracia del momento, de ese instante, que a veces pueden ser unos pocos minutos hasta que uno de los dos empieza a babear completamente inconsciente (algunos llegan a la cama con mucho sueño acumulado), es compartir un momento de diálogo de los llamados "de calidad".

Algo como lo que acabamos de mencionar: anécdotas, planes a medio o largo plazo para hacer en familia, juntos; hablar de algo que le inquiete al otro, pedirle opinión sobre algo... en definitiva, seguir construyendo la relación de pareja apoyándose el uno en el otro, como hacían tiempo atrás.

Digo esto porque si el rato de estar juntos en la cama se va a convertir en "Tenemos que ir a comprar jabón de la lavadora, que no queda", "Recuerda que tenemos que pintar el pasillo" o "Tenemos que hablar sobre si viene o no a comer mi madre el sábado", se corre el riesgo de acabar prefiriendo mirar el móvil... de esas cosas es mejor hablar en otro momento, si puede ser, cuando entre los dos puedan ir planeando los quehaceres del día a día, y dejar que esos ratos de la noche tengan algo de especial, algo de aquella época en la que habrías dado lo que fuera por escuchar su voz unos segundos más, porque aún no vivíais juntos, cuando al encontraros cada tarde os recorrían las mariposas por el estómago.

Algo de eso. Ni que sea unos segundos. Ni que sea algún día.

Foto | iStock
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