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Padres excesivamente implicados

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Hace pocos días he visto como una amiga castigaba a su hijo de ocho años severamente por no querer ir a la academia de inglés. El niño se negaba y alegaba que las clases eran aburridas y que a él no le gustaba el inglés. Su mamá le dio un “sermón” acerca de la importancia de estudiar inglés para el futuro, para desenvolverse en una profesión…bla, bla, bla. Coincido con la importancia y la facilidad de aprender idiomas en la tierna infancia. Pero en el caso de mi amiga, es más una meta para ella que para el pequeño.

Mi amiga tiene una característica de lo que se conoce como “hyperparenting”, padres excesivamente comprometidos con sus hijos o conocidos popularmente como controladores.

Son padres obsesionados con los logros de sus hijos, ejercen una presión asfixiante sobre estos en relación al éxito en los estudios, a destacar en los deportes, en música etc. Deciden las actividades que deben hacer sus hijos y algunos hasta la carrera a estudiar. Controlan los aspectos cotidianos, cuanto comer, a que jugar, que hacer después de la escuela.

Para ellos los hijos deben ser los más listos, están inscritos en un sin fin de actividades, jugar es “perder el tiempo”, ignorando que a través de éste los niños desarrollan su imaginación y aprenden sobre el mundo. Es beneficioso que los niños tengan una actividad complementaria después del colegio, sobre todo si los padres trabajan. Pero, muchos niños son parte de un equipo deportivo, tienen música y lecciones del arte, curso particular adicional etc. Aunque cada una de estas actividades tiene un valor, su significado se pierde cuando hay un exceso.

El control de estos papás hace que los hijos desarrollen un sentido de desconfianza en sí mismo al no darles oportunidad de tomar decisiones y solucionar sus propios problemas. Se sienten como si sus padres no confiaran en ellos. Son excesivamente dependientes y obedientes o rebeldes y rechazan lo que los padres están tratando de enseñarles.

¿Cómo saber si se está exigiendo mucho a los hijos? El primer paso a realizar es reflexionar acerca de la implicación excesiva con los hijos; si las expectativas con los niños son pocos realistas y darles prioridad a otras actividades que se pueden hacer sin ser las académicas.

La relación con los hijos debe ser relajada no exigente. El sentido de las actividades es el disfrute, más que alcanzar una meta específica. Y los más importante es que los hijos se sientan amados por lo que son y no por sus logros. El amor no depende del éxito que ellos consigan en los estudios o en las actividades complementarias, el amor de los padres es incondicional.

En Bebés y más | Niños estresados | Exceso de actividades extraescolares en los niños propicia el estrés infantil | ¿Qué tipo de padres somos?

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