11 errores habituales que cometemos con nuestros hijos adolescentes (y que nos alejan de ellos)

11 errores habituales que cometemos con nuestros hijos adolescentes (y que nos alejan de ellos)
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La crianza implica cuidar, educar y muchísimas cosas más. Por ello, no es nada fácil, ¡es todo un reto! Tanto cuando los niños son pequeños como cuando se hacen mayores.

Así, la crianza puede resultar compleja en diferentes momentos de la vida de nuestros hijos, a lo que se le añade el hecho de que nosotros, como madres y padres, también cambiamos y también nos equivocamos.

Hablamos aquí de los 11 errores habituales que cometemos con nuestros hijos adolescentes y que nos alejan de ellos. También, de cómo revertirlos para potenciar un vínculo más saludable y estrecho con nuestros hijos.

11 errores habituales que cometemos con nuestros hijos adolescentes (y nos alejan de ellos)

1. Olvidarse de que son adolescentes

El psicólogo Félix Martínez afirma que uno de los principales errores que cometemos con nuestros hijos adolescentes es olvidarnos, precisamente, de que son adolescentes.

Y es que, según el experto, tarde o temprano llega el momento en el que nuestro hijo se "avergüenza" de nosotros, por ejemplo, cuando le acompañamos a los sitios.

Y en ese punto, es cuando hemos de empezar a cultivar su independencia y libertad, ofreciéndoles una buena dosis de confianza. Hemos de recordar que un adolescente ya no es un niño  pequeño, aunque tampoco sea un adulto. Así que, trátalo como sientas, pero teniendo en cuenta todo esto.

2. Eliminar las normas y los refuerzos

Si bien es cierto que el adolescente ya no es un niño, sigue necesitando normas (límites) y refuerzos (acciones que fomenten su autoestima, como los elogios, los abrazos, una tarde en familia o los "premios" materiales). Los límites les darán seguridad y los refuerzos, autoconfianza.

3. Ser incoherentes en nuestras acciones

Y muy ligado al punto anterior, otro error que cometemos con nuestros hijos adolescentes es ser incoherentes en nuestras acciones con ellos.

Por ejemplo, marcar un límite o una norma (verbalizando que el no cumplimiento de dicha norma tiene X consecuencia), y después no cumplirlo.

O prometerles algo y después que la promesa se diluya. En todo esto, los chicos se fijan (además, ser incoherentes puede minar su confianza en nosotros, porque pueden vivir las cosas como "injustas", y con razón).

4. Juzgarles

Si juzgamos a nuestros hijos, es probable que se acaben alejando de nosotros. ¿La alternativa? Observar su conducta, sus emociones, desde una mirada compasiva, con la mente abierta. Y sobre todo, optar por la escucha activa para entenderlos mejor.

5. Definirles en función de sus conductas

Otro error que a veces cometemos como padres, sin darnos cuenta, es definir a nuestros hijos en función de sus conductas (y trasladárselo así a ellos).

Si por ejemplo nuestro hijo llega tarde a un sitio, o no se prepara las cosas para el día siguiente, no le digamos "eres un desastre". Sus conductas quizás han sido descuidadas en un momento dado, pero eso no significa que ellos lo sean en su globalidad.

Así, hablamos de sus conductas, no de ellos en su totalidad. Esto es importante porque el uso y el cuidado del lenguaje también contribuye a fomentar una autoestima y autoconcepto sanos.

6. No confiar en ellos

Claro que nuestros hijos a veces se equivocan, nos decepcionan o sentimos que nos han "fallado", y está bien que todo esto se pueda hablar abiertamente con ellos. Sin embargo, la confianza se va forjando también con las cosas que sí salen bien.

No dejes de confiar en tu hijo tan rápidamente, dale al menos una oportunidad, un voto de confianza. Esto tiene un efecto indirecto, y es que se crea el clima perfecto para que ellos también empiecen a confiar en nosotros.

7. Sobreprotegerlos

La sobreprotección es otro error que cometemos con nuestros hijos adolescentes, y que sigue ligada con puntos ya mencionados; insistimos, ya no son niños.

Claro que debemos cuidarlos y acompañarlos, y que en cierta forma, siempre nos necesitarán (al menos, a nivel emocional); pero no caigamos en el error de dárselo todo hecho, o de querer evitar a toda costa que se equivoquen.

Recordemos que los chicos necesitan equivocarse para aprender y poder desarrollar la tolerancia al fracaso.

8. Tener miedo a individualizar

Cuando se tiene más de un hijo, a veces surge el miedo a individualizar a cada uno, a diferenciarlo del otro, ya que no queremos que se comparen, que uno se sienta menos que el otro...

9. Crear normas rígidas

Si bien es cierto que las normas tienen que ser estables e iguales para todos (aunque adaptables, en cierta medida), también es importante que cuando establezcamos una determinada norma, tengamos en cuenta que ésta no se aplique a una persona, sino a una conducta o a una actitud.

Si tenemos en cuenta esto, nos daremos cuenta también de la necesidad de crear normas flexibles. Cuando hablamos de normas flexibles, hablamos de normas que no se refieran a las capacidades de nuestros hijos, sino al uso que hacen de ellas.

"Una norma adecuada es aquella que no juzga a la  persona, sino que evalúa el uso que hace de sus  capacidades."
-Félix Martínez-

10. Querer controlarlo todo

Este error, en algunos casos ligado a la sobreprotección, tiene que ver con la necesidad de querer controlar todo lo que nuestro hijo adolescente haga o diga. Nace fruto de las inseguridades, del miedo a que se equivoque, a que haga algo "malo"...

Paradójicamente, el exceso de control acaba generando descontrol.

¿Por qué afirmamos esto? Porque es imposible controlarlo todo, y además, es agotador e improductivo. No hace falta que controles todo lo que haga tu hijo. ¿Y si empiezas a soltar el control y a confiar en él?

Puede irte bien aliarte con la flexibilidad y empezar a abrir la mente, relativizar.

Además, ten en cuenta que el exceso de control muchas veces lleva a la intransigencia, o en algunos casos, a un estilo de crianza autoritario, lo que no beneficia para nada a tu hijo.

11. Olvidarnos que nosotros también fuimos adolescentes

Finalmente, y enlazando el último punto con el primero, al igual que a veces nos olvidamos de que nuestros hijos son adolescentes, también puede ocurrir que seamos nosotros mismos quienes nos olvidemos que también pasamos por esta época.

También hicimos, en su día, cosas que quizás no eran las más "adecuadas", o quizás nos rebelamos, dijimos alguna mentira piadosa, nos equivocamos en algunas decisiones, etc.

Esto te ayudará a fomentar la empatía hacia tus hijos cuando te enfades con ellos o te decepcionen; claro que a veces habrá motivos para enfadarse, y tú también tienes todo el derecho a sentirte así.

Pero no olvides que tú también pasaste por esta época compleja que es la adolescencia; quizás esto te ayude a entender mejor cómo piensa (y actúa) tu hijo adolescente. Lo que te llevará a conectar con él.

Fotos | Portada (freepik)

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