Cómo nos afecta psicológicamente sufrir un aborto y cómo afrontar esta dolorosa experiencia

Cómo nos afecta psicológicamente sufrir un aborto y cómo afrontar esta dolorosa experiencia
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Sufrir un aborto es una experiencia muy dolorosa que impacta tremendamente en nuestra vida, un suceso que merece respeto, reconocimiento y acompañamiento.

Según los datos oficiales, uno de cada cuatro embarazos terminan en aborto espontáneo, y muchos de ellos ocurren por razones desconocidas. Hablamos sobre cómo nos afecta psicológicamente sufrir un aborto y ofrecemos algunas herramientas que pueden ayudarnos a transitar esta experiencia tan dolorosa.

Cómo nos afecta psicológicamente sufrir un aborto

Con la llegada del embarazo, una noticia llena de ilusión, surgen también miedos; miedos de que algo no vaya bien. Desafortunadamente, a veces se producen abortos espontáneos que no entienden de semanas ni de causas. El dolor es independiente de la semana de gestación.

Y es que un aborto es una pérdida, es la muerte de nuestro hijo. Esta muerte implica un duelo, un proceso de adaptación a la vida sin ese ser que queríamos y que no ha logrado nacer.

Y nos parece muy acertada la frase de J. Montoya Carrasquilla para resumir qué impacto tiene el duelo en nuestra vida:

"En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es total. Es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.”
-J. Montoya Carrasquilla-

Tras un aborto, las primeras emociones habituales en este proceso son el dolor, la tristeza, la incomprensión y el miedo. A veces puede aparecer también cierta sensación de calma, pero dura tan solo unos instantes.

Progresivamente van surgiendo otras emociones como la rabia, la impotencia y más miedo, así como una fuerte sensación de incomprensión por parte del entorno, sumado a esas olas de dolor que nos van sacudiendo y que se lo llevan todo por delante, incluyéndonos a nosotras mismas.

Un duelo incomprendido

El duelo por la pérdida de un hijo que aún no ha nacido es un duelo poco comprendido por el entorno, a nivel social, y es normal que tanta incomprensión nos oprima.

Así, al dolor de la pérdida se la añade el dolor por la incomprensión social, que se evidencia con frases (que nunca debemos decir a una mujer que ha sufrido un aborto) como: "ya tendrás a otro", "aún eres joven", "solo era un feto", "mujer legrada, mujer preñada". Frases horribles que solo generan más dolor.

Cómo afrontar esta dolorosa experiencia

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Antes de nada, es importante saber que no hay un tiempo establecido para elaborar el duelo. Cada mujer y cada pareja necesitará su propio ritmo y sus propios tiempos.

¿Qué necesitamos para afrontar esta pérdida?

Necesitamos acompañamiento emocional, reconocimiento de nuestro dolor y nuestra pérdida y mucha comprensión. Y pedir ayuda psicológica especializada si sentimos que la necesitamos.

También necesitamos saber que el duelo es un proceso cíclico, no lineal; es decir, que habrá ocasiones en las que sentirás que vuelves al principio, y es algo normal. Tanto tú como tu pareja si la hay atravesaréis distintas fases y emociones, todas ellas válidas.

Darte el espacio para sentir las emociones

Es importante darte espacios para sentir todas las emociones del duelo, así como permiso para transitar esas emociones. Recuerda que todo aquello que reprimes no se va:

"Las emociones que no son expresadas, nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas."
-Sigmund Freud-

Verbaliza tus emociones y comparte

También puede ayudarte verbalizar tus emociones, compartirlas con quien consideres, buscar apoyo y una red que te sostenga. Existen círculos de apoyo de mujeres que han pasado (o están pasando) por lo mismo. Evita aislarte.

La elaboración del duelo por la muerte de un hijo

Con el tiempo y la elaboración del duelo van llegando otras emociones, incluso, ciertos aprendizajes. Colocamos la pérdida en su lugar, así como los recuerdos de nuestro hijo.

Aprendemos a conectar con otras emociones, volvemos a ilusionarnos con otras cosas. Llega una ligera sensación de calma, sonrisas, momentos de luz que conviven con la pena y la tristeza.

Quizás la felicidad es aquel lugar donde conviven la pena y la alegría, y elaborar el duelo es ir dando pasos hacia ese lugar donde conviven emociones aparentemente contrapuestas.

Pero para esto es imprescindible el tiempo, el autoconocimiento y volver poco a poco a recuperar la esperanza de un nuevo comienzo (y no hablamos de otro embarazo, que también puede ser, sino de nuevas alegrías en general).

Aceptación, no olvido

El duelo culmina con la integración de esa pérdida en nuestra vida; le damos un lugar en nuestra arquitectura vital a nuestro hijo, un espacio desde el que amarle y recordarle siempre.

Hablamos de la aceptación de la vivencia, que no el olvido. La aceptación de la pérdida, de lo que no fue ni será.

Y a raíz de esa aceptación, poco a poco aparecen nuevas ilusiones; y nos enfrentamos a esta vida que tenemos por delante, con ese hijo que no nació pero que seguirá viviendo dentro de nosotras (y nosotros), en nuestros recuerdos, memoria e identidad.

Fotos | Portada (Freepik)

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