El psicólogo Alberto Soler, a quien entrevistamos en su día, hace una afirmación sobre la crianza y los recuerdos de lo más interesante: plantea que convertirse en madre o padre lo cambia todo… y también la forma en la que analizamos y recordamos nuestra propia infancia.
Pero, ¿de qué manera nos influye? Según él, existen dos grupos de personas; los que se dan cuenta de todo lo que sus padres han hecho por ellos, y conectan con el agradecimiento y la empatía (los entienden más ahora), y aquellos con infancias difíciles que se dan cuenta de todo aquello que les faltó.
Y entre estos dos grupos, por supuesto, también existen los grises y los matices. Descubre qué más ha dicho Alberto Soler sobre este tema.
Entender más a nuestros padres con la paternidad
Tal y cómo lo explica el experto, al ser padres o madres, hay personas que se reconcilian con su infancia y con sus progenitores, empatizan más con ellos, con sus dificultades, con sus manías, con sus formas de hacer...
Porque ahora, desde el punto de vista adulto, y compartiendo esa misma responsabilidad que implica la paternidad, se ven las cosas de otra forma. "Ahora entiendo a mi madre cuando decía que...", "siempre me ha molestado que mi padre hiciera esto y ahora fíjate, hago lo mismo...", o el clásico "qué fuerte, me estoy convirtiendo en mi madre".
Y esto es porque, según aclara el psicólogo, no es lo mismo vivir la escena desde un lugar de la historia que desde otro, y por eso hay tantas personas que empatizan con sus padres al caminar con sus propios zapatos.
Cuando la paternidad duele por la infancia que no se tuvo
Pero también es frecuente que ocurra todo lo contrario; personas que han atravesado como han podido su propia infancia (con infancias complicadas), y que al tener hijos todo se les revuelve. Por eso en su día hablamos de la importancia de hacer las paces con tu niño interior antes de tener hijos.
Estas personas recuerdan su propia infancia, sus vivencias, el trato que recibieron... y en lugar de reconciliarse, lo viven con frustración, tristeza o incluso rabia y resentimiento.
Esto ocurre en los casos en los que sus necesidades no fueron satisfechas de niños; quizás no las más obvias como la alimentación o el cobijo, pero sí otras como no ser escuchados, que les dejaran participar, recibir cariño, la falta de tiempo compartido... Ellos suelen pensar: "pues no habría sido tan difícil hacer las cosas de otra manera conmigo"; y eso, por supuesto, duele.
Y tú, ¿cómo recuerdas tu propia infancia? Si has sido padre o madre, ¿de qué forma esta experiencia te ha removido o cambiado?
Foto | Portada (Freepik + Alberto Soler)
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