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Los padres que han perdido un bebé antes de cumplir un año de edad tienden a vivir menos

Los padres que han perdido un bebé antes de cumplir un año de edad tienden a vivir menos
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La muerte de un ser querido, y sobretodo de un hijo, es una de las experiencias más difíciles por las que puede pasar un ser humano. Seguramente habréis oído aquello de que cuando en una pareja que lleva muchos años juntos uno se muere, el otro muere al poco tiempo, porque no es capaz de seguir viviendo en soledad. Pues algo similar sucede al perder un hijo de pocos meses, porque los padres que han perdido un bebé antes de cumplir un año de edad tienden a vivir menos.

Investigadores del Reino Unido analizaron una muestra aleatoria de padres y madres cuyos niños sobrevivieron más allá del primer año de vida, y de padres y madres cuyo bebé falleció antes de llegar a cumplir el primer año de vida. Han encontrado que los padres y madres que pierden a su hijo durante los primeros 12 meses de vida sufren un aumento significativo del riesgo de morir ellos mismos a una edad temprana. Y que además, el efecto puede durar hasta 25 años después del fallecimiento del bebé.

No cabe duda que la pérdida de un hijo puede tener efectos devastadores en los padres, pero parece ser más acentuado en el caso de las madres. Las cifras del estudio demostraron que las madres que habían perdido un bebé eran especialmente propensas a fallecer de modo prematuro.

Al analizar los resultados por países, observaron que los padres y madres en Escocia tenían más del doble de probabilidades de morir o enviudar en los primeros 15 años después de la muerte de su bebé, mientras que las madres de Inglaterra y Gales tenían más del cuádruple de probabilidades de morir en los primeros 15 años después del fallecimiento.

Si bien han visto que estas probabilidades disminuían gradualmente con el paso del tiempo, 25 años después de la muerte del bebé aún tenían 1,5 veces más probabilidades de morir que las madres que no habían perdido a su hijo de forma prematura.

La pérdida de un hijo debe ser algo terrible, tiemblo de sólo pensarlo, especialmente cuando hablamos de muertes prematuras, en una etapa en la que el vínculo afectivo con el bebé es tan fuerte.

La muerte de un bebé de pocos meses destroza anímicamente a los padres, lo cual provoca efectos biológicos nocivos en su organismo, deteriorando su sistema inmunitario y volviéndolos más propensos a enfermedades físicas y mentales.

También han vinculado el aumento de probabilidades de morir después del fallecimiento de un hijo con el consumo de alcochol. Muchos padres que han perdido a sus bebés ahogan sus penas en el alcohol (recordemos que el estudio fue realizado en el Reino Unido, donde hay un alto consumo de bebidas alcohólicas), lo cual eleva las probabilidades de desarrollar enfermedades relacionadas con un consumo excesivo, o de sufrir accidentes graves por estar bajo sus efectos.

El estudio es de lo más interesante, y aunque habla de bebés de menos de un año, supongo que el efecto es aplicable también a niños de otras edades. Hay padres que sacan fuerzas de donde no las hay, tal vez buscando refugio en otros hijos (si es el caso), pero para otros su vida se apaga (metafóricamente) después de la muerte de un hijo. Como he oído por allí, "cuando se muere un hijo no se sigue viviendo, se sobrevive".

Vía | Noticias de la ciencia Foto | Dragunsk en Flickr Más información | British Medical Joruney En Bebés y más | La depresión por la pérdida de un embarazo puede durar varios años

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