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Estas son las nueve razones por las que las parejas discuten cuando son padres
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Estas son las nueve razones por las que las parejas discuten cuando son padres

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Cuando una pareja tiene un hijo sus vidas cambian completamente, tanto a nivel personal como a nivel de pareja. Ya no son ellos solos, ya no son solo una pareja, sino que pasan a ser una familia.

Y en esa transformación de pareja a familia, donde como pareja eran la suma de dos personas responsables de sí mismas, autónomas e independientes, se "cuela" un bebé recién nacido, que es todo lo contrario a lo que ellos son: dependiente, nada autónomo y muy, muy demandante, tanto, que empiezan las primeras discusiones y enfados. Para hablar de ello, os vamos a mostrar hoy cuáles son las nueve razones por las que las parejas discuten cuando son padres.

Pero, ¿qué pierden los padres al llegar el bebé? ¿Esto no ha pasado siempre?

Claro que ha pasado siempre, pero la vida cambia, generación tras generación, y los bebés no. Ellos son siempre iguales, los nacidos hace 200 años y los nacidos ahora. Dependientes, demandantes, llorando en cuanto algo les molesta un poquito y necesitados de contacto a veces continuo.

En un momento actual en que las personas viven en la inmediatez y han perdido un poco la paciencia, el choque es cada vez más fuerte, más intenso. ¿Que a qué me refiero con la inmediatez? Pues en que ahora necesitamos cada vez más cosas y las necesitamos para "cada vez antes": ¿recordáis cuando para hablar con alguien tenías que llamar a su casa, a riesgo de que no estuviera, y le dejaran un recado para que llamara horas después, o a veces al día siguiente? ¿Recordáis cuando, para saber de alguien lejano, enviábamos una carta cuya respuesta llevaba días, semanas después? ¿Recordáis cuando para hacer la comida nuestras madres se tiraban la mañana entera en la cocina? ¿Recordáis cuando se lavaba la ropa a mano, cuando no había secadoras y se tendía en cuerdas para que se secase, cuando no había lavavajillas y se lavaban las cosas a mano? ¿Recordáis cuando solo se viajaba una vez al año, y relativamente cerca?

Todo eso ha cambiado: ahora hay electrodomésticos que hacen las cosas por nosotros, hay establecimientos donde nos hacen la comida o comida precocinada (que no digo que sea sana, pero la hay), y con ello tenemos todo antes. Nos comunicamos al instante, estés donde estés, vía mail, vía mensajería instantánea, viajamos pagando poco, muy lejos, las necesidades aumentan, el consumo también, el ocio, la premura en satisfacernos y con ello, como digo, el tortazo, al tener un hijo, es cada vez mayor.

Cada vez mayor, y no solo ocasiona desorientación en cada uno de los padres, sino también entre ellos, porque estén en diferente momento de madurez personal, por no tener el mismo deseo de tener un hijo (a veces la madre insistía tanto que lo han tenido, pero al padre no le hacía tanta emoción, o viceversa), porque cuidar de un bebé es, a menudo, agotador, y llega un momento en que los dos están tan cansados que discuten por cualquier tontería, porque uno se implica más que el otro, por diferencias de criterios a la hora de educar a los niños, etc.

Las nueve razones por las que discuten los padres

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Dicen las estadísticas que los padres pueden llegar a tener cerca de 100 discusiones al año (unas 8 al mes), por diferentes motivos y razones. Según una encuesta comentada en Babyology que se realizó en el portal care.com, las razones por las que los padres discuten son:

