Nueve errores que cometen los padres y madres cuando van al parque con sus hijos

Nueve errores que cometen los padres y madres cuando van al parque con sus hijos
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Jugar en el parque es una de las actividades favoritas de los niños. Allí socializan, aprenden las reglas del juego, desarrollan sus capacidades, sentidos y creatividad, y van interiorizando poco a poco las normas de convivencia.

El parque debería ser para los peques un lugar positivo en el que disfrutar y aprender, pero en muchos casos acaba convirtiéndose en un foco de conflictos por la mala praxis de los adultos que los acompañamos.

Si eres padre/madre, abuelo o cuidador de un niño, esto es lo que NO debes hacer cuando lo lleves al parque.

Desentenderte de tu hijo

Apuesto a que esta escena os resulta familiar: estás empujando el columpio de tu hijo y un niño pequeño, al que no conoces, se acerca y te pide que le subas al columpio que está al lado.

Echas un vistazo alrededor en busca de algún adulto al cargo de ese niño, pero no ves a nadie. Al preguntarle por su papá o su mamá, señala a una persona completamente absorta en su teléfono móvil, que ni siquiera se ha percatado de que su hijo está hablando contigo.

Por desgracia, me he topado con esta situaciones montones de veces

Niños que campan a sus anchas por el parque sin que nadie les observe; que se caen al suelo y no tienen quien los ayude a levantarse; que corren hacia la carretera tras una pelota, siendo otras personas -y no sus padres o cuidadores- quienes les frenan; que roban juguetes a otros niños con total impunidad; que empujan o pegan sin que nadie corrija su comportamiento...

Llevar a un niño al parque no significa "soltarle" y olvidarse de él mientras leemos, charlamos con otros padres o miramos el móvil. Aunque se trate de un espacio lúdico, abierto e infantil, los padres debemos responsabilizarnos de nuestros hijos en todo momento y seguir educándolos allá donde vayan.

Meterte en las cuestiones de los niños

En el extremo opuesto al caso anterior estarían aquellos padres hiperprotectores que no son capaces de observar desde un segundo plano, sino que necesitan dirigir continuamente la vida de sus hijos (y la de los otros niños).

En el parque los niños pueden entrenar su autonomía, sus relaciones sociales y sus habilidades de negociación y resolución de conflictos.

Pero nada de esto será posible si los adultos nos entrometemos continuamente en sus cosas, resolvemos los conflictos por ellos, pedimos a otros niños que dejen jugar al nuestro, guiamos su juego, no les permitimos poner a prueba sus límites físicos y entrenar sus habilidades motoras...

Por supuesto es importante estar pendiente de nuestro hijo y prestarle ayuda si nos necesita (lo vemos en el ejemplo siguiente), pero nunca anular su voluntad, capacidad de decisión y autonomía.

No intervenir si vemos que nuestro hijo sufre

Los conflictos entre niños son habituales: se pegan, se quitan los juguetes, se empujan, se tiran arena... Como venimos diciendo, están aprendiendo a relacionarse y todo proceso de aprendizaje conlleva tiempo.

En este sentido, cuando se produce un conflicto entre niños pequeños lo habitual es que no pase a mayores y ellos solos lo resuelvan. Pero si observamos un desequilibrio en la situación y claramente nuestro hijo sufre las consecuencias, no hacer nada no es la solución.

Para los niños, los padres somos sus figuras de apego, su consuelo y su refugio. Si dejamos que nuestro hijo lo pase mal siendo testigos de la situación, estaremos faltando a esa confianza ciega que tiene en nosotros.

Así por ejemplo, si un niño agrede a nuestro hijo y sus padres no están presenten en ese momento, hemos de parar la agresión actuando desde el respeto. Después, debemos consolar a nuestro hijo sin restar importancia a lo que está sintiendo, al tiempo que le proporcionamos las herramientas necesarias para gestionar dicho conflicto.

Regañar a niños que no son nuestros

Al hilo de lo anterior, muchos padres se toman la libertad de regañar a niños desconocidos cuando consideran que han hecho algo inapropiado. En líneas generales, esto es algo que debemos evitar y en caso de tener algo que decir, hablar siempre con el adulto al cargo de ese niño.

