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¿Qué razones necesitas para hacer cosquillas a tus hijos?

¿Qué razones necesitas para hacer cosquillas a tus hijos?
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¿Sabéis que el verbo cosquillear está en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua?, si la respuesta es sí, quizás lo practiquéis a menudo… o puede que simplemente lo conozcáis casualmente.

Cosquillear es ‘hacer cosquillas’ y debería ser una práctica obligatoria en las familias, aunque las actividades placenteras siempre son voluntarias, pero al menos deberíamos darnos el gusto de disfrutar de la carita de nuestros hijos mientras les hacemos cosquillas, e incluso de permitir que ellos nos hagan a nosotros (esto es más difícil porque ¡estamos tan ‘encorsetados’!). ¿Es que acaso necesitáis razones más concretas para cosquillear en familia? El beneficio más evidente que obtenemos los padres es escuchar las carcajadas limpias y cristalinas de los niños, mientras comprobamos su inmensa alegría al recibir estas caricias tan especiales. Aunque también son una forma excelente de alejar tensiones y facilitar la resolución de algunos de los conflictos que nos enfrentan.

Me gustaría reflexionar sobre esto que os acabo de contar, para transmitiros que en muchas de las ocasiones, son los pequeños los que se muestran más dispuestos a esta actividad, incluso en momentos difíciles. Somos nosotros los que debemos estar atentos y ‘dejarnos llevar’ (normalmente a los adultos nos cuesta más desenfadarnos)

No me quiero olvidar de una consecuencia natural de la práctica habitual de las cosquillas: entre los miembros de la familia se crea una complicidad muy bonita, y el acercamiento físico y emocional favorece la confianza mutua.

Beneficios no tan evidentes

No es ninguna novedad que las cosquillas ayudan a mover los músculos ejercitándolos, pero resulta que mejoran el sistema inmunológico al alejar el estrés y fortalecen el corazón. También estimulan los sentidos de nuestros hijos, especialmente el tacto.

De manera indirecta, estos pequeños abrazos que se convierten de forma involuntaria en masajes, generan autoestima, y dan seguridad, porque a nuestros hijos les cuentan que les queremos y no nos importa dedicarles parte de nuestro tiempo de ocio.

Hay expertos que aseguran que los niños que reciben habitualmente cosquillas, están más predispuestos a enfrentarse al factor sorpresa de los acontecimientos cotidianos, y es que normalmente llegan cuando uno menos lo espera.

¿Cómo os hacéis cosquillas?

Cosquillas

Ya sabéis que les puedes pillar por sorpresa en el sofá o la cama, y también que es posible distraerles del tedio que supone hacer deberes con unas caricias en el cuello que acaben con vuestro hijo en brazos riendo a carcajadas.

Valen las cosquillas mientras jugáis en el suelo, o ‘a traición’ cuando están enfurruñados por una pelea entre amigos. En ocasiones las piden y las esperan, pero el factor sorpresa también vale.

Nosotros solemos jugar al ‘escondite de las cosquillas’, el que paga cuenta y los otros se esconden, el premio por ser descubierto es una sesión intensa que puede acabar con todos los miembros de la familia riendo sin parar.

Pero en ocasiones no son bienvenidas, y seguro que lo sabéis bien…

No siempre llegan en el momento más adecuado

Y no siempre los niños están igual de predispuestos, ¿no os ha pasado que en algún momento puntual vuestro hijo haya mostrado desagrado al recibir cosquillas?, hacedles caso, si las rechazan seguro que tienen un buen motivo, es una señal para que paréis. Normalmente no suelen ser bien recibidas cuando tienen hambre, sueño, están muy enfadados o cansados…

Aunque las cosquillas nos gusten, todos tenemos alguna parte del cuerpo en la que no nos gusta recibirlas: las axilas, los pies…

Es bueno que los niños sepan que pueden expresar su desagrado, y que entiendan que tienen derecho a negarse a las cosquillas: estas pueden ser bien aceptadas si vienen de sus padres o sus abuelos, pero no todo el mundo tiene derecho a cosquillear a los niños, si estos no quieren. Es una actividad íntima que forma parte de las relaciones familiares, y si se pierde este carácter puede resultar incómoda.

Hasta para jugar a las cosquillas debemos entender los límites: cuando los peques gritan pidiendo que paremos, o lloran, o sus carcajadas se descontrolan, es conveniente que nos detengamos.

Y ahora ¿os animáis a cosquillear con vuestros hijos?, es una de las actividades más espontáneas, saludables y divertidas cuando estamos en casa (y también fuera de ella). Resulta que no necesitamos comprar ni preparar nada para realizarla, y exceptuando las situaciones que hemos mencionado, los niños suelen estar dispuestos a que les hagamos cosquillas. Quitémonos complejos, rigores y tensiones, y disfrutemos con nuestros peques, ¿os animáis?

En realidad no renunciáis a nada cuando les haces ‘cosquis’ a vuestros hijos, su bienestar y vuestra satisfacción a observar sus carcajadas, están por encima de ese programa de la tele, las facturas por revisar, el malestar (vuestro) porque no se acaban el plato, y los WhatsApp sin contestar … ¿o no?

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