Mi hijo adolescente se ha enamorado: así puedes acompañarlo sin agobiarlo ni pretender ser su amigo

Mi hijo adolescente se ha enamorado: así puedes acompañarlo sin agobiarlo ni pretender ser su amigo
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Mariposas en el estómago, cantar a todas horas, mostrar una sonrisa tontorrona, perder el apetito, llorar sin motivo... ¿Te suena? Son algunas de las señales que podrían indicar que tu hijo adolescente se ha enamorado.

Tal vez es su primera vez, pero ¡no temas! Como padres podemos acompañarles en esta etapa también. ¿Cómo? Con empatía, libertad y comprensión.

Enamorarse: la búsqueda de la identidad y la independencia de los padres

Que nuestro hijo se enamore, también dice mucho de en qué momento está, y qué necesita expresar; está, precisamente, en esa búsqueda de identidad propia de la adolescencia. Y aunque creamos que el amor y esa búsqueda de identidad no tienen nada que ver, sí lo tienen.

En este proceso en el que se encuentran nuestros hijos hacia la adquisición de quiénes sienten que son, se diferencian de sus padres y construyen su propia personalidad. Y todo esto sucede también a través del enamoramiento.

Lo que ocurre es que poco a poco se van independizando de sus padres, a medida que van estableciendo vínculos con otras personas significativas para ellos; y no hablamos solo de vínculos de amistad, sino también de vínculos profundos como los que se dan en el amor. De esta forma, empiezan a sentir que quieren a otras personas de forma diferente a "la habitual", y también se enamoran.

Debemos acompañarles como padres

En este camino en el que descubren que sienten cosas diferentes por los demás, empiezan a aprender cómo se quiere a las personas, se diferencian y se aproximan un poco más a aquello en lo que se convertirán un día. Como padres, es importante acompañarles en este proceso. Pero, ¿de qué forma?

Ni como amigos ni como colegas; somos sus padres, y ese es nuestro rol. Aunque queramos acercarnos a ellos y entenderlos, debemos hacerlo desde ahí. ¿Cómo?

Aportándoles confianza para que acudan a nosotros si sienten que lo necesitan y dándoles la libertad y la oportunidad de vivir su vida a su manera, de tener su espacio y sobre todo, permitiendo que se equivoquen para poder aprender. Esto no quita que los límites que mantengamos con ellos debamos mantenerlos.

Averigua cómo está viviendo ese amor

¿Se trata solo de un enamoramiento o ya existe una relación con la otra persona? Es decir, ¿ese amor es correspondido? ¿Cómo vive este amor tu hijo? ¿Con alegría, tranquilidad, ilusión, angustia...?

Porque se trata de situaciones muy diferentes que conviene conocer. Para averiguarlo, háblalo abiertamente con él, en un momento distendido y tranquilo para ambos. Preguntándole pero sin agobiarle si en un momento dado prefiere no abrirse.

Por otro lado, es importante no infravalorar o invalidar su amor o sus sentimientos, con frases como "eso es una tontería", o "qué vas a saber tú". Claro que lo saben, saben perfectamente lo que sienten, aunque la propia emoción les lleve a engrandecerlo.

Atentos a las señales de una relación tóxica

En línea con el punto anterior, es importante estar atentos a las posibles señales de alerta que puedan indicarnos que nuestro hijo está en una relación tóxica.

Por ejemplo, podemos observar si existe un control excesivo en la relación (por parte de uno o ambos), como mirar el móvil del otro, si aparecen conductas de desconfianza, celos, comportamientos que nos parecen extraños, posesividad, si vemos que nuestro hijo tiene miedo de ser él mismo...

Si detectamos algunas de estas señales, lo mejor será que hablemos con nuestro hijo y que nos explique cómo está viviendo realmente esa relación, para poder ayudarle.

No hablar mal de la persona de la que se ha enamorado

Una cosa es que la relación de nuestro hijo con su pareja sea tóxica, y la otra, diferente, que esa persona en cuestión no nos guste a nosotros (pero sea una relación sana). Primero hemos de diferenciar una cosa de la otra.

