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Amniocentesis: qué es y para qué sirve esta prueba en el embarazo

Amniocentesis: qué es y para qué sirve esta prueba en el embarazo
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La amniocentesis es una prueba diagnóstica por la que se extrae líquido amniótico del útero para someterlo a análisis o tratamientos.

Si bien puede brindar información valiosa sobre la salud del bebé con un mínimo riesgo, la posibilidad de aborto existe (0,6 por ciento a partir de la semana 15 de gestación), así que es lógico que la mujer se plantee si realizarla o no en caso de que su ginecólogo se la recomiende si ve posibles alteraciones en las pruebas de cribado anteriores.

Respondemos a los interrogantes más comunes que surgen en torno a la amniocentesis, para tener todos los datos antes de tomar una decisión.

¿Qué es la amniocentesis?

Su nombre viene de 'amnios', la bolsa que encierra al líquido amniótico, y 'centesis', que significa pinchazo.

Y es que esta prueba prenatal consiste en la extracción del líquido amniótico que rodea al feto y que permite que se mueva dentro de la pared del útero con comodidad. Además, contiene otros componentes necesarios para el crecimiento del niño y células desprendidas de su cuerpo.

En definitiva, la amniocentesis se refiere al procedimiento de punzar y absorber con una aguja un poco de líquido amniótico a través de la barriga de la mamá para luego analizarlo.

¿Cuándo se recomienda?

La Clínica Mayo explica que la amniocentesis se puede realizar por varios motivos:

  • Pruebas genéticas. Para detectar ciertas alteraciones cromosómicas, como el síndrome de Down.

  • Prueba de madurez de los pulmones del bebé. Analiza el líquido amniótico para determinar si los pulmones del bebé tienen la madurez suficiente para el nacimiento.

Solo se realiza si se está considerando un parto prematuro (ya sea por inducción o por cesárea) a fin de prevenir complicaciones del embarazo para la madre en una situación que no sea de urgencia. Se suele realizar entre las semanas 32 y 39 de embarazo. Es poco probable que los pulmones del bebé estén completamente desarrollados antes de la semana 32.

  • Diagnóstico de una infección fetal. O para evaluar la gravedad de la anemia en bebés que tienen sensibilización de Rh, un trastorno poco frecuente en el que el sistema inmunitario de la madre produce anticuerpos contra una proteína específica en la superficie de los glóbulos sanguíneos del bebé.

  • Tratamiento de polihidramnios. Cuando se acumula demasiado líquido amniótico en el útero durante el embarazo, se podría realizar una amniocentesis para drenar el exceso.

La amniocentesis genética: la más habitual

Hasta hace unos años, se recomendaba la amniocentesis a todas las mujeres mayores de 35 o 38 años (según la comunidad autónoma), teniendo en cuenta que el riesgo de anomalías cromosómicas se eleva con la edad.

Hoy sin embargo se consigue evitar un número importante de amniocentesis al definir el riesgo con los marcadores que se obtienen con diferentes pruebas de detección: test bioquímico de sangre materna (test combinado del primer trimestre), test de ADN fetal y ecografía.

Se incluyen en los programas de diagnóstico prenatal de los diferentes sistemas sanitarios españoles y permiten saber con una alta fiabilidad (85-90%) el riesgo de padecer anomalías cromosómicas.

De este modo, las redes sanitarias aconsejan realizar una prueba invasiva como la amniocentesis solo a las embarazadas que obtengan un informe del test combinado con resultado de riesgo alto (mayor o igual a 1 entre 250-350, en función del corte establecido por cada autonomía) y a quienes:

  • Hayan tenido un trastorno cromosómico o un defecto del tubo neural en un embarazo anterior. Si un embarazo anterior se vio afectado por trastornos como el síndrome de Down o un defecto del tubo neural (un trastorno grave que afecta el cerebro o la médula espinal), el médico podría recomendarte la amniocentesis para confirmar o descartar estos trastornos.

  • Tengan antecedentes familiares de una enfermedad genética específica o si el padre o la madre son portadores conocidos de una enfermedad genética, como la fibrosis quística.

  • Presentan alteraciones en alguna ecografía.

¿En qué semana de la gestación se realiza?

Las revisiones Cochrane, que consisten en un análisis exhaustivo de las evidencias médicas existentes, han revelado que la amniocentesis es más segura entre las dieciséis y dieciocho semanas de gestación.

De cualquier manera, tal y como advierten desde la clínica Mayo, la amniocentesis no es adecuada para todos los casos. El médico puede desaconsejar la amniocentesis si la mujer tiene una infección (como el VIH, la hepatitis B o la hepatitis C), ya que estas infecciones se pueden transmitir al bebé durante la amniocentesis.

La amniocentesis se incluye como prueba protocolaria, y por tanto gratuita, en la red sanitaria pública de España, tanto para las gestantes que han sido diagnosticadas con riesgo alto, como para quienes aleguen ansiedad ante alguna anomalía.

Así se realiza, paso a paso

  • Antes. Si la amniocentesis se realiza antes de la semana 20 de embarazo, puede ser necesario que la mujer tenga que beber mucho líquido para tener el útero sostenido. Sin embargo, después de la semana 20 de embarazo la vejiga debe estar vacía para minimizar la probabilidad de punción inexacta.

Será el médico quien explique el procedimiento a la madre, quien deberá firmar un consentimiento.

