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Embarazada sí, enferma no‏

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Se dice habitualmente que una persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Si trasladamos esta frase al mundo de la salud y las embarazadas deberíamos decir que una mujer embarazada es una mujer sana hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, hasta hace bien poco y aún en muchos centros sanitarios, en el momento que el test da positivo una mujer embarazada pasa a ser una mujer enferma, a menos que se demuestre lo contrario.

Una mujer enferma que no puede engordar porque cada mes pasa el examen de la báscula tras el cual llega la bronca pertinente, una mujer enferma que no puede quejarse por el pinchazo de una analítica porque "chica, si te quejas de esto, a ver qué dices el día que vas a parir", una mujer enferma que no puede quejarse por tener náuseas y vómitos porque "eso les pasa a todas", una mujer enferma que no puede asegurar que no puede tomarse la glucosa porque se encuentra fatal porque "no hay otra, te lo tienes que tomar" y una mujer enferma porque el día que va a dar a luz todo puede ir mal, a menos que los profesionales sanitarios lo controlen todo hasta la saciedad y, si todo va bien, madre e hijo acaben sanos y salvos gracias a su ayuda y sus protocolos.

El control del peso como si le fuera la vida

Parece que los de blanco estamos esperando a que una mujer se quede embarazada para quedarnos a gusto diciéndole lo mal que come, lo gorda que se está poniendo y lo bien que podría hacerlo. Matronas (muchas de ellas pasadas de kilos, pero esto es otro tema...) y gines obcecados en lograr que toda mujer embarazada engorde a un ritmo de un kilogramo por mes, como si después de dar a luz todas las mujeres tuvieran que lucir su tipito previo antes de las dos semanas para lucir los modelos de algún famoso diseñador.

Y es que ya está bien. La teoría del kilo por mes sirve para algunas, pero no para todas las mujeres:

  • Las mujeres que tienen un IMC bajo (>19,8) tendrían que aumentar entre 12,5 y 18 kg.
  • Mujeres con un IMC normal (19,8 a 26) deberían aumentar entre 11,5 y 16 kg.
  • Mujeres con un IMC alto (26 a 29) tendrían que aumentar entre 7 y 11,5 kg.
  • Mujeres con un IMC muy alto, consideradas obesas (<29) tendrían que aumentar un mínimo de 6,8 kg.

Como veis las hay que el kilo por mes puede serles demasiado (a las obesas, que muchas hasta pierden peso durante el embarazo) y a otras se les queda corto, muy corto, hasta el punto que pueden acabar haciendo restricciones en la dieta en un momento en que una mujer no puede pasar hambre. Vamos, que no es el momento de pararse a hacer dieta para adelgazar ni controlar el peso. Sentido común, si todo va bien y el aumento de peso es lógico, adelante, que como veis una mujer delgada puede llegar a ganar hasta 18 kg, que vienen a ser 2 kg por mes. Imaginad la cara de las matronas y gines si apareces por la báscula con ese peso... seguro que menos bonita, de todo.

Quejarte por las pruebas

Hacerte análisis de sangre, cribajes y diversas pruebas es algo que a nadie le gusta. Hay quien se acostumbra por estar enfermo, pero a los sanos no nos suele hacer mucha gracia, por norma. Una mujer embarazada es una mujer sana que se hace algunas pruebas para ver, simplemente, que todo va bien. Que te hagas una analítica y lo pases mal con las agujas es algo que le pasa a mucha gente, embarazada o no. La diferencia es que a la que no lleva bebé dentro se le dice que respire, que intente tranquilizarse, y a la embarazada se le dice que "pues aún te quedas unos cuantos, y aún te queda parir".

Estos días hemos comentado que muchas mujeres lo pasan muy mal a la hora de hacerse el Test de O'Sullivan, porque la glucosa está malísima (aunque hay mujeres a las que les gusta), porque les sienta mal, se marean y acaban hasta vomitando. Pues como dijimos, hay alternativas para hacerlo de otra manera, hay mujeres jóvenes (las menores de 25 años) que ni siquiera tienen por qué hacérselo y hay horarios en los que la prueba no sería tan mal llevada, como por las tardes, cuando las náuseas matutinas no están presentes. Que oye, si estás enferma, con algo grave y necesitas la prueba para ver cómo estás o qué tratamiento tomar, pues mira, házmela aunque moleste, pero hablamos de mujeres sanas, de mujeres relativamente jóvenes y que, a pesar de estar en un centro sanitario, están teóricamente sanas. Sanas hasta que se demuestre lo contrario.

De hecho es que es hasta de cajón, una mujer es fértil mientras su cuerpo funciona de manera armoniosa y saludable. Cuando el cuerpo empieza a fallar, cuando las energías no son las mismas, cuando ya tienes más riesgo de dejar de estar sana, entonces ya no eres fértil, entonces ya no puedes tener hijos. Pues lo mismo, podría entender el trato recibido y las diversas pruebas si habláramos de una mujer de setenta años que espera un bebé, pero no es el caso.