Si nos referimos al segundo caso, es mejor que no hablemos mal de esa persona, sino que intentemos entender las razones de nuestro hijo y nos mantengamos al margen en ese sentido. Otra cosa será que esa persona realmente sea tóxica o dañina para nuestro hijo (ahí sí debemos actuar), pero hemos de intentar ser objetivos y respetar.

¿Conviene que les hablemos de nuestra experiencia cuando teníamos su edad?

Si nuestro hijo se enamora y tiene dudas de cómo se siente, tiene preguntas, o incluso, quiere conocer cómo vivimos nosotros esa etapa, también puede ser beneficioso para ellos que nos sinceremos. Esto no es imprescindible que lo hagamos, pero si tenemos confianza con nuestro hijo y nos apetece, podemos hacerlo.

Se trata de explicarles hasta donde queramos, y de abrir esa faceta personal hasta el punto en que elijamos. Tal vez ahí nuestro hijo tenga un espejo al que mirarse y le ayude a entender ciertas sensaciones que ahora está teniendo, o a relativizar.

¿Y si nos apetece conocer a esa persona?

Si nuestro hijo se ha enamorado, y sobre todo, si ya empieza a tener una relación con esa persona, es normal que como padres queramos conocerla.

Podemos proponérselo cuando ya lleven un tiempo juntos (por ejemplo, "¿qué te parecería que [nombre] viniera a comer el fin de semana?"), pero al final, hemos de entender que ellos deberán decidir.

Así, démosles libertad para decidir pero propongámoslo con naturalidad. Si lo viven sin sentirse presionados, es más probable que acepten la propuesta.

Aporta una dosis de realidad: hay tiempo para todo

Sabemos que cuando nos enamoramos (sobre todo, siendo adolescente cuando se trata del primer amor), nuestra mente enloquece un poco. El enamoramiento se fundamenta en una gran cascada química y hormonal en nuestro cerebro y nuestro cuerpo.

Por ello es normal que nuestros hijos estén como en una nube, y que idealicen a la otra persona, todo lo que están viviendo... Como padres, eso sí, es importante que les aportemos una dosis de realidad también.

No para desilusionarles sino para que puedan mantener un pie en la tierra (y ser un poco más objetivos), aunque el otro esté en el cielo. De esta forma, podemos prevenirles de ciertas situaciones y ofrecerles información y recursos, aunque aparentemente no nos hagan caso.

¿A qué nos referimos? Por ejemplo, a intentar que no pierdan el foco de los estudios, si los vemos más despistados o solo pendientes de su nuevo amor. También podemos animarles a seguir invirtiendo su tiempo en otras facetas de su vida, como sus amigos, su familia o sus hobbies. Que ese amor no sea lo único en su vida.

¿Y si se produce una ruptura o un desengaño amoroso?

La fase del enamoramiento puede llegar a ser muy bonita e intensa, pero cuando el amor se acaba, hay una ruptura o un desengaño amoroso, los adolescentes lo viven con la misma intensidad, solo que ahora hacia el otro lado. Pueden mostrarse muy tristes, con la sensación de que "a nadie más le pasa esto", o que "nadie les puede entender", que "el mundo se ha acabado".

Y realmente lo viven así. Pero como padres, sabemos que esto también pasará. Será momento entonces de estar ahí para contenerlos, consolarlos y ofrecerles ese abrazo que necesitan.

Debemos empatizar con su dolor y validarlo, porque para ellos lo que están viviendo es algo muy significativo. Pero siempre aportando esa dosis de realidad, cariño y comprensión infinita, y enseñándoles a gestionar sus emociones.

Aprender a gestionar las emociones y situar la mente más allá

Una buena gestión emocional pasa por enseñarles a nuestros hijos a sentir las emociones de forma consciente, buscando formas de canalizarlas cuando les "superen" pero aprendiendo también a relativizar y a activar la razón de vez en cuando, proyectándose en el futuro y no en el presente más inmediato.

Deben saber que, eso que sienten ahora mismo, esta intensa angustia y tristeza por la ruptura o la pérdida, no será la misma que sientan en unos días, semanas, etc. Que las emociones son volátiles y van cambiando, aunque ahora sientan que nada tiene sentido. Todo pasará, esto también.

Fotos | Portada (Freepik)

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