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Cuando el bebé rechaza el pecho (III)

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Hemos visto que hay muchas causas posibles por las que un bebé puede rechazar el pecho, y en este tema vamos a adentrarnos en las posibles soluciones que podemos adoptar para solventarlo.

¿Qué podemos hacer si el bebé rechaza el pecho?

No siempre podemos detectar cual es la causa del rechazo las propias madres, sobre todo si tenemos poca experiencia en lactancias previas y un entorno desconocedor del arte femenino del amamantamiento.

Si una vez hemos intentado las estrategias más comunes, que más adelante veremos, existen recursos a los que acudir. El pediatra o la matrona deberían ser capaces de orientarnos, pero, si esto no sucede, existen grupos de apoyo a la lactancia en muchas ciudades de España, en los que mujeres que han amamantado o lo están haciendo pueden aconsejarnos.

En estos grupos, además, suele haber asesoras de lactancia con formación específica y amplia experiencia, que incluso en ocasiones atienden telefónicamente. Para mi fueron vitales para mantener la lactancia.

Las consultoras de lactancia certificadas internacionalmente (IBCLC) son profesionales a las que podemos acudir para pedir ayuda y orientación e, incluso, nos podrán aconsejar otros especialistas y hasta fisioterapia en algunos casos concretos.

Estrategias generales

Hay algunas cosas sencillas que podemos hacer para intentar resolver, aparte de las ya mencionadas en los casos concretos, los problemas puntuales de rechazo del amamantamiento. Con ellas trataremos de crear un ambiente y unas circunstancias óptimas para mantener la lactancia, tranquilizar al bebé y no disminuir la producción.

La madre debe cuidarse y pedir ser cuidada. Estar descansada, bien alimentada e hidratada es muy importante. Cuando vayamos a dar el pecho deberiámos tener una botella con agua cerca, para poder beber si tenemos sed, cosa bastante habitual en mitad de la tetada.

Es sumamente importante tratar de mantenerse relajada. Obviamente, si el bebé rechaza el pecho es normal que los padres se sientan bajo mucha tensión, por ese motivo relajarse es importante, tanto que una situación de estrés excesiva puede hacer que la producción disminuya temporalmente. Veremos más adelante que, sobre todo, es vital que el niño reciba alimentación suficiente, del pecho, de leche extraída o, en último caso, con lactancia artificial. Su salud y alimentación debemos mantenerla asegurada mientras resolvemos la crisis y eso nos ayuda también a estar más tranquilas.

Si hay una crisis en la lactancia la madre suele necesitar centrarse en eso y las demás obligaciones la distraen, abruman y quitan tiempo que necesita para trabajar su lactancia. Hay que pedir ayuda o contratarla, siempre que nos sea posible, tanto para hacer las labores de la casa como para que cubran los momentos en los que sentimos que no podemos atender al cien por cien a los hijos mayores.

Estrategias concretas que ayudan a mejorar la lactancia

Para mejorar la lactancia es necesario centrarnos en ofrecer el pecho de manera libre al bebé, no regulando los horarios ni duración de las tomas, dejándo que mame cuando y cuanto quiera, a libre demanda real.

Pero no hay que forzar nunca al bebé a que mame. En realidad hacer que un bebé mame en contra de su voluntad no es posible, pero si sucede que, preocupada, la madre insista e insista hasta hacer aumentar el enfado del pequeño, llegando a aumentar su rechazo. Es decir, libre demanda, no oferta insistente.

Hay que estudiar la posición del bebé al pecho, buscando asesoramiento si tenemos cualquier duda, para lo que los grupos y las asesoras de lactancia pueden ser de enorme utilidad si en el entorno no hay madres de confianza que tengan amplia experiencia en lactancia. Nuestro pediatra y nuestra matrona tienen los conocimientos teóricos necesarios, pero no siempre la experiencia directa y sobre todo el tiempo necesario para estar presentes en una o varias tetadas para verificar que no hay una postura defectuosa. Y es que para detectar que el bebé no se agarra correctamente es preciso ver más de los pocos minutos de los que suelen disponer en las consultas.

La postura habitual, con el bebé acostado frente al vientre de la madre y con la aureola dentro de la boca no es suficiente indicación. Hay otras fórmulas factibles que pueden ayudarnos y, siempre que verifiquemos un agarre correcto, es conveniente dejarnos guiar por el niño, que elegirá una postura cómoda por si mismo, sobre todo los que ya tienen control sobre su cuello y cabeza.

Respetar al niño es muy importante. Hay pequeños a los que el ruido, las visitas y el jaleo les molestan y distraen en exceso. En la crisis debemos buscar especialmente el ambiente más al gusto del niño y si es preciso retirarnos a amamantar a un espacio donde sean menores las interrupciones si percibimos que el niño mama mejor asi.

Conclusión

Si nuestro bebé rechaza el pecho podemos intentar encontrar estrategias sencillas para mejorar nuestra postura y que relajen la tensión y nos ayuden a ambos a recuperar la fluidez en la lactancia. Sin embargo, además de las citadas en este tema, hay otras más generales, válidas para cualquier madre, amamante con o sin problemas o de también lactancia artificial, que son válidas en todos los casos para mejorar la conexión con el pequeño.

En Bebés y más | Cuando el bebé rechaza el pecho (I), Cuando el bebé rechaza el pecho (II)

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