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Por qué los padres nos preocupamos tanto por el crecimiento de nuestros hijos

Por qué los padres nos preocupamos tanto por el crecimiento de nuestros hijos
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Durante dos días hemos visto con las entradas “Cómo y cuánto crece un niño durante su infancia” cuáles son los factores que intervienen en el crecimiento de los niños y, por lo tanto, cuáles son los que no intervienen.

La alimentación es uno de los que intervienen (hay que comer para vivir y crecer), pero no en el modo en que muchos piensan, ya que es erróneo creer que cuanto más coma un niño más va a crecer.

A pesar de ello, las madres y padres nos preocupamos en demasía por el crecimiento de nuestros hijos haciendo hincapié en la dieta de nuestros hijos, tratando de que coman un poquito más cuando ya han dicho “hasta aquí puedo comer”.

Eva Paris, nuestra compañera editora preguntó en una de las entradas si esta conducta de control y preocupación paterna podría tener algo de instintivo, de innato, algo así como tratar de que estén sanos y fuertes para poder combatir a los teóricos depredadores y aprovecho esta entrada para contestar a la pregunta.

Podría ser innato…

No cabe duda de que un bebé o persona desnutrida tiene muchos números de caer enfermo, de mostrarse débil, de tener pocas fuerzas, pocas defensas y mucho peligro de entrar en un círculo vicioso en el que cuanto menos comes, menos fuerzas tienes y cuantas menos fuerzas tienes, menos capacidad para comer.

Seguro que el mensaje “debo alimentar a mi hijo” es algo innato, ya que, si observamos a los animales mamíferos, las madres alimentan a sus crías para que vivan y sobrevivan sin pensar en crecimientos ni fortalecimientos.

Si nos encontráramos con una familia en medio de la selva, una que no hubiera conocido cultura alguna, veríamos que también alimenta a sus hijos o cómo mínimo que siente la necesidad de llevarles algo de alimento a la boca (quizás por el simple hecho de pensar que como nosotros comemos, los bebés también tienen que comer).

…aunque lo más probable es que sea cultural

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Sin embargo no estamos hablando de si dar de comer a un bebé es algo innato o aprendido, sino de si la preocupación por que coman un poco más “por si acaso” es innata o cultural.

Y en este caso lo más probable es que este comportamiento sea cultural, es decir, aprendido.

La salud de nuestros hijos es algo que a los padres nos preocupa mucho y por eso tratamos siempre de prevenir controlando cosas que puedan afectarles. Hay muchos factores que pueden favorecer el estado de salud de un bebé y muchos factores que pueden empeorarla y, de todos ellos, son muchos los que quedan lejos de nuestro alcance y quizás por eso nos acabamos centrando única y exclusivamente en aquel que controlamos mejor: la comida.

Es algo parecido al momento en el que una persona mayor es ingresada en un hospital. Puede estar fatal, puede estar muriéndose o puede estar bien y recuperándose. El hecho es que, esté como esté, su única preocupación es hacer de vientre porque “hace 5 días que no hago”. Su estreñimiento es uno de los únicos factores que pueden controlar ya que la alimentación, el momento del lavado, su enfermedad y la medicación que se le administra está en manos de los profesionales médicos.

Pues la alimentación de los niños es uno de los factores que los padres podemos controlar porque vemos cuánto y cuándo comen (no podemos ver si les entra un microorganismo, si su cuerpo está luchando contra algún virus, etc.) y probablemente por ello acabamos por dar más importancia de la que tiene.

”Cómetelo todo que te pondrás fuerte”

O “cómetelo todo que te harás grande” o “cómetelo todo para estar más guapa” o la variante que prefiráis. Esta desafortunada frase forma parte de la herencia de nuestros padres y, de igual manera que antaño la gente se creía lo que decía, también ahora muchos se creen sus palabras cuando la pronuncian.

Lo cierto, realmente, es que no es una frase del todo cierta y de hecho ni siquiera es demasiado útil.

Los niños y niñas no piensan en estar altos y guapos diez años después gracias a la alimentación actual. Ellos comen porque tienen hambre. Ni más, ni menos.

Una frase cuyo resultado se obtendrá a tan largo plazo es poco productiva porque el niño que se encuentra ante el plato y que se esfuerza por comer un poco más no va a ver resultado alguno en su cuerpo (ni se va a sentir más fuerte, ni va a crecer de golpe), por lo que en momentos posteriores lo más probable es que piense “no es verdad, la otra vez no crecí ni tenía más fuerza”.

Y lo triste del tema no es que la frase tenga un plazo, es que ni siquiera va a ocurrir lo que vaticinamos.

Ningún niño del estado español (ni del hemisferio norte) va a crecer más ni va a estar más fuerte cuando llegue a la edad adulta por haberse forzado en su infancia a comer ese poco más que sus padres consideraban necesario, así que no es que sea una frase negativa, sino que es estéril (por no decir mentira).

Toda la vida nos han hecho comer más

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Pero toda la vida nos han hecho comer más, diréis muchos y muchas, y es cierto. “Deja esto y cómete este poco más”, “acábate el plato”, “hasta que no acabes no habrá postre” son algunas de las frases que oíamos de pequeños y dudo que gracias a ello hayamos crecido más. Más bien observo (no hace falta ser Sherlock Holmes) que la mayor parte de la población está haciendo ahora todo lo contrario, dietas para adelgazar.

Sin embargo esa visión del control que nuestros padres ejercían sobre nosotros se hereda, simplemente, porque es lo que hemos visto hacer siempre y ahora muchas madres y padres sienten la necesidad de hacer lo posible para que sus hijos se alimenten según lo que ellos consideran adecuado.

Y entonces, ¿cuánto tienen que comer?

Pues como ya hemos dicho otras veces, sólo ellos lo saben. Hay una frase que dice que “un jersey es lo que una madre le pone a su hijo cuando ella tiene frío”, pues de igual manera podemos decir que un plato de pasta lleno es lo que una madre le pone a su hijo cuando ella cree que su hijo lo necesita.

Resumiendo

Parece que el control por parte de los padres de la cantidad de alimento que toman nuestros hijos es algo que hemos aprendido porque es lo que hemos vivido como hijos y porque es lo que se sigue haciendo ahora (“ese niño no come nada”, “es muy mal comedor”, “no puedes dejarle que se vaya a jugar si aún no ha acabado”,…).

El consejo al respecto es que ofrezcamos a nuestros hijos alimentación variada y sana. Ellos mismos comerán lo que necesiten tanto en cantidad como en calidad (si lo que ofrecemos es de calidad, no hay manera de fallar).

Parecerá increíble, pero si me preguntan cuánto come mi hijo el mayor, casi no sabría qué responder. El lunes comió todo lo que le pusimos y aún repitió, sin embargo ayer comió un par de trocitos (de los que se cogen con el tenedor) de pollo a mediodía y no volvió a probar bocado hasta la merienda. Sigue vivo, está sano y tiene más energía que el sol (por si sirve de algo comentarlo).

Fotos | Flickr – Ernst Vikne, phil wood, left-hand
En Bebés y más | Cómo y cuánto crece un niño durante su infancia (I) y (II), Alimentación complementaria: ¿Cuánto tiene que comer mi hijo? (I), Alimentación complementaria: ¿Qué pasaría si les dejáramos comer a ellos?

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