Tú no vas a dar a luz, nosotros tenemos un parto

El embarazo no es una enfermedad

Y el día que llegas al hospital tú no vas a dar a luz. No hay una mujer que va a parir y viene por si algo va mal. Tú llegas, haces los papeles del ingreso y como resulta que vienes doblada por las contracciones llegas como una enferma para que los profesionales asumamos tu parto. "Voy al box 3, que tengo un parto". O sea, que voy a ver a una embarazada sana, a menos que se haya demostrado lo contrario, a tratarla como a una enferma porque todo parto puede acabar mal si no hago nada para remediarlo.

Entonces se le dice a la mujer que se ponga una bata blanca abierta por el culo. Si tienes suerte igual hasta te dejo que te quedes con las bragas puestas, pero "sólo un rato que en 17 minutos te van a hacer un tacto vaginal, ¿vale guapa?". Si el hospital es de los modernos quizás no te hagan un rasurado, si es de los que no han pasado de siglo sí, que te rasuramos para que el vello púbico este que tienes aquí que la naturaleza te ha dado no te produzca no sé qué infección. Que si fuera cierto, vale, pero es que no lo es.

Quizás te den una cama en una habitación mientras dilatas, que ya me dirás para qué quiere una mujer dilatando una cama, si prefiere estar en cualquier sitio menos tumbada, quizás te pongan un monitor con unas correas en la barriga y "no te muevas mucho, cariño, que si no, no lo oímos y tu bebé podría estar mal sin nosotros enterarnos", cuando la falta de movilidad es lo peor que puedes promover cuando una mujer necesita precisamente libertad para escoger en cada momento la postura que más le convenga y cuando se ha observado que la monitorización discontinua ayuda a que haya menos cesáreas sin aumentar el riesgo de salud de los bebés (el inventor del monitor para el control fetal continuo dijo hace tiempo que estaba muy contento del impacto que había tenido su invento, pero que le gustaría que se usara sólo para las mamás que de verdad lo necesitan, que es para las que se inventó).

Quizás te tumben para dar a luz, en una cama que se articula por un montón de lugares por si quieres parir sentada, pero que ellos la dejan tumbada para que acabe siendo una cama articulable sin articular, o sea, una cama como las de toda la vida y tú ahí con las piernas p'arriba como si te fueran a operar de allí abajo, incómoda a más no poder y todo porque eres una enferma hasta que se demuestre lo contrario.

Enferma que "tienes un perineo muy rígido, cariño, y el bebé no va a poder salir, así que te vamos a ayudar" (y si quieres nos das luego las gracias) haciéndote una episiotomía, un bonito corte la mar de inútil en la mayoría de los casos que sólo sirve para molestar y promover las complicaciones en la zona, ya que muchas acaban con un desgarro mayor del que se habría producido de manera natural. Fijaos que se calcula que en un parto normal, natural, con las mejores condiciones posibles, se producen desgarros en, más o menos, uno de cada tres partos. Algo así como un treinta y poco por ciento frente al 90% de episiotomías que se llegaron a practicar en España hace menos de diez años. La OMS establece que la tasa de episiotomías debería ser de un 10-20%, porque puede ser una intervención útil en caso de necesitar acelerar la salida del bebé por algún motivo de urgencia, pero de ahí a hacérselo a todas hay un abismo, y a las cifras me remito.

Traer un bebé al mundo es algo impresionante

No lo sé porque no lo he vivido ni lo viviré jamás, pero traer un bebé al mundo es algo que me parece impresionante. Sí, ya sé que lo hacen casi todas las mujeres y que esto sucede todos los días, pero a nivel vivencial debe ser brutal. No es algo que suceda muchas veces en la vida, de hecho. Mi madre lo vivió hasta en seis ocasiones, Miriam en tres, y es un momento tan breve si lo comparamos con el resto de vivencias de nuestra vida que debería servir para hacer que las mujeres se sintieran en cierto modo poderosas, grandiosas, llenas de vida, de magia, de... no sé, de sentimientos de autoconfianza, de haber hecho algo grande.

Claro, si llegas al hospital y te tratan como todo lo contrario, como a una enferma a punto de entrar en estado de coma, que "como la cosa se nos gire te metemos en la UCI", pues qué quieres que te diga... dudo mucho que una mujer pariendo así salga con esas sensaciones que comento. Como mucho saldrá dando las gracias porque por suerte tuvo unos profesionales que le pusieron los monitores a todas horas, que le preguntaron una y mil veces cómo iba, que le hicieron no sé cuántos tactos para ver cómo evolucionaba, que le hicieron una episiotomía y hasta tuvieron que apretarle la barriga para abajo porque el bebé no quería salir, y que gracias a todo ello su hijo está sano y vivo y ella también.

Por suerte algo se está moviendo, muchas cosas están cambiando ya en algunos centros y esto en unos años serán anécdotas del nivel de infantilización o "enfermización" al que se sometía a las mujeres. Hasta entonces, ahí andamos, luchando para que las mujeres sean simplemente embarazadas: embarazadas sí, enfermas no.

Fotos | Joelle Inge-Messerschmidt, Altus Geldenhuys en Flickr En Bebés y más | "En la atención al parto se han descuidado las emociones". Entrevista a la doula Carolina Cerro, Una embarazada no es una enferma... pero cómo se agradece que te cedan el asiento a veces, Cómo influye la relación entre los profesionales y las mujeres en el proceso del parto

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