Compartir
Publicidad

Posibles intervenciones rutinarias en el parto hospitalario: el enema

Posibles intervenciones rutinarias en el parto hospitalario: el enema
Guardar
11 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Hace unos días empezamos a hablar de posibles intervenciones que hasta ahora se han considerado normales y habituales en los hospitales y que quizás aún formen parte de algunos protocolos, como la amnioscopia, de la que dijimos que debería utilizarse sólo en casos muy puntuales, y hoy vamos a tratar el enema.

Durante muchos años se ha administrado un enema a las mujeres que iban al hospital a parir para evitar la salida de heces durante el expulsivo y reducir la molestia (psicológica) que ello podría ocasionar a las madres (“qué vergüenza, me he cagado en el parto”).

Además se pensaba que el vaciamiento intestinal proporcionaría más espacio para el feto y que el estímulo del enema mejoraría la dinámica uterina, reduciendo la duración del parto.

Por otro lado, como tercer beneficio, se decía que evitando la defecación en ese momento se disminuían las probabilidades de que el bebé se contaminara al nacer, disminuyendo así las probabilidades de infección.

El enema en entredicho

Sin embargo, todas estas ventajas han sido cuestionadas e incluso se ha llegado a decir del enema que podría tener algunos inconvenientes. Para empezar, se dice que es un procedimiento molesto para muchas mujeres, desagradable y que puede incrementar el dolor durante el trabajo de parto.

Por otra parte supone un gasto sanitario tanto por el tratamiento, como por el tiempo que un profesional gasta en aplicar un procedimiento probablemente innecesario.

Finalmente se ha comentado que podrían producirse igualmente pérdidas fecales durante el parto, siendo éstas más acuosas y aumentando por lo tanto el riesgo de infección (menos densas = llegan a más sitios).

En definitiva se dice que el uso del enema ha quedado únicamente a expensas de las preferencias de los profesionales sanitarios.

Qué dice la evidencia científica

En el año 2008 se llevó a cabo una revisión Cochrane de 3 estudios cuya muestra total fue de 1765 mujeres. Tras analizar los datos de dichos estudios se observó que no había diferencias significativas para las tasas de infección ni en las madres ni en los recién nacidos tras un mes de seguimiento. No se observaron tampoco diferencias en la incidencia de infecciones de las vías respiratorias inferiores o superiores en los bebés ni diferencias significativas en cuanto a las tasas de infección umbilical neonatal.

Tampoco se apreció que las mujeres a las que se les aplicó un enema tuvieran partos más cortos (o al menos la diferencia no era significativa).

En lo que respecta a la satisfacción de la mujer, en el único ensayo (de los tres) en que se investigó esto, no se encontraron diferencias significativas en cuanto a la satisfacción de las mujeres.

Conclusión

Al observarse que la administración de enemas no reduce las tasas de infección materna ni las neonatales, que no reduce el tiempo del parto y que no parece mejorar la satisfacción materna, lo más recomendable es no utilizar el enema durante el parto de manera rutinaria, pues no hay razón para hacerlo.

En este caso parece que lo más lógico sería utilizarlo si la madre lo solicita y los profesionales están de acuerdo o si por la razón que sea se considera adecuado aplicar un enema a la embarazada.

Mi mujer, que es una de esas mujeres que tienen serios problemas de estreñimiento (cuando lea esto seguro que me mata), dice siempre que lo mejor de su segundo parto es “cuando me pusieron el enema” (bueno, lo mejor después de tener a su hijo, claro), porque por fin pudo saber qué se siente con el intestino vacío.

La razón de que se lo pusieran fue que, tras varias horas dilatando muy poco, una matrona le hizo un tacto vaginal sorprendiéndose al notar que tenía, tal y como le dijo, “un increíble tapón de caca”, que debía estar en la porción más distal del intestino grueso o incluso en el recto y que parecía evitar que la cabeza del niño descendiera más (imagino).

Fue poner el enema, vaciar el intestino y, en cuestión de media hora, dilatar increíblemente desde los 4-5 a los que llegó tras varias horas de contracciones a los 9 con los que le dijeron “venga, que vas a parir ya”.

En resumen, estoy seguro de que mi mujer pedirá (si no me lo pide a mí) un enema el día que vaya a dar a luz a su tercer hijo (si es que ese día llega algún día).

Foto | Ripkas en Flickr
En Bebés y más | Posibles intervenciones rutinarias en el parto hospitalario: la amnioscopia, El enema previo al parto no está justificado, Rasurado y enema previo al parto

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio
Inicio

Ver más artículos