Reprender a nuestro hijo en público

juego

Si es nuestro hijo quien hace algo indebido, es nuestra obligación reprender su actitud de forma constructiva, hacerle ver las consecuencias de sus actos y repasar nuevamente los límites para evitar que vuelvan a quebrantarse.

Pero es fundamental que todo esto lo hagamos en privado y alejados de las miradas de otras personas, por varios motivos:

  • Si corregimos a nuestro hijo en público, otras personas podrían forjarse una imagen distorsionada de nuestro peque acorde a nuestro sermón y, en consecuencia, atribuirle ciertas etiquetas.
  • Aunque el niño haya errado merece ser tratado con respeto, y reprenderle delante de sus amigos, de personas conocidas o desconocidas, es irrespetuoso, puede avergonzarle y dañar su autoestima.
  • Si reprendemos públicamente, es muy probable que nos sintamos condicionados a actuar de la forma en que consideramos que otros esperan que actuemos, sin tener en cuenta las necesidades de nuestro hijo.

Tras hablar con nuestro hijo en privado de forma respetuosa, llegaría el turno de ayudarle a reparar el error y disculparse con las personas afectadas.

Obligar a tu hijo o a otros niños a compartir

parque infantil

Seguro que en más de una ocasión te has encontrado en el parque con niños (conocidos o no de tu hijo) que al ver los juguetes de tu peque te han preguntado si pueden tomar prestado alguno.

Ante esta pregunta de cortesía, la mayoría de los padres solemos responder rápidamente que sí, sin darnos cuenta de que nosotros no tenemos derecho a decidir sobre las pertenencias de nuestro hijo.

Por eso, en esta situación lo recomendable es instar al niño a que le pregunte directamente al nuestro si desea compartir sus juguetes, y por supuesto, respetar la decisión de nuestro hijo.

Pero también puede suceder lo contrario, y es que nuestro hijo quiera el juguete de otro niño. Si es así, debemos animarle a pedírselo prestado de forma educada y dejar que entre ellos decidan.

En ningún caso debemos avasallar al otro niño con frases como: "¿a que le dejas tu pelota a mi hijo?", "tienes que compartir tus juguetes", "déjale tu camión, que es más pequeñito que tú", "no pasa nada, te lo devuelve enseguida"... En definitiva, no hagamos con otros niños lo que no nos gustaría que otros adultos hicieran con nuestro hijo.

Dejar a tu hijo al cargo de otro niño mayor

parque infantil

Los niños, por mayores y maduros que nos parezcan, son solamente niños y su responsabilidad no debería ser la cuidar de otros más pequeños; aunque se trate de sus hermanos, vecinos o amigos.

Dejar a un niño pequeño al cargo de otro puede ser peligroso. Pero además, cuando responsabilizamos a un niño del cuidado de uno menor no estamos teniendo en cuenta su necesidad de jugar y correr libremente de forma despreocupada.

Dar al niño un teléfono móvil para que juegue

A veces los niños se frustran, enfadan y estallan emocionalmente ante la atenta mirada de todos. En esos momentos, con el único afán de calmarles, muchos padres caen en el error de usar su teléfono móvil como chupete emocional.

También he visto a niños aburridos sentados en el banco del parque jugando con los teléfonos de sus padres. Quizá estos, en un intento de que el niño "no moleste" mientras sus hermanos juegan o ellos charlan con otros adultos, ceden ante la tecnología.

Los niños pequeños no deberían usar pantallas, y mucho menos hacerlo en estas circunstancias. El parque es un lugar para jugar al aire libre e interactuar, no para aislarse detrás de una pantalla.

Repartir alimentos y snacks entre otros niños

Cuando llega la hora de merendar, otra escena muy habitual en el parque es comenzar a repartir galletas, snacks o otros aperitivos al resto de niños que están con el nuestro, como señal de cortesía.

Pero nunca, jamás, debemos dar comida a otro niño sin el permiso previo de sus padres o adulto al cargo. Piensa que podría haber algún niño alérgico a alguno de los alimentos que estás ofreciendo, o padres que simplemente no quieren que sus hijos coman según qué cosas.

En definitiva, la merienda que lleves al parque debe ser única y exclusivamente para tu hijo, y si deseas ofrecer a los demás o algún niño te pide, preguntar siempre al adulto.

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