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Convertirnos en padres cambia nuestra personalidad, pero no nos hace más maduros

Convertirnos en padres cambia nuestra personalidad, pero no nos hace más maduros
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El hecho de convertirse en padre debería conducir a un comportamiento más maduro y a un aumento de la responsabilidad, la simpatía y la estabilidad emocional. Al menos eso dice la teoría.

De hecho, nuestra personalidad cambia la tener hijos, pero no exactamente así. Un estudio publicado en la Revista Europea de la Personalidad (The European Journal of Personality) ha comprobado que las nuevas madres se vuelven más amables y extrovertidas, y los nuevos padres se vuelven un poco menos extrovertidos, pero más concienzudos.

Además, los investigadores de la Universidad de Berlín, que estudiaron los cinco grandes rasgos de la personalidad, a menudo referidas como los "Big 5" (extroversión, afabilidad, apertura, conciencia y neuroticismo) descubrieron que las personas más extrovertidas tienen más probabilidades de formar una familia, y que tras ser padres nos volvemos más introvertidos.

Estereotipos de género basados en los roles tradicionales

Convertirse en padre constituye una de las experiencias más sorprendentes y duraderas de la vida. Los nuevos padres deben estar disponibles las veinticuatro horas del día, responder a las necesidades de su recién nacido y ajustar su vida en consecuencia. Pero ¿cómo se relaciona este importante acontecimiento de la vida con el desarrollo de la personalidad?

De acuerdo con el principio de inversión social, tener un bebé debe promover un comportamiento más maduro y conducir a un aumento de la conciencia, la complacencia y la estabilidad emocional. Sin embargo, los estudios sobre el papel del parto en el desarrollo de la personalidad desafían esta idea.

Eva Asselmann y Jule Specht, del Departamento de Psicología de la Universidad Humboldt de Berlín, estudiaron los datos socioeconómicos recopilados de 19.875 personas en Alemania que se habían sometido a evaluaciones anuales desde 1984. Los voluntarios respondieron a pruebas de personalidad cuatro veces entre 2005 y 2017, distinguiendo entre quienes fueron padres por primera vez durante el estudio y los que no tuvieron hijos.

Midieron si los cinco grandes rasgos de la personalidad (los "Big 5") difieren entre las personas que se convertirán o no en padres, si la personalidad cambia antes y después de convertirse en padres, y si estos efectos varían según el género, la edad y la forma de vida.

Así, descubrieron que estos rasgos son distintos antes y después de ser padres, especialmente la apertura y la extroversión:

  • Las madres eran ligeramente más amables, mientras que los padres eran ligeramente más concienzudos en los años posteriores al nacimiento de su primer hijo. Los investigadores creen que tendría que ver con los estereotipos tradicionales de roles de género: las madres podrían pasar mucho tiempo con su bebé en casa, responder a él de manera sensible y cálida y, por lo tanto, comportarse de manera más afable.

Por el contrario, los padres pueden sentirse responsables de cubrir los gastos de subsistencia de su familia, trabajar más duro y actuar de manera más fiable para gestionar su familia y su carrera al mismo tiempo.

  • La conciencia difiere al ser padres, aunque las diferencias varían considerablemente según la edad. Los padres más jóvenes experimentaron un aumento transitorio a corto plazo de la madurez en el primer año de vida del bebé, pero luego disminuyó. Sin embargo, en las personas de mediana edad, el hecho de convertirse en padres fue seguido por un ligero pero duradero aumento a largo plazo de la madurez en los años siguientes. Los padres de mayor edad eran más estables emocionalmente.

Las investigadoras piensan que la explicación podría estar en que de media los padres más jóvenes tienen menos responsabilidades antes del nacimiento de su primer hijo que los padres mayores (por ejemplo, cuando aún no han empezado a trabajar a tiempo completo). Por lo tanto, ser responsable de un recién nacido durante las 24 horas del día podría conducir a un aumento de la madurez en el primer año de vida del bebé.

  • En cuanto a la forma de vida, estudiaron sobre todo las diferencias entre los padres que vivían en pareja o solos al nacer su hijo. Así, no encontraron cambios considerables en la personalidad antes y después de tener un hijo en los que vivían solos, aunque eran muy pocos por lo que no se pude tomar como referencia estadística.

Conclusión: nuestra personalidad cambia al convertirnos en padres, sin que eso signifique que la paternidad o la maternidad nos haga ser más maduros, aunque la responsabilidad de cuidar a nuestros hijos y protegerles, si nos convierte en personas más amables y estables. ¿Estás de acuerdo con las conclusiones del estudio? ¿Has vivido esa transición hacia la responsabilidad al nacer tu hijo? Nos encantaría conocer tu experiencia.

Vía | "Testing the Social Investment Principle Around Childbirth: Little Evidence for Personality Maturation Before and After Becoming a Parent"

Fotos | iStock

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