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lenguado

Como señalábamos en la introducción a los temas sobre el pescado, no hay un criterio único para determinar el momento en que se puede añadir el pescado a la alimentación complementaria del bebé.

Pero en lo que sí había más consenso es en que el pescado blanco se introduce antes que el pescado azul, hacia los 9 o 10 meses de edad según la AEP.

Esto es porque la carne del pescado blanco es menos grasa (no supera el 2%) y más fácilmente digerible. Por ello se puede comenzar a introducir progresivamente en la dieta del bebé, empezando por poca cantidad y alternando con las papillas de carne y verdura.

Como vemos, la denominación “blanco” o “azul” no atiende a criterios biológicos, sino nutricionales (aunque la coloración externa de los pescados grasos suele tener tonos azulados, mientras que los magros son plateados, blancos).

Pasemos a ver detenidamente cuáles son los pescados blancos y cuál es la mejor elección y elaboración para la comida del bebé.

¿Cuáles son los pescados blancos?

Existe gran variedad de pescados blancos, y cada zona pesquera aporta sus variedades propias, por lo que se recomienda escoger los más habituales en nuestro mercado, a los que los padres están acostumbrados y además serán más económicos que otras especies raras o lejanas.

El término “pescado blanco” se usa para distinguir los pescados de origen oceánico con aleta dorsal, a diferencia del pescado azul, del que hablaremos en una siguiente entrada.

El principal beneficio del pescado blanco es que contiene pocas grasas y calorías, y muchas proteínas. Estas propiedades son las que lo convierten en un alimento muy recomendable para los bebés y niños. Su carne magra es de fácil digestión y aporta múltiples beneficios para la salud. Todos los pescados blancos contienen un valor nutritivo elevado y son ricos en vitaminas del complejo B.

Ejemplos de pescados blancos son: la merluza, la pescadilla, el lenguado, el gallo, gallina o gallineta, rape, faneca, maruca, cabracho (escorpena o rascacio)...

También el bacalao fresco (pero no en salazón, pues éste se considera, a nivel nutricional, un pescado azul, ya que el proceso de salazón aumenta considerablemente su concentración de grasa). Aunque el bacalao suele ser un pescado de los más alergénicos, por lo que se recomienda empezar por otras variedades más suaves, como la merluza, pescadilla o el lenguado.

Respecto al rodaballo y el congrio, hay clasificaciones que los incluyen entre los pescados blancos y otras entre los azules. Ante la duda, mejor dejarlos para su introducción posterior en la dieta, como si fueran azules. La gran variedad de pescados blancos no nos supondrá ninguna dificultad a la hora de elegir otras especies.

bacalao

Modo de preparación del pescado blanco

La mejor forma de cocinar el pescado blanco para el bebé a partir de los 9 o 10 meses es cocido al vapor, al horno o asado, sin sal. Como la cantidad que le ofrezcamos no ha de ser muy elevada, sobre todo al principio (unos 50-70 gramos), lo mejor es preparar el pescado en la papilla de verduras o con un caldo de verduras.

El pescado puede formar parte de la comida de mediodía o se puede dar en la merienda o cena, alternando con los purés de carne, siempre que no desplace a los lácteos y las frutas.

Muchos de estos pescados se comercializan enteros, aunque en la pescadería o nosotros mismos podemos separar los filetes que no lleven espinas (o al menos con menos riesgo de que lleven, siempre hemos de revisar y desmenuzar la carne del pescado).

Si compramos pescado fresco hemos de fijarnos en que los ojos sean brillantes y no estén hundidos, que la piel sea brillante, firme y escurridiza y que el olor que desprenda sea agradable. El pescado se deteriora rápidamente, de modo que si no se va a consumir en las 24 horas siguientes, lo mejor será congelarlo.

El pescado congelado tiene las mismas propiedades que el fresco, y mucho se comercializa en filetes. Los lomos están bastante limpios de espinas, aun así hay que revisarlos.

A la papilla podemos añadirle antes de que la tome el bebé una cucharada de aceite de oliva en crudo, y no añadiremos sal hasta después del año de edad.

Poco a poco el bebé irá apreciando su sabor, aunque puede que le cueste un poco al principio (hay bebés que lo aceptan sin problemas). Lo importante es empezar por pocas cantidades y observar si hay alguna reacción adversa.

El bebé lo tomará de formas muy diversas, pasando enseguida del puré a los trocitos (es muy adecuado por ser tan blando, incluso al empezar a darlo a los nueve meses ya no hace falta triturarlo tanto).

De este modo el pescado blanco es un alimento saludable que formará parte de la dieta habitual del bebé y de toda la familia. En la siguiente entrada hablaremos de los pescados azules.

Fotos | jlastras y e_calamar en Flickr
En Bebés y más | Alimentación complementaria: el pescado, Trucos para que los niños disfruten del pescado, El pescado en la alimentación infantil

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