  • Ecografía. La mujer se recuesta boca arriba sobre una camilla con el abdomen descubierto y el especialista aplica un gel especial sobre el abdomen y luego utilizará un dispositivo pequeño conocido como «transductor ecográfico» para conocer la posición exacta del bebé en un monitor.

  • Insertar una aguja. Después de limpiar el abdomen con un antiséptico y, guiado por la ecografía, insertará una aguja hueca y delgada a través de la pared abdominal, hasta llegar al útero.

  • Extraer el líquido. Con una jeringa, el médico extraerá una pequeña cantidad de líquido amniótico y después retirará la aguja. La cantidad de líquido depende de las semanas de embarazo.

La madre debe permanecer inmóvil mientras se inserta la aguja y se extrae el líquido amniótico.

¿Duele la amniocentesis?

Cada persona tiene un umbral del dolor, y factores únicos como los nervios, hacen que cada caso sea diferente.

Pero el proceso es tan suave que no se indica la utilización de anestesia local. La zona en la que se trabaja no está especialmente poblada por nervios encargados de la nocicepción (la percepción del dolor) por lo que apenas se percibe fisiológicamente.

Aún así, es conveniente que la madre acuda acompañada a la prueba, tanto por el apoyo emocional que aporta, como para llevarla a casa.

¿Hay que guardar reposo después de la prueba?

A pesar de ser una prueba invasiva, su impacto fisiológico es mínimo. Eso significa que la madre podría volver a su actividad normal de inmediato.

No obstante, se recomienda guardar reposo durante las cuarenta y ocho horas siguientes a la prueba para evitar pérdidas de líquido o posibles complicaciones, y abstenerse de mantener relaciones sexuales, al menos el primer día.

Además, la mujer puede experimentar espasmos o un malestar pélvico leve después de una amniocentesis.

Hay que acudir a urgencias en caso de:

  • Pérdida de secreciones vaginales o sangrado vaginal

  • Espasmos uterinos graves que duran más de algunas horas

  • Fiebre

  • Enrojecimiento e inflamación donde se insertó la aguja

  • Actividad fetal inusual o falta de movimiento fetal

¿Qué riesgos implica la prueba?

Amniocentesis

Según explica la Clínica Mayo:

  • Pérdida de líquido amniótico. Excepcionalmente, después de una amniocentesis, el líquido amniótico se puede filtrar a través de la vagina. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la cantidad de líquido perdido es pequeña y se detiene en una semana.

En esos casos se puede optar por hospitalizar a la embarazada para controlarla hasta que lo recupere.

  • Aborto espontáneo. La amniocentesis durante el segundo trimestre conlleva un pequeño riesgo de aborto espontáneo, aproximadamente del 0,6 por ciento, algo mayor si se realiza antes de la semana 15.

  • Lesión causada por la aguja. Son muy poco frecuentes, aunque puede ocurrir que el bebé mueva un brazo o una pierna en la trayectoria de la aguja.

  • Sensibilización al factor Rh. Excepcionalmente, la amniocentesis podría provocar que los glóbulos sanguíneos del bebé ingresen al torrente sanguíneo de la madre.

Si la mujer es Rh negativo y no desarrolló anticuerpos contra la sangre del grupo Rh positivo (que se comprueba mediante un análisis), le administrarán una inyección de un derivado sanguíneo llamado «inmunoglobulina Rh» después de la prueba.

Esto impedirá que tu cuerpo produzca anticuerpos anti-Rh que podrían atravesar la placenta y dañar los glóbulos rojos del bebé.

  • Transmisión de infección al bebé. Muy improbable, porque la amniocentesis no se realiza si la mujer tiene hepatitis C, toxoplasmosis, VIH o SIDA, la infección podría transmitirse al bebé durante la amniocentesis.

Análisis de los resultados

La muestra de líquido amniótico extraída se analizará en un laboratorio. Algunos resultados podrían estar disponibles en 24-48 horas. Otros, podrían llevar hasta cuatro semanas.

En caso del diagnóstico genético, es necesario mantener las células obtenidas en cultivo durante 14 días. Eso significa que la mujer debe esperar entre tres y cuatro semanas de media desde que se le practicó la prueba para conocer el resultado.

¿Existen alternativas de diagnóstico precoz?

Para descartar o detectar problemas fetales cuanto antes, se puede optar por la biopsia de corion. Puede realizarse a partir de la décima semana de gestación y el resultado se obtiene en 24-48 horas. Consiste en la obtención de vellosidades coriales de la placenta en desarrollo y se realiza mediante una punción vía abdominal o vaginal, en función de la semana de gestación y la posición de la placenta. El problema es que se trata también de una prueba invasiva con un riesgo de aborto estimado entre un 1% y un 2%.

Conclusión: la amniocentesis es una prueba invasiva con mínimos riesgos pero existentes (un 0,6% por ciento de posibilidades de aborto). No es una prueba de diagnóstico obligatoria aunque sí protocolaria y gratuita en la Seguridad Social, recomendable en caso de que se detecten irregularidades en el cribado prenatal combinado o existan antecedentes de problemas genéticos.

De detectarse pronto, podrían ayudar a tratar posibles alteraciones en el feto (como la espina bífida) los cuanto antes y mejorar el diagnóstico.

Así que lo más conveniente es valorar los pros y los contras con el ginecólogo antes de decidir si realizarla o no.

Fotos | iStock

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