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El papel del padre en los cursos de preparación al parto

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A raíz de la encuesta que os planteaba sobre si acudir a clases de preparación al parto o no, algunas lectoras ha dejado comentarios que apuntan al hecho de que desearían ser acompañadas por sus parejas, pero no es posible porque el trabajo no les permite acudir.

Esto me ha hecho reflexionar y buscar información sobre lo importante que es el papel de la pareja en estos casos, y la injusticia que me parece el hecho de que el marco legal español actual no permita a los padres ausentarse del trabajo para acudir a estas clases, a diferencia del permiso que sí tienen las madres.

Porque según establece la ley española, tanto para los exámenes prenatales como para las clases de preparación al parto, las trabajadoras tendrán derecho a ausentarse del trabajo por ambos motivos previo aviso y justificación a la empresa de la necesidad de su realización en horas laborales. Pero no dice nada respecto a los trabajadores.

También he pensado en lo deseable que sería que hubiera más variedad de horarios en cuanto a la celebración de las clases para que los padres tuvieran más posibilidades de asistir (mediodías, sábados, noches...), porque al fin y al cabo ellos pueden convertirse en parte indispensable de la experiencia de traer un hijo al mundo. Los padres insumisos lo desean. Acudir a las clases o prepararse para afrontar la paternidad de cualquier otro modo es un gesto de responsabilidad y compromiso en la crianza.

El futuro padre puede, a través de estas clases, contribuir en el desarrollo del embarazo y del parto, vivir nuevas experiencias, potenciar el vínculo con su futuro hijo y además con la mamá. Y, claro está, el padre también aprenderá conceptos claves del embarazo, parto, puerperio y primeros meses de vida del bebé.

Los cambios que la madre experimenta durante la fase final de la gestación, las fases del parto, la higiene del bebé o la lactancia son sólo un ejemplo de algunos conceptos que se tratan en las clases preparto y que aclararán muchas dudas y temores a los padres, preparándolos para apoyar a las mujeres de manera eficiente en todos estos momentos claves y para vivirlos ellos mismos de un modo más consciente y pleno.

El papá, si aún no lo ha hecho, puede aprender a comunicarse con su hijo o continuar haciéndolo, potenciando esos mágicos momentos mediante palabras o caricias. Las clases pueden convertirse en un oasis de tranquilidad, incluso de intimidad (aunque estamos rodeados de otras parejas) en nuestros ajetreados días, como el momento de ir a la cama, y ser aprovechado para esa bonita comunión padre-madre-barriguita.

El papá podrá aprender a aliviar molestias frecuentes a su mujer mediante técnicas de masajes, o también saber cómo ayudar durante el parto, donde su papel también es importante.

Los cuidados básicos del recién nacido y las curas de la mamá son otras nociones a las que resulta mucho más gratificante aproximarse en pareja y además en algunas de ellas el padre tomará un papel muy activo próximamente. Muchas madres no hemos sido las primeras en limpiar el meconio o cuidar ombligos, y hemos necesitado que nos curen.

El papá conocerá a otras parejas y otros padres que están en situaciones parecidas, con el enriquecimiento que supone compartir experiencias. Además, a través del conocimiento se genera una autoconfianza importante gracias a la seguridad, y el ser padre empieza a vivirse ya. Siempre les quedarán dudas, a ellos y a nosotras, pero lo que importa es compartirlas.

Aún muchos hombres se excluyen de estas experiencias, tanto de clases preparto como de otras vías de información y preparación. Pero por suerte cada vez son más los que quieren vivir de modo pleno la llegada de una nueva vida y se puede hacer de muchas maneras, las buenas clases de preparación son una más.

Por todo ello, por todos esos beneficios, considero que es una verdadera pena que no se pongan más facilidades para la asistencia de la pareja a la preparación al parto. Aun así, parece que cada vez más padres hacen lo posible por acudir a las clases. En mis clases de preparación me sorprendió que éramos mayoría las mamás que acudíamos con pareja, eso sí, a la segunda parte de las clases, más teóricas. Las prácticas de ejercicios y la mayoría de respiraciones las hacíamos sólo las mamás, más que nada por problemas de espacio, una lástima.

A pesar de todo, si finalmente el papá no puede acudir a las clases, lo que importa es que todos los beneficios que hemos visto en ellas se busquen por otros lugares. Que se lea, que se busque información, que vea vídeos y que le pida a la mamá que le traslade lo que se ha hecho en la clase y de lo que se ha hablado. Que el padre se interese por el proceso del embarazo y por el futuro, que busque esos momentos de comunicación con el bebé y de cuidados a la madre.

También me gustaría apuntar que, aunque hablamos de pareja y de padre, en el caso de las mamás solteras también es bueno que acudan, si lo desean, acompañadas por aquella persona de confianza que vaya a estar con ellas en el momento del parto y los primeros días con el bebé. El apoyo, la confianza y la ayuda que recibirán serán la misma.

Os recuerdo, mamás y papás, que aún podéis dejar vuestro voto y comentarios acerca de las clases preparatorias en la encuesta que os planteaba, cuyos resultados daremos a finales de esta semana.

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