
¿No os gustaría regresar a aquellos veranos interminables de nuestra infancia? ¿O a la eternidad que era un año? Que hoy percibamos que nuestros veranos pasan en un abrir y cerrar de ojos o que los cumpleaños llegan cada vez antes puede tener una base psíquica.
El tiempo “dura más” en la infancia, percibimos que transcurre más lentamente cuando somos niños. Aunque evidentemente se trata de nuestra percepción, ya que el tiempo pasa de forma constante y continua.
El descubrimiento de lo desconocido, la vivencia constante de nuevas experiencias, hacen en la infancia que el tiempo vaya más lentamente. Cuando crecemos, las novedades son menos, todo se nos vuelve más familiar, es más difícil que algo nos sorprenda, por lo que tenemos la sensación de que todo pasa más rápido.






Hace poco comenté una entrevista al psicólogo Javier Urra, en la que hacía algunas afirmaciones sobre el “tiempo de calidad” con las que no estaba conforme. He encontrado, por el contrario, un artículo precioso que explica la experiencia de compartir el tiempo con los hijos desde una perspectiva que me ha encantado.
Hace unos días os presentaba el nuevo libro de Javier Urra. Hoy querría comentar una entrevista recientemente publicada en El País, en la que responde a algunas preguntas de padres preocupados.
Por si no tuviéramos ya difícil vivir en épocas de crisis económicas cómo esta, en la que cuesta mucho más llegar a fin de mes y ya no digamos pagar la hipoteca, ahora un estudio nos sorprende con la noticia de que nacer en estos tiempos conlleva más riesgos para la salud que nacer en otras épocas de mayor bonanza.