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Salgo sin niños y "me falta algo"

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¿Sabéis que cuando a alguien le amputan un miembro sigue sintiéndolo? “Miembro fantasma”, le llaman. Pues mis niñas eran pequeños fantasmitas a mi alrededor hace un par de días… El viernes salí por primera vez a cenar sin mis hijas. Era una cena de aniversario de mi centro de trabajo, y por primera vez me decidí a salir sin ellas.

Cierto que alguna vez ya había acudido a un par de comidas de trabajo sin las peques, pero por un tiempo bastante limitado (vamos, casi saliendo con el postre en la boca…).

Así que después de casi cuatro años, me faltaban los pequeños “apéndices” alrededor, una sensación extraña que me recuerda a la de si alguna vez no tuvimos hijos. Enseguida me acordé de una amiga que hace unos años viajó conmigo a Mallorca y tenía ese impulso inconsciente de mirar alrededor para ver dónde estaban los niños.

Me lo comentó entonces, y pensé, “qué extraño”. Efectivamente, es raro salir sin ellos cuando llevas años haciéndolo, no ya para ir de compras o al trabajo, o las tareas que habitualmente hacemos sin ellos cuando van creciendo, sino en alguna situación diferente, de ocio.

Aún recuerdo la primera vez que salí sin mi hija mayor. Haría unos tres meses que había nacido y decidí ir una hora (recuerdo que me puse ese límite) a una exposición, muy cerca de casa. Ella dormía y si me la llevaba iba a estar más incómoda.

¡Qué rara me sentía! Sólo tres meses con ella (más, contando el embarazo) y ya “me faltaba”, como esos “miembros fantasma” que se siguen notando, a los que seguimos buscando. Tal vez en mi interior “quería” que ella también me hubiera echado en falta. Pero seguía durmiendo…

El viernes, varias veces me sorprendí mirando por el retrovisor sus asientos, consultando el teléfono y con unas ganas tremendas de llamar para saber cómo estaban, aunque cuando yo me fui de casa prácticamente ya se habían acostado. Me faltaba algo.

Aunque también he de decir que lo pasé estupendamente y que sabía que ellas estaban durmiendo plácidamente y no me necesitaban. Volví a unos años atrás, sin mirar el reloj, bailando y disfrutando de la noche, lo pasé muy bien ciertamente y creo que me sentó estupendamente esta salida.

Porque al día siguiente tenía unas grandísimas ganas de verlas y contarles todo lo que había hecho, enseñarles fotos, darles la flor que cogí para ellas… Durante la noche, sin mis hijas me faltaba algo, normal. Si es que llenan a raudales cada rinconcito de nuestra existencia… una huella imborrable y deliciosa que nunca se borrará.

Foto | Anemone Jones en Flickr
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