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Un parto especial

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Tenemos una amiga que nos explicó como se desarrolló el parto de su preciosa niña y pensamos que nos gustaría compartirlo con todos nuestros lectores, ya que fue un parto especial, por ello decidimos pedirle permiso para exponer su pequeña historia.

Nos contó que había salido de cuentas y que manchó un poquitín, tenía una pequeña fisura en la placenta con lo cual se escapaba un poco de líquido amniótico. Cuando acudió al hospital, verificaron que había salido de cuentas casi una semana y al parecer todavía no existían contracciones y no parecía que la niña se decidiera a nacer.

Sin embargo dada la situación, se esperaba que en cualquier momento comenzara el parto por lo que se decidió que se ingresara a la espera de los acontecimientos. Efectivamente, a las pocas horas rompió aguas. Ese día su marido la acompañó en todo momento y se sintió muy respaldada por él. Gracias a la epidural no sintió ningún dolor y según nos explicó el equipo médico y especialmente la matrona se portó fenomenal con ellos. Esta podía ser una de tantas historias existentes de nacimientos, aunque la diferencia de esta se centra en que la mamá pudo ver en directo el nacimiento.

Colocaron un gran espejo frente a la madre para que pudiera ser espectadora de todo el proceso y ver como aparecía su hija. Fue un momento muy enternecedor para ella, pudo seguir todo el proceso y sentir intensamente el nacimiento de su bebé.

Tras el nacimiento, aún unidas madre e hija por el cordón umbilical, depositaron a la niña sobre el pecho de su madre. Nos explicó con lágrimas en los ojos que fue el momento más bonito de su vida (como nos ha sucedido a todas), de hecho, la historia nos emocionó a todos.

Fue un bello relato que nos enterneció y nos alegró que compartiera con nosotros. En este caso, el espejo no fue el reflejo del alma, fue el de la vida.

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