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Los siete errores más básicos que cometemos los padres con nuestro segundo hijo
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Los siete errores más básicos que cometemos los padres con nuestro segundo hijo

Dicen que cuando eres padre primerizo cometes unos cuantos errores, la mayoría de ellos podemos decir que son producto de bien un exceso de confianza o por el contrario de una falta de ella, y lo que suele ser lo más común, una falta total y absoluta de experiencia a la hora de lidiar con un pequeño ser que apenas ocupa un cuarto de cuna y que parezca que se vaya a romper a la primera de cambio.

Por eso, cuando llega el segundo, uno piensa que el camino está hecho y a ti ya no te van a volver a pillar en "una de esas", y es cierto, gran parte del camino va a consistir en recorrer zonas por las que ya has pasado antes, cambios de pañal, papillas, baños, paseos, etc. El problema es que hay otros de los que ya nos hemos olvidado, sobre todo a medida que los hermanos se alejan en tiempo, como son los cólicos, las tomas cada pocas horas, despertarse varias veces en una noche, todo eso que tu mente escondió, - por supuesto por tu propio bien -, muy en el fondo de tu subconsciente va a volver a salir y lo va a hacer con la misma intensidad que lo hizo la primera vez, haciéndote creer que vuelves a ser un padre primerizo de nuevo y obligándote a comerte todos esos "si yo esto ya lo conozco..." Por eso, esperamos que te libres de algunos de los siete errores más básicos que cometemos los padres con nuestro segundo hijo.

Creer que el segundo hijo será igual que el primero

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El primero y se podría decir que el responsable del 99% del resto de errores que vas a cometer. Somos animales de costumbres y por mucho que nos hayan advertido que cada niño es un mundo, no nos lo creemos hasta que un día nos damos la vuelta y nuestro hijo pequeño se ha dedicado a hacer un collage en la pared con nuestras lacas de uñas o con los rotuladores del hermano mayor.

¡Pero si con el mayor nunca tuvimos ni un problema! Ahí lo has dicho, eso es lo principal "con el mayor", pero este es el pequeño que no tiene nada que ver con su hermano, salvo cuando unan ideas para liar alguna de forma conjunta.

El error del niño trampa

Derivada directamente de la anterior, consiste en creer que el futuro hermanito será igual de bueno que su hermano mayor. Que dormirá de un tirón, aunque realmente tardase casi dos años en hacerlo, pero ya sabemos que lo malos momentos se suelen olvidar, a veces. Que no cogerá berrinches ni te vaciará el bote de detergente en la lavadora, ni te obligará a cambiar de televisor porque haya probado a ver lo estable que es la base donde la has puesto... cosas así.

Recordad que por muy bueno y angelical que sea vuestro retoño, la vida puede tratar siempre de compensar la situación y os envíe otro, también muy angelical, pero con un puntito picante.

Creer que 1+1 = 2

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Toda la vida estudiando matemáticas y repitiendo uno y uno, dos, para que llegue la vida y rompa las normas y es que si algo es seguro es que en cuestión de niños uno y uno, nunca será igual a dos, jamás. Con un niño, aunque no lo veas y pienses que no es así, aún tenéis hueco para vosotros mismos. Quizás, al principio sea difícil verlo, pero cuando van pasando los meses veréis que si el niño está entretenido o durmiendo, por poner algún ejemplo, será tiempo que podéis aprovechar (es increíble la capacidad de dilatación del tiempo que tenemos los padres) para vosotros, bueno, para la casa y esos cientos de "cosas para más tarde" que tenéis por ahí.

Pero cuando aparece un segundo niño en el punto de mira, el tiempo empieza a disminuir y el día deja de tener 24 horas o al menos deja de tener horas para tí y tus cosas, porque cuando no es uno el que reclame atención lo hará el otro y casi mejor que no la reclamen los dos a la vez porque el resultado puede ser desastroso.

Convertir al hermano mayor en más mayor aún

El involucrar al hermano mayor en el día a día de la crianza de su hermano menor es una buena idea, pero no nos olvidemos que a pesar de lo mayor que lo vemos ahora al compararlo con su hermano, sigue siendo el mismo bebé que veíamos hace unos meses. Si, el mismo bebé que quería que le contaras un cuento, que si le preguntabas qué quería para cenar pedía salchichas, al que no le duraba una chocolatina ni un suspiro y que hace tres meses le compraste sus primeros patines.

Creer que el mayor se comportará como un adulto

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Hay veces que no nos damos cuenta, pero tener un recién nacido en casa es tan absorbente que no nos damos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor. Con el primer hijo, esto realmente no tiene excesiva importancia pues lo principal es tu bebé y el resto de cosas pueden pasar perfectamente a un segundo plano, pero con el segundo la cosa cambia, no todo puede pasar a un segundo plano, ahora tenéis a otro retoño que requiere de vuestra atención, de la misma forma que la requería cuando su hermano no estaba. Como decía, una vez que tienes a un recién nacido en casa es difícil ver que su hermano mayor sigue siendo un niño y que se comportará como un niño, haciendo ruido, corriendo de un lado a otro, reclamando atención, deseando salir al parque o jugar con mamá y papá, tal como estaba acostumbrado a hacer.

Pero nosotros necesitamos que esté en silencio si su hermano duerme, que no moleste a su hermano durante las tomas, que haga ciertas cosas solo para así ayudarnos con el poco tiempo que un bebé nos deja. Pero el niño sigue ahí, y es seguro que aprenderá y asumirá muchas cosas nuevas, sobre todo sin con ello obtiene la aprobación y el sitio que corresponde a un hermano mayor. Pero no esperemos que nuestro niño crezca cinco o seis años de golpe, porque no lo va a hacer.

No haber guardado la ropa para un "posible" hermano pequeño

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Vale, lo sé. Guardar la ropa de un niño, sobre todo las de los dos primeros años, puede requerir de una capacidad logística digna de un campamento militar, pero es algo que al final nos puede hacer ahorrarnos una cantidad importante de dinero. Incluso si los hermanos son de distinto sexo, habrá mucha ropa que podamos utilizar, sobre todo si el hermano pequeño es una niña, -normalmente somos más reacios a vestir de rosa a los niños-. Parte de la ropa de un recién nacido, que normalmente coincide con la más cara, se quedan pequeñas con apenas un par de puestas e incluso algunas sin llegar a estrenarse. Si calculamos una media de 4 euros por prenda y suponiendo que podamos usar entre camisetas, bodys, pijamas, pantalones y chaquetas unas 30 piezas (que normalmente la cifra es más alta) nos habremos ahorrado 120 euros, así por lo bajo.

Creer que no vas a poder darles el cariño que se merecen

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Tarde o temprano, en algún momento difícil, de los que te aseguro habrá muchos, pensarás que no lo estás haciendo bien, que ya no das para más y que tus hijos no reciben todo el cariño que se merecen. Todo padre y madre lo habrá pensado un par de veces, al menos, en su vida. Pero no es cierto, el amor de unos padres no es finito, no se gastará. Es cierto que ahora todo se ha vuelto más caótico y complicado, que antes podías prestar mucha más atención a tu hijo que ahora. Pero todo eso se racionalizará más tarde o más temprano y podréis dedicarle su tiempo a cada uno de vuestros hijos, tal como se merecen. Pero tened algo claro, lo estáis haciendo bien, no lo dudes.

Foto | thinkstock
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