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Salvan la vida de su bebé gracias a desobedecer las indicaciones de varios médicos

Salvan la vida de su bebé gracias a desobedecer las indicaciones de varios médicos
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Además de médicos, los facultativos son personas; y como tales, también cometen errores a veces. Esto hace que pueda suceder lo que hoy os vamos a contar, el caso de un bebé que se salvó gracias a que sus padres se dejaron llevar por su olfato, por su instinto, el que les decía que no podía ser lo que les estaban diciendo.

Es la historia de unos padres que insistieron en que vieran a su bebé una y otra vez hasta que por fin dieron con el diagnóstico que le salvó la vida, la historia de unos padres que salvaron la vida de su bebé gracias a desobedecer las indicaciones de varios médicos.

La madre se dio cuenta gracias a los masajes

Nicola Carpenter, madre del bebé llamado Alec, solía hacerle masajes siguiendo las técnicas que había aprendido en un curso para ponerle crema y relajarlo, y un día notó una protuberancia en la parte superior de una de sus piernas. Nunca había estado ahí, nunca antes la había notado, pero ese día había un bultito que le llamó la atención.

Según leemos en The Mirror, el bebé tenía una visita con la enfermera para ponerle las vacunas que le tocaban a las 12 semanas de vida, y la madre aprovechó para comentarlo con ella. Se trataba de un ganglio un poco inflamado, así que la enfermera le dijo que no era nada peligroso, y que era normal (es muy habitual que los niños tengan ganglios un poco inflamados de vez en cuando).

Sin embargo, a ese bultito le siguieron otros y la madre empezó a buscar quien le hiciera una valoración razonable, que al parecer nunca llegó. Al bebé lo vieron tres médicos de familia diferentes y los tres le dijeron lo mismo: que no era nada importante ni peligroso y que no había que hacer nada.

'¿Es vuestro primer hijo, verdad?'

Al parecer, y esta es una de las quejas de la madre, cada vez que iba al médico explicando el caso, le respondían con esta pregunta: si era su primer hijo (que les confirmaría la sospecha de que se trataba de una madre que se preocupaba mucho por poco), y si el parto había sido traumático (y por eso era aún más sobreprotectora).

Y en una cosa tenían razón: el nacimiento de Alec fue complicado y durante las primeras cuatro horas tuvo que recibir asistencia para poder respirar, porque no era capaz de hacerlo solo. Quizás gracias a esto la madre decidió que no se conformaba con que le dijeran que era normal y que no era más que una madre demasiado preocupada.

Dos visitas después lograron el diagnóstico

Alecbebe

Cansados de que no les hicieran caso, y viendo que el bebé tenía incluso los ojos hinchados y la zona de alrededor oscurecida, acudieron al Hospital de Ipswich. Allí otro médico les atendió y les dijo que padecía una neurofibromatosis, una enfermedad que ocasiona tumores en los nervios, que no tiene cura, y que va avanzando con el paso de los años. Por ello, les comentaron que lo ideal era que volvieran con su médico de cabecera para que él siguiera el caso.

Sin embargo, se negaron a creer que estuviera en lo cierto y no pararon hasta que allí mismo, en el hospital, les visitara un oncólogo. Y es que el estado del pequeño estaba cada vez más comprometido. No parecía que eso fuera una enfermedad a largo plazo, sino algo que día a día lo estaba poniendo cada vez peor.

Así fue como el oncólogo les dijo, siete semanas después de que la madre encontrara el bultito, que Alec tenía un neuroblastoma en fase cuatro (un cáncer del sistema nervioso que se extiende a los ganglios linfáticos).

Ya ha celebrado su primer cumpleaños

Hace poco que el bebé pudo celebrar su primer cumpleaños, y en este tiempo ha tenido que pasar por una cirugía mayor para extirpar un tumor que tenía en el tórax y cuatro sesiones de quimioterapia. Para los padres fue toda una odisea, lógicamente, porque vieron cómo el tratamiento que debía curarle lo dejaba mucho peor, cada vez que se lo ponían.

Sin embargo, una vez acabó, todo empezó a ir mejor y ahora Alec es un niño que deberá seguir sus controles, pero que está creciendo con normalidad, feliz y contento.

Después de todo esto, la madre asegura que no guarda ningún rencor hacia los médicos, pero que le gustaría instarles a que en sus valoraciones no caigan en la tentación de etiquetar a una madre, como si esa fuera la respuesta a la patología de muchos bebés, que puede ser muy real.

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