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Justo cuando crees que lo tienes dominado, aparece el segundo hijo y a volver a empezar

Justo cuando crees que lo tienes dominado, aparece el segundo hijo y a volver a empezar
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Justo, cuando crees que todo ha terminado, que te has acostumbrado a ir avanzando de una fase a otra, cuando has perdido muchos miedos, cuando tienes muy claro que hay fases más complicadas que otras, pero que al final todas pasan, todas terminan para dejar paso a otra nueva aventura, justo cuando te creías la reina o el rey del mambo, cuando la maternidad o la paternidad no tenía secretos para ti, llega tu segundo hijo y otra vez a empezar de cero. Bienvenido de a la bi-paternidad.

Lo reconozco, una de las cosas que me daba mucha pereza de tener otro hijo era volver a pasar por ciertas etapas, las noches despertándonos cada poco, los llantos sin saber qué era lo que le pasaba, los cambios de pañal, por eso, al igual que muchas madres y padres en este país decidimos tener el segundo lo más pronto que fuera posible, sabíamos que iban a ser unos años de bastante trabajo pero a la larga serían menos años cambiando pañales, despertándonos por la noche, saliendo de casa llenos de bártulos incluso para ir al parque de la esquina, etc.

Hermanos y arena

Otro punto a tener en cuanta era nuestra edad y nuestros trabajos (sobre todo el de mi mujer), así que al final tuvimos suerte y no hubo que esperar mucho al nuevo miembro de la familia, así que aún teníamos fresco muchas cosas y sobre todo, aún sabíamos lo que era tener un bebé en casa, así que nada nos iba a pillar desprevenidos, pero a pesar de todo, nada, absolutamente nada, te prepara para la llegada de un hijo.

Novato abordo de nuevo

Bueno, quizás esté exagerando un poco y uno no está igual de nervioso e indeciso con el primero que con el segundo hijo, pero si que es cierto que los momentos de** "pero cómo era esto"** y el "ahora qué le pasa" no te los va a quitar nadie. Pero a pesar de todo, partes con una ventaja: que tienes muy claro que sea cual sea la situación, se sale de ello.

novato

Es curioso lo poco que te das cuenta de algunos cambios cuando tu hijo va creciendo. Están ahí, casi imperceptibles y un buen día te das cuenta que ya no tienes un bebé, que tu hijo/a ha crecido, que es capaz de hacer un montón de cosas que ayer no hacía, -si, porque fue ayer cuando aún la paseabas en su silla y cuando gateaba por el pasillo- y te preguntas ¿pero quién te ha mandado crecer a ti? Pues esa sensación se acrecenta cuando el segundo hijo llega a casa.

Pero ahora no hay uno sino dos

Una de las mayores diferencias que encontré en la bi-paternidad es que la planificación en general se complica. Lógico diréis, si con uno es difícil con dos es el doble. Y así es en muchos casos, pero en algunas cosas los problemas se triplican.

Y es que cuando solo tienes uno y por ejemplo consigues que se duerma, comienza esa parte del día que todo padre y madre cree que le va a dar para construir el Escorial y que al final te da para tomarte un té caliente o recoger un poco sin que nadie esté detrás tuyo removiéndolo todo. Pues con dos la cosa se complica y es que cuando uno se está durmiendo, por continuar con el ejemplo anterior, al otro le entran ganas de montar la gran fiesta del pijama y ya sabemos lo poco que necesita un niño para montar una fiesta a las dos de la madrugada. Y de nuevo te toca reinventarte, deshacer las rutinas para esta vez adaptarlas a dos...a dos que van creciendo a ritmos muy diferentes.

helados

Con las comidas pasa lo mismo. Y es que cuando ya lo tenías todo controlado, cando sabes qué es lo que le gusta y lo que no y como le gusta que le prepares las cosas, la leche templada, la fruta en trocitos, etc. Cuando las comidas en familia empiezan a semejarse a las comidas de adultos (salvando las distancias, claro) llega el segundo y vuelta a empezar con todo, a ver lo que le gusta y lo que no, cómo quiere que se lo prepares, a darle de comer, a partirlo todo en trocitos minúsculos.

Viviendo en una especie de Déjà vu contínuo

Es algo que me viene muy a menudo a la mente, la sensación de haber pasado por esto antes, pero no termina siendo del todo igual. Ves retazos, sombras del mayor en lo que hace el pequeño, es un juego de tu mente que intenta buscar puntos conocidos en algo que no tiene por qué parecerse nada entre si.

Y es que si algo tenemos claro los padres de más de un hijo es que cada uno es completamente diferente y aunque haya cosas en las que se asemejen cada uno lleva su propia personalidad, algo que debe de ser para que los padres no nos aburramos en este mundo de la crianza.

Aprendiendo de los errores del pasado

aprendiendo

Lo bueno de tener dos o más es que uno va aprendiendo de los errores que cometió en el pasado y si bien no siempre se acuerda de como metió la pata y no siempre funciona, si que es cierto que con el segundo no repetimos muchas de esas situaciones o acciones que tantos malos ratos nos trajeron con el mayor. Es como una segunda oportunidad que te da el día a día para mejorar.

Pero no todo son viejas situaciones vividas de nuevo o cosas que antes funcionaban y ahora no, a veces las diferencias se unen para formar algo increíble, algo completamente diferente y que me hace afirmar con rotundidad que el mejor regalo que le pudimos hacer a mi hijo mayor es su hermano pequeño.

Hermanos jugando

Para mi, educar a un segundo hijo es como cuando has aprendido a sumar y de repente entras en otro curso donde te vuelven a enseñar, solo que esta vez dos más dos no son necesariamente cuatro. Y aún así vuelves a aprender de nuevo y a saber que lo que vale para uno al otro no le gusta, que cada una de sus peculiaridades son la que les hace únicos y que poco a poco le vas cogiendo el ritmo el asunto y que cuando ya te has convertido en una experta o experto en dos, zas! Llegó el tercero...pero no adelantemos acontecimientos.

Foto | iStock
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