  1. Cómo educar al hijo: cuando son pareja uno no sabe cómo será el otro con su bebé, porque uno no ejerce de padre o madre hasta que lo es. Y a veces incluso crees saber cómo será y luego con su hijo es totalmente diferente, y esto puede llevar a diferencias importantes en el modo de hacer las cosas. Es habitual que uno de los dos sea muy cariñoso, respetuoso, cercano y rápido al oír el llanto del bebé y el otro no vea la necesidad ni el beneficio de hacerlo así.
  2. Cómo manejar sus rabietas: el modo habitual de manejar una rabieta es ignorarle. Así es como se nos dice a los padres desde siempre. Sin embargo, una rabieta no deja de ser el sufrimiento de un niño, su lucha interna entre lo que quiere hacer o conseguir y lo que puede o no conseguir. No lo entiende y actúa de ese modo. Es su manera de explicarnos sus problemas y por eso no debemos ignorarless, pero no siempre se ve así.
  3. Que un padre le diga "sí" cuando el otro le dice "no": y ninguno de los dos cede porque consideran que su respuesta es la más lógica o beneficiosa para el niño.
  4. No cumplir una amenaza o castigo: ya sea una impuesta por uno mismo, que luego no cumple, o impuesta por el otro, socavando su autoridad: "es que eres muy blanda", "es que le dije que si lo hacía le castigaría, lo ha hecho y no le has castigado", etc.
  5. Ser demasiado autoritario: si uno de los dos grita, pierde los estribos o impone al niño una consecuencia que el otro considera exagerada y dañina para el niño.
  6. Qué hacer cuando el bebé llora: ¿ir rápido a calmarle o dejarle llorar un ratito para que se vaya acostumbrando a no ser tan demandante? Nosotros hemos explicado siempre que a los bebés hay que atenderles porque su cerebro es inmaduro y necesita que les enseñemos a tranquilizarse. Vamos, que lo mejor es coger al bebé porque es lo que necesita y espera... pero no todo el mundo lo entiende así.
  7. Cuánto gastar para un cumple o en Navidad: uno que quiere regalar mucho, el otro que piensa que antiguamente no teníamos tantas cosas y éramos muy felices y ya tenemos discusión para un rato.
  8. Cómo recompensar al niño: cuándo merece que le des un premio y cuándo no. Si los premios son positivos o si no lo son. Si le quiero dar esto o esto otro, si con tanto premio el niño ha dejado de hacer las cosas por sí mismo y solo las hace cuando sabe que hay premio, etc.
  9. Dejar al niño dormir en la cama de los padres: que uno dice que así duermen mejor, con el niño dentro y disfrutan juntos y el otro dice que no, que los niños tienen que dormir en su habitación aunque llore un poco.
  10. Quién debe hacer qué, porque está más cansado: ¿pero no eran nueve? Sí, eran nueve, pero esta la pongo yo de regalo porque no proviene de la mencionada encuesta. Es algo que en mi casa lo hemos vivido. Ella cansada de llevar todo el día con el niño, llegar yo a casa del trabajo, también cansado y el uno al otro diciendo que hay que hacer tal, hay que hacer pascual, etc., y ambos empezamos como a compararnos para ver quién ha hecho más o está más cansado: "yo aquí no he parado con el niño", "ya, y yo no he parado en el trabajo", "ya, pero no es lo mismo porque tú sales de casa, rompes con la rutina y hablas con gente... yo aquí estoy sola con el niño", "ya, pero tú estás en casa y de baja, y puedes descansar a ratos", "sí, pero yo me despierto más veces que tú por la noche porque quiere teta y voy todo el día súper cansada"...

¿Qué hacer en estos casos?

Tanto si las discusiones son relativamente acaloradas y ninguno da su brazo a torcer como si son más tranquilas, el objetivo es tratar de buscar la paz. A la paz, cuando hay una guerra, se llega a través de una negociación en la que las partes tienen que ceder en algunos puntos. Pues en una pareja tiene que ser igual porque si no la unidad familiar puede quedar muy deteriorada.

Ambos deben sentarse a hablar sobre ello cuando estén tranquilos, pues es una buena manera de buscar consensos y decidir en qué puntos cede uno y en qué puntos cede el otro, o simplemente de expresar argumentos y sentimientos y, como mínimo, entender las razones de la otra parte.

Fotos | iStock
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