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Mitos sobre la lactancia materna: “El pecho hay que darlo mirando el reloj”

Mitos sobre la lactancia materna: “El pecho hay que darlo mirando el reloj”
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Son muchos los mitos sobre la leche materna que se han ido solucionando a medida que pasa el tiempo y son muchos los que, a pesar de que ahora tenemos más información que nunca, siguen vivos y siguen difundiéndose con el boca a oreja. Uno de los que más está costando eliminar es el mito que dice que el pecho hay que darlo mirando el reloj, es decir, controlando las tomas (se suele decir 10 minutos de cada pecho) y el tiempo entre tomas (se suele decir 3 horas entre tomas).

Lo más recomendable es que un bebé mame a demanda, cuando él quiera, sin embargo muchos profesionales y muchos no profesionales (madres, abuelas, suegras, vecinos, uno al que nadie preguntó, etc.) siguen diciendo que los bebés no pueden comer siempre que quieran, sino que tienen que hacerlo siguiendo un horario.

De hecho, hay hasta quien dice cosas tan absurdas como “a demanda, pero cada dos horas”, que eso ya no es a demanda, sino con un horario de “mínimo que pasen dos horas”. También hay quien sigue metiendo la pata hasta la ingle, que lejos de pedir dos horas se atreve con tres, como se decía hace añísimos: “tres horas, señora, dele cada tres horas o le hará un gran mal a su hijo”.

¿Para qué sirve el hambre?

Empecemos por aplicar el sentido común (no el del sr. Estivill, sino el verdadero sentido común). Nos dicen que los bebés tienen que comer cada 2-3 horas y que no pueden comer antes de ese tiempo porque les va a pasar vete tú a saber qué. Si no pueden comer, ¿por qué piden? ¿Por qué tienen hambre? Es más, ¿para qué sirve entonces el hambre?

Yo pensaba que el hambre era una sensación que provocaba el cuerpo cuando necesitaba energía: “Dentro de poco empezará a faltar energía, voy a pedirle a este individuo que empiece a meter comida en el cuerpo para tener energía de nuevo para seguir viviendo, moviéndome y creciendo.”

¿Cada cuánto comemos los adultos?

Seguimos con el sentido común, si alguien nos preguntara cada cuánto comemos probablemente diríamos algo así como “no sé, depende, cada tres o cuatro horas”. Entonces nos preguntarían “sí, pero si un día te hartas de comida, ¿vuelves a comer a las tres o cuatro horas?”, y todos responderíamos que probablemente pasarían seis horas tranquilamente.

Finalmente nos dirían, ¿y si un día comes un plato, y en ese momento te llama la vecina a la puerta porque tiene un problema y tardas una hora en volver a la mesa, sigues comiendo o esperas a que pasen las tres o cuatro horas? A lo que todos responderíamos, seguro, que calentaríamos el resto de comida de nuevo y nos la comeríamos en ese momento.

Pues los niños tienen que poder hacer lo mismo

Pues los bebés tienen que poder comer igual que los adultos, es decir, cuando tengan hambre. Algunas tomas las harán de mucha cantidad y podrán aguantar quizás dos o tres horas sin comer, otras las harán más cortas, como si una vecina les cortara el “rollo” y a la media hora querrán comer otra vez y otras, pues vete tú a saber lo que harán.

Lo importante es que puedan tomar el pecho cuando tengan necesidad de hacerlo, no cuando un pediatra o una enfermera digan que tiene que hacerlo, porque ellos (pediatra y enfermera) saben cuándo tienen hambre ellos, pero no cuándo la tienen todos los bebés que visitan.

Es más, la leche materna se digiere en unos 90 minutos. Esto quiere decir que un niño que se atiborre a leche materna a los 90 minutos ya no tendrá leche en el estómago, por lo que cada minuto que pase desde ese momento nos lo está “regalando”. Digo regalando porque cuando una madre me pregunta “¿no pasará hambre? Es que mama muy a menudo, me pide cada dos horas…”, yo le respondo: “pues aún te podría pedir más a menudo”.

Si el sentido común dice una cosa, ¿por qué se ha dicho siempre que hay que darles cada tres horas?

Seguro que después de leer lo del sentido común pensáis que bueno, sí, pero algo habrá hecho que durante tantos años se haya limitado la comida a los bebés, y es cierto, hay algo.

Ese algo es la falsa creencia de que no se puede alimentar a un bebé si aún no ha digerido lo que tiene en el estómago. Esta creencia proviene del mundo de los bebés prematuros, donde muchos bebés, por ser tan inmaduros, son incapaces de digerir correctamente el alimento que se les administra por sonda. Esto hace que haya que esperar a que hayan digerido lo que se les ha dado previamente y ver si aún queda algo en el estómago, por si acaso.

Pero esto es algo que sucede en una unidad de neonatos, con bebés muy prematuros, no en casa con niños que han nacido a término y que digieren la comida sin ningún problema.

Entonces, si los bebés digieren bien, no hace falta esperar a que se acabe digerir nada, porque se presupone que el cuerpo es capaz de recibir alimento sin acabar una digestión (como hacemos los adultos cuando comemos un plato y a la media hora comemos otro) y porque se entiende que si un bebé tiene hambre, es por algo.

El hambre no le llega al bebé con el objetivo de molestar a la madre, ni de contradecir las palabras del pediatra. El hambre llega porque es una señal de alarma de que el cuerpo va a necesitar glucosa en un espacio breve de tiempo. Es como cuando salta la “Reserva” en el coche: aún puedes circular unos cuantos kilómetros, pero no es plan de apurar o te quedarás tirado.

Conclusión

La recomendación más clara es: olvídate del reloj, no mires la hora ni para saber cuándo empieza ni para saber cuándo acaba, a menos que sospeches que mama durante demasiado tiempo.

Déjale el control a tu bebé, que sabe mejor que nadie (mejor que tú y mejor que el pediatra y la enfermera, sobretodo) cuándo tiene que comer y cuándo no. De este modo la producción de leche no se resiente, porque cuanto más maman más leche hay, y si limitamos tomas estamos dificultando nosotros mismos que la producción de leche aumente.

Entonces, si dejamos vía libre al bebé y, como decimos, la producción de leche se deja en manos del bebé, la lactancia tiene muchas más probabilidades de seguir adelante pasadas las semanas y los meses.

Foto | Christyscherrer en Flickr
En Bebés y más | Qué significa dar el pecho “a demanda”, Mitos sobre la lactancia materna: “Durante los primeros tres o cuatro días no hay leche suficiente”, Mitos de leche materna: “Este niño pasa hambre, yo diría que no tienes leche” (I) y (II)

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