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En Colombia 14.000 menores participan en el conflicto armado interno. Este es el relato de supervivencia de Elisa

En Colombia 14.000 menores participan en el conflicto armado interno. Este es el relato de supervivencia de Elisa
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En el centro de Colombia está el departamento de Meta, allí los grupos armados están presentes hace tanto tiempo que sus habitantes no recuerdan la paz. En el municipio de Granta nació Elisa (nombre figurado), y de su tierra natal recuerda cómo en el barrio todos llevaban armas.

A pesar de que la violencia formara parte de la cotidianeidad, su familia no podría imaginar cómo los hechos cambiarían la vida de todos cuando tras el asesinato de su padre, una niña convertida en adolescente se uniera a un grupo armado ilegal. Esta fue su respuesta ante el dolor y la rabia por la pérdida de su progenitor: se marchó dejando a su madre y a su hermano mayor.

Ahora tiene 19 años y vive con una familia de acogida en la capital colombiana, estudia enfermería y es aficionada a la literatura en su tiempo libre, sobre todo la obra de Gabriel García Márquez. Mientras se enfrenta a las dificultades físicas, emocionales y sociales, Elisa ha descubierto que hay vida más allá de la selva y que su discapacidad no la impedirá lograr sus sueños. Durante los años que convivió con miembros del grupo armado pasó la mayor parte del tiempo limpiando, cocinando o transportando armas y hojas de coca, que se usan para producir cocaína. Elisa dijo que vio a muchos otros jóvenes de su edad en el campo y que ella sólo fue castigada una vez, por negarse a llevar un hornillo. Tuvo que hacer más turnos y cocinar durante un mes.

Una vez que estás ahí no ves otro futuro y simplemente sigues adelante, ha manifestado Elisa, añadiendo que sólo pensó en escapar una vez: pensó que estaba embarazada y se dio cuenta de que la obligarían a abortar. Pero todo quedó en una falsa alarma. Muchos niños soldado en Colombia han acabado convertidos en veteranos curtidos en combate o muertos, Elisa sólo permaneció 14 meses, aunque fueron suficientes para ver el infierno de cerca

Nuevamente el destino se cruzó en su vida y fue herida de gravedad en la espina dorsal, antes de que los médicos le comunicaran que nunca podría volver a caminar, temió que sus compañeros quisieran acabar con su vida. En un hospital de Bogotá empezó otra nueva experiencia vital cambiando los bosques del Meta por la “jungla de asfalto”, con la seguridad de quien sabe que siempre hay alguien que nos puede ayudar a reescribir las líneas de nuestra existencia.

En Bogotá, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) del gobierno le buscó un nuevo hogar con una familia que ya estaba cuidando de otras dos niñas que habían vivido con grupos armados ilegales. La organización le dio a la familia, que ya tenía otros cuatro hijos, el equivalente a 300 dólares mensuales para su mantenimiento y para sufragar los costes de su educación. El ICBF dice que algo más de 4.800 niños soldado desmovilizados se han beneficiado de sus programas desde 1999.

Mientras tanto, Elisa se enfrenta a nuevos retos, pero no se arrepiente de su pasado y tampoco desea volver atrás. “La ciudad es como un sueño, pero es difícil integrarse y todavía tengo que hacer amigos” confiesa la joven. Ahora se ve en el futuro ayudando a otras personas: está estudiando su primer año de enfermería en la Universidad de Bogotá. También visita a veces a su madre biológica

Esta chica es una de los muchos niños que han sido rehabilitados por una organización no gubernamental de asistencia social después de pasar tiempo con los grupos armados ilegales. Un informe reciente presentado por el Tribunal Internacional de Niños Afectados por la Guerra, con sede en Londres, estima que unos 14.000 niños están participando activamente en el largo conflicto armado interno de Colombia. Son utilizados como informadores, en la limpieza de minas antipersona, como esclavas sexuales y trabajadores en las plantaciones de coca.

ACNUR promueve la creación de redes comunitarias en Colombia para ofrecer un ambiente sano de protección para los niños y adolescentes que viven en zonas afectadas por el conflicto. En el departamento del Putumayo, en el suroeste del país, ACNUR apoya a los centros de jóvenes y los proyectos de protección, entre ellos los destinados a mejorar las infraestructuras escolares. En este sentido, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha ayudado a más de 350 niños de grupos indígenas en el Putumayo.

Imagen | bixentro Fuente | ACNUR En Peques y Más | Al menos 15 países siguen reclutando menores para ser utilizados en conflictos armados

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