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Las frutas, ¿mejor con piel o peladas?

Las frutas, ¿mejor con piel o peladas?
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Como podéis imaginar, no nos estamos refiriendo a frutas como el melón, la naranja o el plátano, pero sí a esas otras cuya piel no resulta indigesta o susceptible de atragantarnos. Hay muchas frutas que, según nuestras costumbres (o gustos), podemos comer con o sin piel. Pero, ¿es mejor comer las frutas con piel o peladas?

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) señala que ingerir frutas peladas o con piel no es una cuestión relativa a la seguridad alimentaria, pues en ambos casos realizando una correcta manipulación del producto pueden calificarse como prácticas seguras y aptas para el consumidor.

Respecto a los posibles residuos que haya en la piel de las frutas, recordemos que es un factor que se tiene en cuenta a la hora de realizar la evaluación de riesgos al consumidor, y existe una práctica previa y obligatoria a la utilización de plaguicidas en alimentos, y en la fijación del correspondiente Limite Máximo de Residuos.

La autorización de utilización de un producto fitosanitario requiere la evaluación previa de las consecuencias que ello conlleva para la salud de los consumidores, teniéndose en cuenta los efectos a corto y largo plazo de esa ingesta, así como los grupos vulnerables de la población, como los niños, y siempre desde un enfoque del “peor caso posible”, es decir, aquella situación en la que tras la realización de ensayos supervisados se ha observado la mayor presencia de residuos en la fruta.

Aquellas frutas cuya piel es incomestible se evalúan teniendo en cuenta que la cantidad teórica máxima de residuos que se podrían ingerir está reducida pues se ha eliminado la piel.

Únicamente cuando esta evaluación de riesgos se ha realizado, se puede autorizar el uso de una sustancia activa (plaguicida), y en unas condiciones de uso que sean las estrictamente necesarias para asegurar la protección fitosanitaria sin poner en riesgo la salud pública. Sólo las frutas que cumplen con este límite pueden ser comercializadas.

Ahora bien, precisamente como la piel suele retener la mayor parte de los residuos de las sustancias químicas empleadas, es necesario que se lleve a cabo un lavado adecuado. Si por los valores nutricionales, especialmente su alto contenido en fibra, se opta por consumir la piel de la fruta, se debe siempre lavar.

Este lavado tiene como finalidad no sólo eliminar residuos de plaguicidas, sino también otras suciedades y restos de tierra que pueden aportar al alimento bacterias, virus, parásitos y contaminantes como el plomo. Esto es importante en el caso de las mujeres embarazadas para no contraer toxoplasmosis.

Las frutas y verduras deben lavarse colocándolas bajo un chorro de agua. Si están muy sucias pueden sumergirse o emplearse desinfectantes como la lejía de uso alimentario.

Para los bebés que empiezan la alimentación complementaria se aconseja pelarla a la hora de hacer las papillas, pero a partir del año ya pueden comer las frutas con piel, exceptuando tal vez por su elevado riesgo de alergias, el melocotón, nectarina y albaricoques, que algunos pediatras retrasan hasta los 18 meses.

A pesar de todo lo dicho, recordemos que la Asociación Española de Pediatría en sus consejos para reducir los componentes tóxicos de nuestro organismo en lo referido a la nutrición recomienda, entre otros muchos puntos,

Lavar y pelar las frutas y hortalizas para eliminar posibles residuos de plaguicidas. Siempre que sea posible, consumir alimentos cultivados sin fertilizantes o pesticidas.

En definitiva, si se consumen de un modo adecuado, las frutas con piel no suponen un riesgo para la salud. Manzanas, peras, uvas, ciruelas.... dependerá del gusto de los niños el que tomen las frutas con piel o sin piel. Como consejo personal os diría que no las tomen siempre del mismo modo, así se acostumbran a comer la fruta con piel y pelada, para cuando sea necesario variar (porque estén estreñidos o tengan diarrea, por ejemplo).

Vía | AESAN Foto | elefevre7 en Flickr-CC En Bebés y más | Consejos para reducir la exposición a contaminantes en las madres lactantes (y en todos), Naranjas, ¿enteras o exprimidas?, Decálogo de las frutas y verduras

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