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Cuando no piden nada y se lo damos todo

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¿Os habéis preguntado alguna vez por qué algunos niños creen que pueden tenerlo todo? Esta reflexión es fruto de haber observado en un par de ocasiones el comportamiento de algunos papis con sus hijos mientras se recorre un mercadillo o los puestos de una feria. Cuando los niños no piden nada y los padres los inundamos de regalitos.

Los niños pueden no pedir nada porque son bebés y aún no saben hablar, o porque sencillamente no se les ocurre pedir. También hay algunos pequeños a los que no les da tiempo pedir, porque incluso antes de ver el objeto supuestamente deseado ya lo tienen encima.

La estampa es la siguiente o alguna similar. Al empezar el paseo por un mercadillo veraniego, imaginaos, puestos a los dos lados, una niña va recién salida de casa acompañando a sus padres. Al final del paseo, la niña se ha comido un helado, tiene en los brazos una muñeca y va equipada con un gorro de Mickey y unas gafas de sol con forma de corazón. No hay sol, porque es de noche. Y todo eso sin abrir la boca (bueno, para comerse el helado sí).

Después del mercadillo, siguiendo el paseo, al llegar a una pequeña feria infantil la niña sin comerlo ni beberlo acaba subida en el tiovivo, y si hay descuento por comprar tres viajes, allí la ves diez minutos con cara de aburrimiento.

Tal vez (con toda probabilidad) cuando esa niña crezca no dejará que se le adelanten sus padres, y durante el paseo por el mercadillo o por la feria pedirá, pedirá y pedirá. Delante de la tele ante la invasión de anuncios navideños, pedirá, pedirá y pedirá. En el centro comercial pedirá, pedirá y pedirá. Claro que no es necesario darles todo sin que pidan nada cuando son pequeños para que desemboquen en esas situaciones cuando crecen. Hay otros muchos factores que harán que los niños nos pidan cosas. Aunque de ese modo tienen más papeletas para acabar pidiendo y pidiendo.

Pero, ¿es malo que los niños pidan?

Pueden acabar pidiéndonos de todo, pero al fin y al cabo que pidan no es malo si no obtienen todo lo que desean al instante como si tuvieran una varita mágica que agitar, y según cómo lo pidan. Lo que es peor es que pueden empezar a exigir y a no entender que no lo pueden tener todo. Lo peor es que pueden acostumbrarse a que no tienen que esforzarse en absoluto para obtener sus deseos. Y tal vez que, ante la costumbre a tenerlo todo, no aprecien lo que tienen.

Cada vez tengo más claro que los niños pequeños son felices con poco. O con mucho, según se mire, porque una marioneta casera o una manta entre sillas simulando una cabaña les puede hacer felices y son "mucho" para ellos. Eso no significa que yo misma no me haya podido "resistir" y haya acabado comprándole a mi hija mayor un bolsito infantil o algún otro capricho. Capricho mío, claro, no de mi hija.

Tiovivo

¿Qué pasa si nos esperamos a que pidan?

Pues en primer lugar que les damos opción a elegir y expresar sus deseos. Aparte de los"caprichos" que acabo de mencionar, intento llevar mucho cuidado en no adelantarme a los deseos de mi hija. Muchas veces queremos ir un paso por delante de ellos "quiere esto", "necesita lo otro", "le gustan los helados"... Y me encuentro con que normalmente no muestra esos deseos "materiales", porque no se fija en ellos, no los necesita, le basta con verlos sin querer poseerlos o no le apetece. Eso no significa ni mucho menos que no se ilusione con lo que le gusta, pero de momento no suele pedir.

Y si no nos piden, pues claro que también tendrán sus regalitos especiales. Les preguntamos y que elijan, o les sorprendemos con algún juguete de sus personajes favoritos. Pero no creo que sea bueno llenarlos de regalos por doquier, ni en un paseo por la feria ni en fechas especiales, algo que en navidad puede ser casi inevitable...

Intento que no la abrumen con regalos, aunque esto es más difícil de conseguir cuando llega navidad, cumpleaños o visitas familiares. Ya sabéis de lo que hablo, cuando es difícil "contenernos" a nosotros mismos, cómo vamos a conseguirlo de los demás.

En fin, creo que es una buena idea "controlarnos" para no darles todo sin que ellos pidan nada. Hablamos de que ellos no piden nada. Si piden es otra historia, ni mejor ni peor, dependerá de cómo la llevemos. Probablemente ya llegará el tiempo en que pidan y no podamos darles y, mientras tanto, creo que sabrán apreciar mejor lo que obtengan tras haberlo pedido, o tras demandarlo, pero a pequeñas dosis como sorpresa.

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