¿Cursar toda la etapa educativa en el mismo colegio o cambiar de centro?: analizamos las ventajas y desventajas de ambas opciones

¿Cursar toda la etapa educativa en el mismo colegio o cambiar de centro?: analizamos las ventajas y desventajas de ambas opciones
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Muchos colegios e institutos de nuestro país ya han comenzado con sus jornadas informativas de 'puertas abiertas' (este año de manera online debido a la pandemia) para ayudar a los padres en la compleja tarea de elegir un centro educativo para sus hijos.

Son muchos los aspectos a valorar a la hora de escoger un colegio, y para muchas familias, el hecho de que el niño pueda cursar toda su etapa educativa en el mismo centro es un punto positivo. Para otros en cambio no es algo importante, y aun existiendo la posibilidad de estudiar todas las etapas en el mismo colegio, prefieren cambiar al comenzar la Educación Secundaria o el Bachiller.

Como en cualquier otro aspecto de la educación, podemos encontrar ventajas y desventajas en ambas opciones, y aunque siempre va a depender de las necesidades y particularidades de cada alumno, hoy queremos analizar cada una de ellas.

Ventajas de estudiar toda la etapa educativa en el mismo centro

Si optas por elegir un colegio privado o concertado, lo más probable es que tu hijo pueda estudiar toda su etapa educativa en el mismo centro; esto es, desde primer ciclo de Educación Infantil hasta Bachillerato. Esto significa que entrará en el cole con 12 meses (o incluso puede que antes) y ya no lo abandonará hasta que cumpla los 18 años y comience la universidad.

Entre las principales ventajas que podemos destacar de esta situación estarían:

Fuertes vínculos con el colegio y los profesores

Los alumnos que cursan toda su etapa educativa en el mismo colegio hablan de un fuerte 'sentimiento de pertenencia' con su centro, además de importantes vínculos con los profesores. Y es que después de tantos años de estudio en un mismo colegio, este llega a sentirse casi como en un segundo hogar, repercutiendo en muchos casos en una mayor confianza y motivación por parte del alumno.

Mejor adaptabilidad en los cambios de ciclo

educación

Aunque con el paso a un nuevo ciclo cambian los profesores, es más que probable que el niño ya esté familiarizado con sus caras o incluso haya tenido la oportunidad de conocerlos en cualquier otra circunstancia (una charla educativa, una excursión, en caso de sustitución de su profesor habitual, un taller...).

Esta familiaridad con el profesorado hace que el paso a un nuevo ciclo resulte más llevadero para muchos niños.

Trato personalizado

Cursar toda la etapa educativa en un colegio no solo hará que los niños conozcan mejor a todos los profesores, sino también a la inversa, pues tras años de trayectoria académica es más fácil que los docentes conozcan las peculiaridades y circunstancias que se encuentran detrás de cada alumno, pudiendo ofrecer un trato más personalizado y motivador.

Amistades duraderas

amistades

Las amistades en la infancia son muy importantes, y el hecho de que el niño tenga la oportunidad de conservarlas durante toda su etapa educativa hará que su vínculo sea mucho más fuerte y duradero.

Por otro lado, y a pesar de que el colegio mezcle a los alumnos de diferentes clases con cada cambio de ciclo, cuando un niño pasa toda su etapa en el mismo centro esta práctica le resultará menos traumática, pues después de muchos años ya estarás más que familiarizado con todos sus compañeros.

Mayor tranquilidad para los padres

Todos estos puntos mencionados aportan a los padres una gran tranquilidad, ya que limitar toda la etapa educativa a un mismo centro permite un absoluto conocimiento de su funcionamiento, además de poder contar con referencias de todos los profesores y conocer bien a los amigos del niño.

Este punto adquiere una especial relevancia al llegar a la adolescencia, pues es más que probable que los amigos que el adolescente tenga en el colegio sean chicos y chicas que hayan crecido con él, e incluso las familias también se conozcan de años atrás.

Ventajas de cambiar de centro al cambiar de etapa educativa

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Si eliges para tu hijo un colegio público, la Educación Secundaria y el Bachiller deberá cursarlos en otro centro, lo que supondrá cambiar de cole o pasar al instituto a la edad de 12 años. No obstante, también son muchas las familias que aún habiendo elegido un cole concertado o privado con todas las etapas educativas, deciden cambiar a sus hijos de centro al finalizar la Primaria o la Secundaria.

