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¿Es la rutina una constante cuando eres padre?

¿Es la rutina una constante cuando eres padre?
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Dicen que cuando eres padre no tienes tiempo para aburrirte. Cuando los hijos son pequeños su dependencia de nosotros es prácticamente constante, día tras día debemos estar ahí para cubrir sus necesidades básicas, como alimento y seguridad, pero también asegurarnos que reciben el cariño y la atención que merecen.

Todo ello hace que nuestro día a día gire entorno a ellos y que la mayoría de las veces entremos en una rutina de parque, juegos, baños, cenas y a dormir. ¿Es esta rutina una constante cuando eres padre?

Las rutinas en nuestra vida nos ayudan a que esta sea más o menos manejable. Cuando conocemos qué es lo que vamos a hacer en un determinado momento da una sensación de orden en nuestras vidas que a su vez nos trae una cierta sensación de seguridad. Pero cuando la rutina pasa de ser una constante en nuestras vidas a ser nuestra vida en sí puede traer consecuencias poco agradables.

No todo el mundo soporta de la misma forma la rutina

No a todos nos gusta hacer siempre lo mismo, de lunes a viernes una cosa, los sábados visitar a los abuelos, los domingos al parque y pasear. Esto que puede ser un planing perfecto para muchos, puede que haya otros que se sientan ahogados, o más bien podríamos hablar de sentirse encerrados.

Hay quien ha vivido toda su vida en un movimiento constante, que nunca ha hecho lo mismo durante una larga temporada y encontrarse con una vida más monótona puede hacerle tener sentimientos encontrados.

Los niños, ¿son los culpables?

Hay quien considera que ser padre obliga a cambiar el tipo de vida que llevas, que los niños necesitan cierta rutina para sentirse seguros y que estar todo el día de un lado a otro sin saber qué es lo que vendrá luego no es bueno para ellos.

Pero no creo que el problema sea de los niños, o al menos no toda la culpa. Saber que es lo que va a suceder a continuación puede ayudar en el día a día de un niño, saber que después de la merienda podrá jugar, o que el final del día vendrá marcado por un ratito con papá o mamá leyéndole un cuento, que al día siguiente podrá volver a ver a sus amigos de nuevo, etc. Todo eso hace que el niño se sienta seguro en su vida, sobre todo cuando va creciendo, pero si esto hace que terminemos convertidos en autómatas de nuestra propia rutina, seguro que ya no será muy divertido.

gestionar el dia a dia es complicado

Es nuestro día a día, el cansancio acumulado, nuestros problemas que muchas veces dan vueltas a nuestra cabeza durante días, los que van provocando que nos metamos más y más en la rutina.

Estamos hasta arriba de jaleo y no necesitamos más, no tenemos ni ganas ni energías para ponernos a discurrir un juego nuevo o a reaccionar adecuadamente a sus tira y afloja o lo que es lo mismo a unos niños que están con las pilas a medias cuando nosotros estamos ya en la reserva.

La pescadilla que se muerde la cola

Es justamente esta falta de energía la que hace que entremos en la rutina y la rutina la que hace que cada vez le dediquemos menos energías a nuestro día a día. Y así cada vez nos cuesta más quedar con amigos a tomar algo o simplemente a compartir una tarde de parque o una merienda en casa.

Esa rutina es la que poco a poco se va afincando y haciendo dueña de nuestras vidas de forma que quedan reducidas a ser meros pasajeros de un tren que llevan otros.

No creo que el ser padres o no afecte a que nuestras vidas sean monótonas, de hecho los niños son lo menos monótono que existe y nos corresponde a nosotros encontrar la forma de realizar esos pequeños cambios en nuestro día a día que harán que nos sintamos más felices.

Foto | ThinkStock
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