
El acoso escolar, del que estamos hablando esta semana, es una situación real. Quizá nosotros mismos lo hemos sufrido de niños, pero hemos terminado negando su gravedad o asumiéndolo como normal. Como víctimas, agresores, participantes u observadores ha podido ser algo que hemos tenido en nuestra experiencia vital y que deseamos evitar que le llegue a suceder a nuestros hijos.
Una de las cuestiones que menos se suele entender es que el acoso y la violencia escolar involucra a todos los que la observan, no solamente a la víctima y sus agresores. Los otros niños lo suelen saber antes que los adultos pero no tienen herramientas para actuar.
Vamos a hablar de ellos, de los observadores, y os vamos a ofrecer algunos consejos para que podáis, más adelante, aplicarlos a vuestros hijos, hablándoles de este problema y explicándoles como actuar si detectan que un compañero es una víctima.
¿Qué no es acoso escolar?
Los niños se pelean a veces. No es que debamos aceptar la agresividad como fórmula de relación, pero debemos entender que no todas las peleas son signos de acoso escolar. Incluso puede que se quieran hacer daño en medio de una pelea niños que habían sido amigos y que pueden llegar a serlo de nuevo.