Entre las ventajas que este cambio puede tener para el niño están:

Conocer nuevo métodos educativos

Cuando elegimos un colegio para nuestros hijos, lo hacemos porque su proyecto educativo nos gusta y encaja con nuestra forma de entender la educación en ese momento. Pero a medida que el niño va creciendo, sus necesidades educativas también pueden cambiar y esto es algo que suele hacerse más palpable con cada nuevo ciclo.

Por eso, el hecho de tener la oportunidad de elegir otro centro que se adapte mejor a esas nuevas necesidades que pueden surgir con la edad, es siempre un punto a favor.

Mejor preparación para la universidad

Un cambio de centro al comenzar la Secundaria o el Bachiller obliga al alumno a aprender a desenvolverse en nuevos entornos, adaptarse a nuevos profesores y acostumbrarse a otras metodologías de enseñanza y trabajo. Esto supone un importante aprendizaje de cara a comenzar la universidad, donde la diversidad de docentes y modelos de enseñanza que nos encontramos es inmensa.

Mayor autonomía del alumno

Este punto estaría muy relacionado con el anterior, pues el hecho de que el niño comience una nueva etapa educativa en otro centro le obliga a trabajar con más ahínco aspectos como la autonomía, la responsabilidad, el pensamiento crítico, la resiliencia o la creatividad.

Oportunidad de conocer nuevos amigos

adolescentes

Aunque a priori podamos pensar que para los niños especialmente tímidos o con dificultades en habilidades sociales cambiar de centro puede suponer un problema -sobre todo en un periodo tan sensible como la preadolescencia o la adolescencia-, son muchos los expertos que afirman que esto trae más beneficios que perjuicios.

Por un lado, el niño tiene la oportunidad de conocer nuevos compañeros y con ello descubrir nuevas personalidades, opiniones y formas de entender la vida. Esto fomenta el desarrollo de la empatía, la tolerancia y el respeto.

Por otro lado, si bien los amigos en la infancia son muy importantes, en muchos casos no perduran al llegar a la adolescencia, etapa que se caracteriza por el nacimiento de amistades que marcarán la personalidad del niño. En este sentido, cambiar de centro en la etapa de Secundaria o Bachiller permitirá al adolescente ampliar su círculo de amistades y conocer a otros adolescentes con intereses similares a los suyos.

Librarse de etiquetas y roles

Por desgracia, las etiquetas en la infancia son demasiado habituales, sobre todo en los colegios. Así, es frecuente que los propios alumnos se refieran a otros compañeros como "el empollón", "el vago", "el pelota", "el raro", "el despistado", "el listo"...

Si el niño carga con una etiqueta y toda su etapa educativa transcurre en el mismo centro, esta etiqueta se hará cada vez más potente, pudiendo afectarle emocionalmente. Por el contrario, al cambiar de centro el niño empezará de cero y su rol desaparecerá.

¿Qué aspectos negativos pueden darse?

colegio

En cuanto a los puntos negativos que encuentran las familias que deciden no cambiar a sus hijos de centro -esto es, que optan porque cursen toda su etapa académica en el mismo colegio- destacaría el miedo al "encasillamiento" del alumno (las temibles etiquetas que mencionábamos más arriba) y el temor a una sobreprotección por parte de los profesores que impida al niño desarrollar todas las habilidades necesarias para comenzar la universidad o enfrentarse al mundo laboral.

En lo que respecta a los puntos negativos que temen los padres que optan por el cambio de centro, la mayoría destaca el miedo a que sus hijos no encajen en el nuevo colegio/instituto o no consigan hacer nuevos amigos. Pero por lo general, se trata de miedos infundados que nacen de la anticipación de situaciones que la mayoría de las veces no ocurren.

En cualquier caso, esta es una decisión que debe meditarse mucho, y aunque podemos encontrar puntos favorables en ambos supuestos, siempre va a depender de las necesidades y particularidades propias de cada niño y cada familia.

Fotos | iStock

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