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Historias de padres: el nacimiento de Marta

Historias de padres: el nacimiento de Marta
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Nuestra nueva iniciativa Papá, cúéntanos tu historia ha tenido muy buena acogida y ya estamos recibiendo, con gran emoción, los primeros relatos. Hoy inauguramos nuestra sección Historias de padres con el relato de Oscar, un papá primerizo que nos cuenta con todo lujo de detalles y mucha emotividad cómo ha vivido el nacimiento de su hija, Marta, que ya tiene ocho meses.

Agradecemos su participación y animamos a los demás papás a que nos envíen su relato a historiasdepadres@bebesymas.com. Somos todo oídos:

20 de junio de 2007. Faltan 3 semanas para la fecha prevista del parto.

Son las 4:30 de la mañana (me suelo levantar 1 hora mas tarde para ir a trabajar) y mi mujer me dice que ha manchado "un poco", que parece una pérdida. Novatos como somos, pensamos que no es mucho y que vamos a esperar a ver si se queda en eso. Durante media hora damos vueltas en la cama. No tenemos claro que deberíamos hacer. ¿Nos vamos al hospital o no es nada?

Cuando comprobamos que continúa perdiendo líquido amniótico, nos decidimos. Está comprobado que la pequeña pérdida es continua y hay que actuar. Con calma, preparamos los "aperos" y la llevo en el coche al hospital (público). A estas horas, la calle es nuestra, no hace falta correr, no hay atascos y, a pesar de los kilómetros que nos separan del hospital, llegamos a urgencias de la maternidad en algo mas de diez minutos.

Le hacen las pruebas pertinentes y confirman que ha roto aguas pero no está de parto. Nos informan que se queda en observación, que si no se pone de parto en 12 horas (límite las 5 de la tarde) se lo provocarán y le pasan a una habitación compartida. El tiempo pasa y no hay ningún cambio, sigue perdiendo líquido, la familia y los amigos nos visitan y se acercan las 5 de la tarde. Como no se pone de parto, nos avisan que se lo van a provocar y le pasan al paritorio mientras me envían a por el "uniforme" para asistir al parto.

El lugar es curioso, al menos para un novato. Hay un pasillo como el de una planta normal de habitaciones. En medio, a un lado del pasillo, está el "centro de control" desde el que actúan las enfermeras, comadronas y anestesistas. Reinan la eficacia y el orden. Desde aquí monitorizan a las parturientas y las comadronas, que se encargan de varias salas de parto cada una, atienden a sus pupilas según va siendo necesario. El resto del pasillo parece estar formado por habitaciones que son, en realidad, paritorios. Cada uno de ellos equipado con todo lo necesario para el evento.

Me indican la habitación (paritorio) en que está mi mujer y, al llegar, ya le han puesto una vía con la oxitocina y tiene contracciones. Me pongo a su lado y le cojo la mano. Le duele cada 3 minutos y parece fuerte. Dice que parece que se le parte la espalda. Al entrar le dijo a la comadrona que "lo de la epidural" ya lo veríamos según se desarrollara el parto y esto hace que cuando es consciente de que le va a doler mucho lo pida pero, al llegar el equipo de anestesistas, las contracciones son ya muy fuertes y es peligroso pinchar la columna con tanto movimiento por lo que el parto va a ser "natural". Al ver que las contracciones son muy rápidas, le regulan mas lenta la oxitocina y las separan un poco pero se hacen mucho mas fuertes. Cada vez que tiene una, se sujeta a mi brazo con una fuerza terrible y parece levitar sobre la cama.

Aún no han salido del paritorio los anestesistas cuando la comadrona comprueba la dilatación y me dice "mira, tu hijo ya está aquí" mientras separa con ambas manos dejando entrever la cabeza de mi nena. Ahora todo va muy rápido. En pocas contracciones (5, 6) nuestra nena está fuera. Es el momento en que me he puesto mas nervioso. Sentía peligro al verla aparecer. Primero la cabecita inerte, luego los hombros y después el resto de un tirón, parecía de goma y no había ninguna señal de actividad. Pero despertó y casi sin llorar. Fue precioso cuando se la pusieron encima, con el cordón todavía uniéndolas.

Había entrado un doctor o enfermero (casi ni me dí cuenta) al que la comadrona le entregó la niña inmediatamente después de cortar y asegurar el cordón umbilical y se dedicó a limpiarle, y hacerle unas curas y pruebas de rutina. Cuando se dirigió a mí pensé que podía haber algo que no fuera bien, pero solo me dijo "tiene unas buenas...orejas". Si, la verdad es que las tiene un poco grandecitas, pero muy bonitas y perfectas por lo demás. La pesó y midió: 50 cm y 2 kilos 750 gramos.

Mientras tanto, a mi mujer le estaban cosiendo el corte que le habían dado para evitar desgarros y ya estaba mucho mas calmada. La nena tenía los ojos marcados con algún tipo de antiséptico que le habían puesto y estaba envuelta apretadita en una toalla del hospital. Parecía un capullito del que destacaba solo una carita casi sin facciones, muy redondita y serena. Entonces, alargando los brazos me dijeron "si quiere la puede coger". Por supuesto que la cogí. Movía un poco su cabecita y entreabría los ojos que parecían todo negros. Ya habían acabado con mi mujer. Me fui a su lado, junto a la cama y estuvimos comentando el parto, como era nuestra hija y la suerte de que todo se hubiera desarrollado sin problemas. El parto en sí había durado algo menos de una hora y media. Cuando nos quisimos dar cuenta, vinieron para subir a planta. Hacía casi otra hora y media que tenía a mi nena en brazos y me dijeron que tenía que soltarla, que la nena tenía que subir a planta en su cunita (de metacrilato) o en la cama con su madre, pero no podía llevarla yo en brazos y no me apetecía en absoluto soltarla.

Ya en planta, compartimos la habitación con otra persona. La atención fue en todo momento, mas que correcta, amable y cariñosa lo cual es muy de agradecer en un trance como este. El día siguiente lo dediqué a hacer papeles. Es una verdadera lástima que no puedan efectuarse los trámites en los mismos hospitales.

Cuando dieron el alta a mi mujer y mi nena nos asustaron un poco. Nos reunieron a todos los que debíamos salir ese día y, a tres de nosotros, nos indicaron que habían detectado un soplo en el corazón y debían hacer unas pruebas a los recién nacidos para comprobar si era algo normal o patológico. Yo ya sabía de qué se trataba lo del soplo en los recién nacidos, pero lo cierto es que a mi mujer y su familia les asustaron bastante. En algo mas de una hora, nos bajaron con los bebés a urgencias de cardiología y les hicieron una eco del corazón comprobando que todo estaba bien. Ninguno de los bebés tenían ninguna patología cardiaca y nos dieron el alta.

Recuerdo que abandonábamos el hospital con la nena en brazos pensando lo que se nos avecinaba ahora y lo que tendríamos que ir empezando a aprender. Pero estábamos muy equivocados, no se avecinaba nada, ya estaba allí y no había tiempo de aprender, solo de actuar, cuidar y dar cariño a nuestra nena.

Por cierto, ya tiene 8 meses y aún me cuesta soltarla cuando la cojo en brazos

Foto | Flickr (cbszeto)

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