Nueve reglas de oro para una lactancia materna feliz, de una consultora de lactancia

Nueve reglas de oro para una lactancia materna feliz, de una consultora de lactancia
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Hace unos días una amiga tuvo su segundo hijo. Con la primera, como muchas otras mamás por desgracia, tuvo muchas dificultades con la lactancia materna: grietas, mastitis, necesidad de suplementar intermitentemente... y al final un sabor agridulce. A pesar de todo, a este segundo hijo estaba decidida también a darle el pecho, pero quería saber cómo actuar desde el principio: "Miryam, qué reglas de oro me cuentas para que en esta ocasión la lactancia se me dé bien?".

Antes de nada, le dije, lo que sucedió una primera vez no tiene que volver a suceder, y de hecho las segundas lactancias suelen ir mejor. Pero además, hay cosas que no podemos controlar nosotras y no salen según lo previsto. Aclarado esto, os cuento mis reglas de oro para una lactancia feliz.

1. Eres capaz, se puede, empodérate

La capacidad de producir leche y amamantar es una característica del ser humano. Las mujeres han alimentado así a sus hijos a lo largo de la historia, ¿por qué no ibas tú a ser capaz? Los casos de hipogalactia verdadera (incapacidad para producir leche suficiente para alimentar en exclusiva al bebé) son extraordinariamente raros.

Lo habitual es que una madre no tenga problema alguno en producir la leche suficiente para alimentar a su hijo (o sus hijos). Y todas las leches (salvo raras excepciones) aportan los nutrientes necesarios (desterremos ese temor de que "mi leche no alimenta").

2. Déjate guiar por tu instinto

Recuerdo una mamá que me contó en la primera revisión de bebé, que ella iba decidida a darle biberón, pero que ya en los últimos días antes del parto empezó a gotear calostro, y tras el parto el bebé se enganchó solo (es lo que se conoce como enganche o afianzamiento espontáneo, podéis ver un vídeo en este enlace).

Esto le pareció tan maravilloso que decidió mantener la lactancia materna. También veo muchas madres preocupadas porque el bebé no aguanta tres horas entre tomas, o porque les dicen que las usan de chupete; y yo les pregunto: "¿Tú estás bien así? ¿Es lo que te apetece hacer?" Pues adelante.

3. Infórmate

libros sobre lactancia

Es importante tener las ideas claras antes del parto. Decidir si queremos amamantar y conocer sus beneficios. En los cursos de preparación al parto suele haber una charla de lactancia materna, podemos además consultar las dudas con nuestra matrona y/o ginecólogo.

Existen en el mercado varios libros interesantes sobre lactancia materna. Además, en 2017 el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad editó la Guía para las madres que amamantan, cuya lectura recomiendo.

4. Rodéate bien

Hay veces en que la lactancia se desarrolla sin problemas, pero en muchas otras hay altibajos por lo que es bueno tener un entorno favorable y contar con los apoyos necesarios. Existen ya muchos hospitales y centros sanitarios IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia).

También puede ser de utilidad contar con alguien especialista en lactancia (IBCLC; enfermera, matrona o pediatra con formación) que pueda ayudarnos y asesorarnos. Y son muy beneficiosos los talleres y grupos de apoyo a la lactancia. Haz oídos sordos a los consejos o críticas de personas que no están formadas en estos temas, y consulta todas tus dudas con tu profesional de referencia.

5. Implica a la pareja

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La única que puede dar de mamar es la madre, pero eso no quiere decir que el padre (o la pareja) no sea importante en la lactancia. El apoyo incondicional de la pareja es fundamental a lo largo de esta etapa, pero muy especialmente en los primeros días tras el parto, para dar confianza y tranquilizar a la madre.

Es recomendable asistir juntos a los cursos de preparación al parto o si se acude a consultas de lactancia. El padre, además, puede gestionar las visitas y ocuparse de las tareas del hogar o cuidado de los otros hijos para favorecer el descanso de la madre y su recuperación tras el parto. Algunos padres me cuentan en consulta que sienten que les falta algo por no alimentar a sus hijos; salvo amamantarles, pueden desarrollar todas las otras tareas para favorecer el vínculo padre/hijo: contacto piel con piel, baño, aplicar crema y masaje, paseo, portearles....

6. Siempre que sea posible, piel con piel tras el parto

piel con piel

Salvo que las condiciones médicas no lo permitan, lo ideal es el contacto piel con piel con el recién nacido tras el parto. Les ayuda a regular su temperatura, disminuyen su gasto calórico y mejora su oxigenación; les ayuda, en definitiva, a adaptarse a la vida fuera de la tripa de su madre.

Además, favorece el vínculo afectivo madre/hijo y la liberación de oxictocina, lo que a su vez favorece la contractilidad del útero y la eyección de calostro. Está ampliamente demostrado que el contacto piel con piel tras el parto aumenta las posibilidades de éxito de la lactancia materna.

Se llama "hora de oro" a esa primera hora tras el parto, cuando el recién nacido está muy receptivo, muy alerta y es capaz de reptar hacia el pecho y engancharse sólo. Parece también que lo primero que el bebé succiona crea impronta y esto es de especial importancia en el caso de pezones planos o invertidos.

El piel con piel hace tiempo ya que se lleva a cabo en los partos vaginales, y más recientemente está implementándose en las cesáreas. Si por alguna razón vas a tener una cesárea programada, puedes informarte sobre cómo será el piel con piel posterior.

7. A demanda es a demanda

lactancia a demanda

La lactancia materna debe ser a demanda y sin reloj. Los recién nacidos en los primeros días de vida suelen hacer entre 8 y 12 tomas al día. Hay que desterrar el mito de que deben de pasar tres horas entre toma y toma. A veces comerán cada cuatro horas y otras mamarán cada hora; es normal.

También es normal que las tomas en las primeras semanas se prolonguen bastante; los bebés están aprendiendo a mamar, aún son pequeños, se cansan... No hay una duración mínima ni máxima que nos indique que una toma está bien hecha. La toma acabará cuando el bebé se suelte del pecho indicando que no quiere más (o en algunos casos se quede dormido). Si te parece que tu bebé mama muy frecuentemente, no se suelta nunca del pecho o las tomas te resultan eternas, consulta con tu pediatra, IBCLC o matrona para que valore si hay algo que está fallando.

8. Si te duele, revisa

lactancia materna

La lactancia no debe doler. A veces molesta los primeros días por la hipersensibilidad del pezón, pero el bebé no debe hacernos daño. Las grietas tampoco son normales, ni se trata de hacer callo o pensar que el dolor pasará en unos días.

Si nos duele cuando el bebé mama es que algo está fallando y hay que revisarlo. Con mucha frecuencia se trata de un mal enganche, que hace que el bebé dañe el pezón cuando mama. En otras ocasiones puede existir alguna anomalía en el bebé, por ejemplo un frenillo lingual corto, que dificulte el enganche.

9. Disfruta

Tal vez debería hacer sido la primera regla de oro en vez de la última.La lactancia puede resultar dura a veces (la subida de la leche, las tomas frecuentes especialmente por la noche...), por eso es importante que disfrutemos haciéndolo y estemos convencidas de ello. Si en algún momento sientes que no puedes más, que no estás disfrutando de tu bebé como deberías, no dudes en pedir ayuda.

Fotos / iStock

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